Póquer de Merkel y Europa sin el Reino Unido

La Historia recordará, más que ninguna otra cosa, ese Consejo Europeo del 8 y 9 de diciembre pasados, la espectacular ruptura de la Inglaterra de Cameron con la casi totalidad de sus socios europeos. Sus pretensiones de que se le excluyera de la regulación financiera no han sido aceptadas, lo que es una buena noticia. Es posiblemente el fin de la participación activa del Reino Unido en la construcción europea, aunque más valdría decir en el freno a dicha construcción.

Pero más importante aún es la forma en la que las ideas de Merkel se han impuesto en Europa con más rapidez de la esperada. Gracias a la oposición inglesa no habrá reforma de los Tratados, como exigía Merkel, sino un acuerdo intergubernamental con los 17 del euro, aunque los otros 9 parecen estar dispuestos a pensárselo. Pero sólo en eso la Canciller no ha conseguido lo que quería. Pero lo realmente importante han sido las medidas que deberían asegurar la disciplina presupuestaria. Sin una palabra para el crecimiento y el empleo, olvidando los eurobonos, sin una política activa de estabilización de los mercados de Deuda pública y dando más poder al BCE que se encargará de la gestión de los Fondos europeos de estabilidad financiera.

Sarkozy ha perdido en casi todos los frentes pero sigue haciendo de portavoz entusiasta de las exigencias de Alemania y sigue calificando de lo nunca visto las decisiones del Consejo. Ya no llevo la cuenta de las veces que le hemos visto sacando pecho y calificando de históricas y definitivas las soluciones que se han ido improvisando desde mayo del 2010 sin conseguir detener la gravedad de la crisis.

El modelo alemán de austeridad y de renuncia al arma fiscal se impone. El acuerdo debería plasmarse en un nuevo Tratado, que se espera esté aprobado para marzo, para grabar en el mármol constitucional de cada país la promesa de la disciplina fiscal. El freno al endeudamiento, el famoso “Schuldenbremse” alemán, en realidad copiado de la Constitución suiza, que limita el déficit al 0,5 % del PIB a lo largo del ciclo, debería ser capaz de devolver la confianza a los mercados. Los alemanes saben por experiencia propia que es muy difícil que se respeten los Tratados y por eso han exigido un control descentralizado en cada país al máximo nivel posible. Suponen que será más difícil que los Parlamentos voten leyes de Presupuestos que violan las Constituciones que no saltarse a la torera el Pacto de Estabilidad como los alemanes hicieron los primeros.

Pero esta promesa encierra al menos dos riesgos. Primero el político. Está por ver que los Parlamentos de los 26, es decir los 27 menos el Reino Unido, acepten el papel de vigilante de sus Presupuestos que se otorga a la Comisión Europea. Y menos aún que se aprueben por referéndum en al menos 8 países en los que ese procedimiento parece inevitable. El segundo riesgo es el económico. Es cada vez más dudoso que esa cultura de la estabilidad presupuestaria a todo precio es lo que necesite hoy la Europa sumida en la recesión. De momento los mercados financieros han reaccionado primero con frialdad y después con bajas a un acuerdo que contiene promesas de disciplina para mañana pero que deja sin resolver los problemas de hoy. Es posible que con esa “unión fiscal” que en realidad no lo es, Merkel y Sarkozy hayan querido poner las bases para que Draghi intervenga de forma más contundente en los mercados de Deuda, pero de momento nadie lo asegura y las primas de riesgo han vuelto a partir al alza y las Bolsas a la baja.

No queda nada en los acuerdos de la idea franco alemana de unificar los impuestos de sociedades y de establecer la tan manida tasa sobre las transacciones financieras. Que eso si que sería el camino hacia una verdadera unión fiscal. Y en cuanto a la promesa de un verdadero mercado europeo de Deuda pública, se han vuelto a olvidar de ella a pesar del apoyo de Holanda, Suecia y del FMI. Merkel sigue negándose a lo que considera sería un incentivo al “moral hazard” de los menos cumplidores. Espera a que se verifique en la práctica la disciplina fiscal para pasar al segundo acto de la unión fiscal. Pero está por ver que los mercados le van a dar el tiempo que ello requiere. Más bien parece que no va a ser así y en menos de 48 horas los mercados y las opiniones le están quitando a los acuerdos la importancia histórica que se les ha atribuido.

Se ha llegado a un acuerdo en las formas, aunque en el fondo está por ver que sea suficiente. No porque el euro esté en peligro, los países del norte tienen 3 billones de euros en activos de los del sur y su quiebra sería también su ruina. El problema sigue siendo la debilidad del crecimiento y del afecto democrático de los europeos con esa nueva Europa que está naciendo.