Ducha española

Normalmente se habla de ducha escocesa para designar una sucesión de calor y frío, o de cambio rápido de un ambiente que nos lleva de la euforia al desánimo. Y eso es lo que ha pasado durante esta semana reducida por las vacaciones. Pero los responsables no han sido los escoceses, sino la apreciación negativa del escenario económico financiero español.

A pesar de todas las noticias positivas, como el éxito del swap de la deuda griega, que implica un verdadero default aceptado sin traumas por los mercados, o el acuerdo para disponer de un potente cortafuegos financiero de casi un billón de euros para evitar el contagio a otros países, los viejos demonios del euro han seguido sueltos esta Semana Santa. Una semana corta pero intensa durante la cual los mercados financieros, y en particular el español, han pasado del optimismo a la angustia. El lunes 2 amanecieron en verde esperanza y el miércoles, antes de la tregua Pascual del jueves 5 de abril, estaban en el rojo vivo

Hay un amplio consenso en que la causa de este brusco cambio está en las dificultades del Tesoro español para colocar el miércoles 4 de abril una emisión de Deuda prevista de 3.500 millones y de la que sólo suscribimos 2.500 millones de euros cuando vimos que los tipos eran demasiado altos. Inmediatamente los rendimientos de los bonos españoles a 10 años alcanzaron el 5,75 % en el mercado secundario.

Siempre se puede mirar el lado positivo de las cosas y recordar que España ya ha colocado casi la mitad de sus necesidades de financiación para todo el año y que a pesar del alza los tipo que pagamos hoy son mucho menores del 7 % de noviembre. Pero después de las imprudentes declaraciones de Monti, parece como si España hubiese reemplazado a Grecia como el talón de Aquiles de la zona euro. De hecho la prima de riesgo ha vuelto a escalar por encima de la italiana y alcanzado su récord desde el cambio de gobierno. A pesar de un plan de rigor sin precedentes y de un esfuerzo inaudito de reducción del gasto en el Presupuesto, las polémicas de Rajoy sobre el déficit que estaba dispuesto a aceptar y, sobre todo, la falta de expectativas de recuperación de la economía han creado una situación de incertidumbre que no gusta nada a los mercados y que se ha traducido en esa ausencia de los inversores a la hora de comprar nuestra Deuda.

Como decía en mi anterior crónica, poca gente cree que sea posible cumplir con esos objetivos de reducción de déficit en medio de una recesión. Y esas dudas sobre nuestros planes Presupuestarios, atrasados demasiado tiempo por razones de táctica política interior, han provocado una “ducha española” en las bolsas europeas y sobre todo en la nuestra, que ha vivido su semana de dolor y pasión.

En EE.UU. la cosa no ha sido tan grave. Las bolsas también han caído pero menos, reflejando a fin de cuentas la diferente situación de las economías de ambos lados del Atlántico, aquí engullidos en la crisis de la Deuda soberana y allí imprimiendo dólares tantos como sean necesarios para mantener la actividad.

Pero tampoco están los americanos para tirar muchos cohetes. El presidente de la FED, Ben Bernanke, ha insinuado que no va a poder continuar indefinidamente con sus programas de “quantitative easing”, que es el sinónimo de las inyecciones de liquidez que la FED viene practicando antes de que llegase Draghi a Frankfurt e hiciese lo mismo desde el BCE, a Dios gracias, por otros procedimientos.

Y sobre todo, el viernes conocimos las decepcionantes cifras de empleo en los EE.UU. .Menos mal que se publicaron cuando las bolsas estaban ya cerradas de lo contrario el trompazo hubiese sido aún mayor. Es cierto que la cifra de paro ha caído a su menor nivel desde hace 3 años, pero las expectativas eran mucho mayores que los 120.000 empleos creados, lo que demuestra la fragilidad de la recuperación. La ducha americana en el frente del empleo ha sido tan relevante de la debilidad de la situación como la ducha española en el frente del déficit y la deuda. Ambas “duchas” muestran que probablemente el primer trimestre habrá sido un espejismo coyuntural, con expectativas demasiado rápidas y fuertes y ahora la realidad aparece de nuevo con su cohorte de problemas sin resolver.

Sólo un sector parece llevarse bien. Paradójicamente, en medio de la crisis es el sector del lujo, impulsado sin duda por la demanda asiática y sus centenares de millonarios emergentes. La marca de lujo LVMH ha aumentado sus beneficios un 40 % y aquí en Florencia Ferragnano aumenta actividad y crea empleo.

El otro beneficiado de la situación es Alemania. Los inversores se precipitan sobre el bono alemán, considerado un valor refugio que ofrece una rentabilidad menor que la inflación. En la Italia convaleciente también la prima de riesgo ha subido aunque menos. En Francia siguen financiando su Deuda de forma relativamente barata. Pero en estas circunstancias es difícil penar que el BCE empiece a plegar las velas de sus actuaciones anticrisis. Sobre todo mientras no se aclare el panorama español y no sepamos qué rumbo político tomará Francia.

En realidad, los europeos, a trancas y a barrancas, tarde y mal, hemos conseguido crear un dispositivo de gestión de la crisis. Lo que todavía no sabemos cómo hacer es recuperar el crecimiento, sin el cual no habrá forma de restablecer el equilibrio de las cuentas públicas. Sobre todo en España.