Círculo vicioso recesivo

Bajo la mirada inquieta de toda Europa, España parece hundirse inevitablemente en un circulo vicioso de carácter recesivo. El viernes antes del puente del 1 de mayo conocíamos un nuevo récord del paro que llega ya al 25 %, casi 5,7 millones de personas. Horas después, Standard & Poors nos rebajaba otro escalón la calificación de la Deuda y el tipo de las obligaciones a 10 años se acercaba al 6%

Las declaraciones del Gobierno no han podido ser más tremendistamente negativas. Quizá deberían ser un poco más prudentes en sus expresiones, porque cuando un gobierno repite que el país esta en una situación critica y bordeando el abismo, no es extraño que los inversores abandonen sus posiciones en nuestros activos públicos y privados, que las bolsas, sobre todo los valores bancarios, sigan cayendo y que empiece a haber serias inquietudes traducidas en retiradas de depósitos bancarios por parte de los particulares.

Somos la cuarta economía de la eurozona y el INE ha confirmado que hemos entrado de nuevo en recesión apenas dos años después de haber salido de ella. Aunque el Gobierno sigue diciendo que los bancos no necesitan la ayuda europea para recapitalizarse, poca gente en Europa duda de que acabará teniendo que pedirla. Lástima que no se haya aceptado la propuesta de la señora Lagarde desde el FMI para que el Mecanismo de Estabilidad Financiera pueda prestar directamente a los bancos en vez de prestar a los gobiernos para que estos presten a los bancos. Simplificar ese circuito haría más fáciles las cosas desde el punto de vista político.

La lectura de la prensa europea no deja lugar a dudas: en todas las plazas económicas del mundo occidental España provoca mucha preocupación y aporta pocas esperanzas de recuperación. Como decía el propio ministro de Hacienda, “vivimos un momento de extrema fragilidad” y estima que el PIB caerá el 1,7% en este año 2012. La verdad es que entre el optimismo antropológico de Zapatero negando la crisis para evitar crear desconfianza en los agentes económicos y los tintes dramáticos del actual Gobierno para mejor echarle la culpa al anterior, no es extraño que la confianza en la economía española de desmorone

Pero lo malo es que estas negativas previsiones puede que se queden cortas. Las Cajas de Ahorro, que deben conocer de cerca la realidad en la que viven, pronostican siete trimestres de caída de la actividad lo que retrasaría el inicio del crecimiento a finales del 2013. Probablemente las previsiones del Gobierno no andan demasiado equivocadas para el 2012 pero para el 2013 su optimismo es utópico. Para varios centros de estudios económicos europeos, España será el único país europeo en recesión en el 2013. En efecto, el próximo año habrá que seguir con el ajuste presupuestario a la baja que seguirá empujando al país en el circulo vicioso recesivo.

Se trata de pasar del 8,5% en el 2011 al 5,3% en el 2012 y al 3% en el 2013, para cumplir con las exigencias de Alemania y los compromisos firmados en los recientes Tratados. Salvo que un triunfo socialista en Francia cambie el escenario estos objetivos son imposibles de cumplir en medio de una recesión retroalimentada por la austeridad. La propia agencia S&P nos dice que no se lo cree y que por eso nos ha rebajado la calificación. Más bien cree que nos quedaremos en un 6,2% en el 2012 y un poco por debajo del 5% en el 2013. Y nos dice bien claro que en un contexto de contracción económica, la trayectoria de las finanzas públicas españolas continuará degradándose a pesar de los sucesivos recortes que apruebe el Gobierno

Esos recortes son los que empujan el círculo vicioso de la recesión porque cada euro que se “ahorra” es un euro que no alimenta el crecimiento, disminuye el empleo y los ingresos fiscales. No quisiera emular al ministro Montoro en pesimismo, pero la situación española se empieza a parecer a la griega, como dice el centro de estudios del HSBC. Cada vez que se da un paso hacia la austeridad la espiral recesiva te lleva dos pasos hacia tras.

En los últimos días he podido apreciar en casi todos los seminarios y reuniones en los que he participado que la mayoría opina que se han alcanzado los límites de las soluciones basadas en las políticas de austeridad aplicadas a los países del sur de Europa, porque se traducen en menos consumo, menos recaudación, menos actividad y más paro. Y como dice P Krugman, el hada de la confianza no reaparece por ninguna parte

Pero acompañar la austeridad con medidas que favorezcan el crecimiento no puede hacerse a nivel de un solo país, y menos aún en uno en una situación tan frágil como la de España. Tienen que ser a escala europea, desde la política monetaria del BCE que debería continuar sus líneas de liquidez y bajar sus tipos directores hasta una acción más decidida del Banco Europeo de Inversiones y desde luego, una revisión de los calendarios de reducción del déficit.

Y algo de eso debe estar cociéndose. La situación de España es tan mala, como nuestros ministros dicen, que la propia Merkel está ya pensando en un pacto europeo de crecimiento que podría presentarse en el Consejo Europeo de finales de junio. Quizá para dar la bienvenida a Hollande, casi con total seguridad el nuevo presidente de Francia que ha hecho de esta propuesta una de las claves del cambio en la política europea. Falta nos hace a todos pero sobre todo a los españoles.