No fue suficiente

En mi anterior crónica, me preguntaba si Draghi haría honor a sus palabras y las decisiones del BCE serian “suficientes” para detener los ataques contra la deuda pública de Italia y España.

No fue así. La última reunión (jueves 2 de agosto) del Comité Ejecutivo del BCE no estuvo a la altura de las expectativas creadas por su Presidente y se creó un anticlímax que,  en cuestión de horas,  catapulto la prima de riesgo a sus máximos históricos y a las Bolsas en sus mínimos.

Después de esa decepción,  el día siguiente se produjo un rebote de igual intensidad. Desde entonces las Bolsas y la prima bailan la yenka, arriba y abajo,  en función de cómo los operadores del mercado olfatean el futuro.

Dos razones,  al menos,  explicarían la reacción al alza del viernes 3 de agosto. Primero, la reinterpretación de la posición del BCE genero el convencimiento de que estaba realmente dispuesto a intervenir en el mercado de deuda,  al menos en el de la deuda a corto, siempre que los países afectados lo pidieran y a cambio de condiciones exigentes pero sin definir.

¿Como funcionaria en concreto el proceso? El BCE no intervendría solo, sino en compañía del FESF o del MES (según cual estuviera operativo en ese momento). Para ello haría falta que los gobiernos, español o italiano,   pidieran explícitamente al FESF/MES  que comprara su deuda. Para ello tendrían que firmar un protocolo que fijase las condiciones de esa intervención. A la vista de esa situación el BCE decidiría si debe intervenir en el mercado secundario,   pero únicamente en el de Deuda a corto. Nada se dice sobre la cuantía de esas intervenciones.

Segundo, la aprobación por el Gobierno español de un plan de ajuste colosal que convierte a España en el país europeo campeón del rigor fiscal. Un plan de dimensión histórica que pretende economizar 104.000 millones de euros (mM€), que incluye los 65 mM€ ya anunciados en julio,   de aquí a finales del 2014.

Así se pasaría del 8,9 % de déficit registrado en el 2011  al 6,  3 % en el 2012,  al 4,  5 % en el 2013 y al 3% en el 2014. Bajar casi 6 puntos del PIB en tres años,  en medio de una recesión,  es un objetivo que se puede enunciar para contentar a las presiones de Bruselas y de los mercados,  pero que será imposible de cumplir a pesar de las dolorosas medidas que contiene: aumentos del IVA (tantas veces negado) y recortes en los vivo en los servicios públicos esenciales como sanidad y educación. Con un paro del 25 %,  un PIB que va a caer este año un 1,  5 % y un 0,  5 % el que viene,  la economía española no puede apretarse mas el cinturón de la demanda so pena de crear una recesión mas grave todavía.

Este doloroso ejercicio,  que por otra parte no resolverá el problema sino que lo agravara,  nos lo podríamos ahorrar si el BCE interviniera para evitar que los mercados nos impusieran condiciones de financiación que están muy por encima de los fundamentales de las economías españolas e italianas. Si así lo hiciera, la segunda intervención de España seria innecesaria.

Pero como la ideología dominante es otra,  el plan fue aplaudido en Bruselas y apreciado por los mercados como la antesala de la petición de la ayuda al FESF y al BCE.  Con esta prueba de diligencia Rajoy está adoptando,  antes de que se las impongan,  las medidas que le van a pedir. Pero ni siquiera es seguro que sean suficientes y que al final no nos acaben pidiendo tocar temas mas sensibles como las pensiones.

Temiendo que así pueda ser,  Rajoy quiere conocer las condiciones de la ayuda antes de pedirla. De hecho ni Rajoy ni Monti han dicho que vayan a recoger el guante que les ha lanzado Draghi, (“si queréis ayuda pedirla”), y se han ido de vacaciones diciendo que se lo van a pensar . Con lo cual tenemos abierta la perspectiva de un verano en el que puede ocurrir cualquier cosa,  como en el del 2011.  Por estas fechas mas o menos se cumple un año de las cartas de Trichet a Zapatero y Berlusconi…,  imponiendo condiciones del tipo de la reforma constitucional express,  para su intervención in extremis.

Mientras Monti y Rajoy se lo piensan,  puede pasar  lo mismo este verano. Como dice Monti,  que últimamente está entrando en conflicto abierto con Alemania,  “estoy seguro de que la noche antes del derrumbe del euro,  el BCE hará lo que haga falta para evitarlo”.  ¿Pero tenemos realmente que esperar a la última noche?

Pues parece que si. Las resistencias que encuentra Draghi son demasiado fuertes para actuar de forma mas directa. Realmente parece estar jugando una partida de ajedrez con sus colegas para aplicar las medidas que sabe necesarias,  renunciando a las que sabe que es imposible que acepten. Como la de conceder una licencia bancaria al todavía non nato Mecanismo Europeo de Estabilidad (MES),  una de las 6 posibles medidas a las que me refería en mi anterior crónica ,  y a la que ya ha renunciado aceptando que eso sería financiar a los Estados en contra de lo previsto en los Tratados. Alemania ha aplaudido esa actitud… pero veremos qué pasaría si las cosas se ponen peores.

Habría sin duda soluciones mas rápidas y efectivas. Pero la oposición que encuentran siguen relacionadas con el temor a desincentivar las medidas de ajuste exigidas a los gobiernos (el famoso moral hazard) y al diagnostico equivocado de que la causa de la crisis es el excesivo endeudamiento público,  olvidando que,  en España al menos, ha sido la insostenibilidad del endeudamiento privado, en el que sin duda los gobiernos tienen una gran responsabilidad política,  el problema mas grave que tenemos que resolver.

Esperemos que la última noche a la que se refería Don Mario (Monti) no sea una de las noches de este caluroso agosto.