Conseguir quebrar

Quebrar, declarar la suspensión de pagos, no poder amortizar la deuda a su vencimiento, no es tan fácil. Sobre todo para un país. Y más difícil aún es hacerlo de forma ordenada, pactada con los acreedores, de forma que se evite el contagio a otros países y consiguiendo que al día siguiente del impago te sigan prestando.

Lo sabe bien Grecia que lleva dos años intentando que se acepte que su problema no es de liquidez sino de insolvencia, que no puede pagar su Deuda y que sus acreedores tienen que aceptar que no van a rescatar el capital invertido en bonos griegos.

Por fin lo ha conseguido. El pasado jueves 8 de marzo Grecia declaró el mayor default de su historia, gracias a un acuerdo de restructuración de su Deuda que ha dado un respiro a la crisis del euro y a la agónica situación del país.

Cumplidos todos los requisitos exigidos, el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera ya puede empezar a desembolsar el segundo plan de ayuda a Grecia. Se ha levantado la espada de Damocles que desde hace dos años se cernía sobre Grecia cada trimestre cuando se acercaban las fechas de reembolso de su Deuda. Pero sólo por un tiempo. Aunque el importe total de la Deuda griega se haya reducido considerablemente, el déficit griego no va a desaparecer por arte de magia. Todo depende de las perspectivas de crecimiento y estas no están tan claras como las optimistas previsiones oficiales pretenden.

Analicemos antes las cifras de esta restructuración “voluntaria” que en realidad es un default que esconde su nombre. El total de la Deuda griega es de 350 mil millones de euros (mM€). El programa de reestructuración se refería a los 206 mM€ en manos de inversores privados, de los cuales 177 mM€ están sometidos al derecho griego y 29 mM€ al derecho internacional. Se pretendía que los acreedores que participaran voluntariamente en el canje por nueva Deuda de menos valor representasen al menos el 90% de esos 206 mM€.

El objetivo del 90 % no se ha conseguido pero se ha superado el 75 % mínimo requerido para que el gobierno griego pueda aplicar las cláusulas de acción colectiva (CAC) e imponer el acuerdo a la totalidad de los acreedores. Una vez decidido aplicar esas CAC, la participación voluntaria u obligada representa el 95,7 % de los 206 mM€.

¿Y cuánto van a perder los acreedores privados afectados? La cifra que se cita es de 107 mMX€ de los 206 mM€ de la Deuda afectada por la restructuración. Esa pérdida está calculada teniendo solo en cuenta la diferencia entre los valores nominales de la deuda. A cambio de una obligación de valor nominal 100 los acreedores van a recibir otros títulos por un nominal de 46,5%. El 15 % en obligaciones emitidas por el FESF y el 31,5 % en nuevas obligaciones griegas. El 53,5 % restante se pierde. Estas son, en claro, las cifras de la operación en lo que hasta ahora se sabe.

El acuerdo era muy difícil y todo el mundo ha respirado de alivio. Primero los griegos pero también el resto de los europeos y el sistema financiero global. Alemania, que es quien manda, ha bendecido la operación calificándola de gran paso adelante en la estabilización de Grecia.

Sin duda lo es. Pero como decía antes, el déficit griego no va a desaparecer por eso. El FMI dice, al menos oficialmente, que el déficit primario griego, antes de pagar intereses de la Deuda, debería ser el 1 % del PIB este año y llegar al 4,5 % a partir del 2015. Pero este escenario se basa en hipótesis heroicas: una disminución del 17 % del gasto público de aquí al 2014, estabilidad de los ingresos tributarios y 50 mM€ adicionales de privatizaciones. Lo que lo hace menos creíble es la hipótesis de un crecimiento anual medio del PIB del 4 % a partir del 2015. Las previsiones pasadas han sido desmentidas por la dura realidad. Para el 2011 la Troika esperaba un 1,1 % y en realidad la economía griega se ha despeñado por un -5 %. Con esos tajos en la demanda agregada no veo como la economía griega puede crecer. Y sin crecimiento los ingresos caerán y tampoco veo como el déficit primario se puede convertir en un superávit.

Pero cierto es que si se adoptan hipótesis más realistas, como la de un 2,5 % a partir del 2015, el ratio Deuda /PIB seguiría siendo en el 2020 el mismo 160 % que en la actualidad. Es decir, todo eso para nada. No quedaría más remedio que lanzar un tercer plan de ayuda europeo. Habrá que ver si los Estados del euro todavía estarían dispuestos a financiarlo.

El riesgo de una quiebra de Grecia no está pues descartado a pesar de que haber reducido casi a la mitad su Deuda con acreedores privados. Pero el problema político es tan grave como el económico. Los europeos, con Alemania a la cabeza quisieran retrasar las elecciones de abril. La razón es que los sondeos dan a los tres partidos a la izquierda del Pasok casi el 40 % de intención de voto, tanto como a los dos grandes partidos clásicos de la política griega, el Pasok y Nueva Democracia, que se habían ido alternando en el poder.

Ese resultado electoral cuestionaría la aplicación de los planes de austeridad. Sin ir tan lejos es lo que Rajoy, bien lejos de la izquierda, es lo que está proponiendo para España: más tiempo para poder reducir el déficit de forma socialmente asumible. Eso es lo que se ha negado a los griegos.

Retrasar las elecciones y mantener el gobierno provisional de Papademos esperando que la economía se recupere puede provocar una explosión social incontrolada e incontrolable. Sus efectos serían más graves que los del default no pactado que se ha conseguido evitar. Pero ese escenario de quiebra social no se puede desgraciadamente excluir.