España en el ojo del huracán

Un gobierno del PP en España debía ser la solución milagrosa para que volviera la confianza de inversores y prestamistas y empezáramos a salir de la crisis. A falta de un programa de medidas concreto, eso era lo que Rajoy argumentaba ante los electores que le dieron una cómoda mayoría absoluta.

Pero no parece que el cambio de gobierno haya tenido los efectos milagrosos que se anunciaban. Hubo un momento de calma en los mercados financieros y nuestra prima de riesgo bajó substancialmente, (lo ven, lo ven, eso se está arreglando…, nos decían). Pero no era por la confianza en un Don Mariano de Madrid dotado de poderes taumatúrgicos, sino por la política de barra libre de liquidez aplicada con acierto por el Don Mario de Frankfurt. Gracias a esa política nuestros bancos consiguen financiación y nuestra prima de riesgo se mantuvo estable. Pero ese período de gracia se ha acabado y ahora España está en el ojo del huracán de la economía europea.

Una recesión que se agrava, déficits mucho mayores de los declarados/esperados, medidas profundamente impopulares en lo fiscal y lo laboral que están provocando huelgas y tensiones sociales, España se ha convertido en la gran preocupación de Europa. El cambio de gobierno no ha tenido los poderes mágicos que se le atribuían, la realidad y las cifras son las mismas para todos.

Podemos consolarnos mirando a Italia. También allí las reformas del mercado de trabajo provocan un gran rechazo social, pero al menos Monti ha conseguido el acuerdo de parte de los sindicatos. Para ello ha tenido que amenazar con su dimisión para forzar a la unidad de la mayoría parlamentaria que le apoya.

A diferencia de Rajoy, el gobierno técnico de Monti tiene fecha de caducidad en la primavera del 2013 y puede jugar fuerte porque su abandono ahora sumiría al país en el caos político. Pero como no tiene intención de continuar después de esa fecha, los partidos políticos tendrán que volver a asumir su función, puesta en paréntesis bajo la presión de los mercados y de la pareja Merkozy.

Políticamente España está en una posición más sólida, con un Gobierno elegido en las urnas y sustentado por un partido unido. No estamos en la situación de una democracia sin partidos, o en una era post-democrática, como dice Habermas, como en Italia o en Grecia. Pero nuestra situación económica es más débil y nuestra credibilidad menor y cotizando a la baja. Cada vez que ha habido un cambio en un gobierno regional, desde Cataluña, a Castilla La Mancha ha sido para descubrir y anunciar a bombo y a platillo que el déficit era mucho mayor que el esperado. Y cuando cambia el gobierno central se descubre en un fin de semana que el déficit público del conjunto de las Administraciones Publicas no era el 6 % sino más bien el 8,5 %, es decir un 40 % más.

Que la desviación sea culpa de las comunidades autónomas o de la administración central, no cambia gran cosa a los ojos de los analistas o de nuestros colegas europeos. Nos guste o no, hoy nuestras cifras de déficits generan dudas e incertidumbres, sobre todo recordando el precedente griego.

En realidad, aunque no se diga, casi nadie cree en la capacidad del Gobierno español de cumplir unos compromisos que le obligan a reducir el déficit público del 8,5 % en el 2011, al 5,3% en el 2012 y al 3 % en el 2013. Un ajuste brutal, sobre todo cuando hemos vuelto a caer en recesión, y el PIB disminuirá este año entorno al 2 %. Aunque a la vista de lo poco acertado de las anteriores previsiones nadie está en condiciones de adivinar el efecto recesivo adicional que va a tener la disminución de actividad y de rentas del presupuesto del 2012.

En Bruselas creen, y no les falta razón, que la creciente desconfianza en España se debe a ese baile de cifras sobre el déficit y a la negativa de Rajoy de cumplir el objetivo de déficit previsto para el 2012 en el pacto presupuestario europeo cuando la tinta con el que lo había firmado no estaba aun seca. Pero el problema es saber de dónde vendrá el crecimiento que impedirá que la austeridad retroalimente el déficit.

El otro elemento de desconfianza que nos coloca en el ojo del huracán europeo es la situación del sistema financiero. La tasa de créditos dudosos sobre el total ha alcanzado un nuevo récord de casi el 8 %, es decir 140.000 millones de euros. Antes de dar más créditos a las familias y a las empresas los bancos prefieren limpiar sus balances y para eso les viene de perlas la liquidez del BCE. Este se ha convertido ya no en el prestamista en última instancia sino en el de primera instancia. Así se empieza a deshinchar nuestra enorme deuda privada (217 % del PIB), que es nuestro mayor problema, mucho mayor que el de la deuda pública Esta acabó el 2011 en el 68,5 % del PIB, y aunque ha crecido 32 puntos desde el 36,2 % del 2007, sigue siendo una de las más bajas de la eurozona… suponiendo que esté bien calculada dicen sotto voce en Bruselas.

Ente los bancos, el que más preocupación crea es Bankia, nacida de la fusión de Caja Madrid y otras 4 Cajas de Ahorro, que ha recibido préstamos del FROB por 4,4 miles de millones de euros. En el actual baile de fusiones, del que va a resultar un sector bancario mucho más oligopolístico, Bankia no ha encontrado todavía pareja y necesita 5.000 millones de provisiones suplementarias.

Como antes con Italia, quien no se consuela es porque no quiere. Si mis cuentas no están equivocadas, España es el país que menos dinero público ha inyectado en el sector bancario, unos 110.000 millones de euros. Nada comparable con lo ocurrido en Irlanda. Pero en la actual situación económica y social no es aceptable que el contribuyente ponga un solo euro más en el salvamento del sector financiero. Por mucho que su debilidad sea una de las causas de que estemos en el ojo del huracán.