Del bunga bunga a la prima de riesgo

Vista desde Italia, la agonía de Berlusconi tiene todos los ingredientes del final dramático de etapa histórica. Su salida del gobierno a empujones de los mercados y de sus socios europeos del euro no habría sido tan rápida sin la acción determinante del Presidente de la Republica, que no le ha dejado tiempo ni lugar para que se saliese de nuevo por la tangente.

Pero ha sido la presión de los mercados la que ha conseguido lo que la izquierda italiana no fue capaz de obtener. La subida de la prima de riesgo de la Deuda pública italiana ha sido más eficaz que el rechazo a las practicas del bunga-bunga, esos rituales eróticos de alquiler que habían contribuido al descrédito de Berlusconi. Sus  comportamientos le habían sido tolerados por los electores hasta que el asunto dejo de ser de bunga bungas moralmente reprobables para convertirse en un problema que afectaba al coste de la financiación del déficit y colocaba a Italia al borde del abismo financiero.

Berlusconi se va después de haber estado por tres veces al frente del gobierno, en total casi 10 años. Más que ningún otro dirigente político desde el fin de la II Guerra. Es sin duda el fin de una época histórica.

Lo han echado las presiones de los mercados y la manifiesta desconfianza del dúo Merkel – Sarkozy, pero al menos se han guardado las formas democráticas. El gobierno de Berlusconi perdió la mayoría parlamentaria el martes 8 de noviembre sobre la aprobación de la ejecución presupuestaria del 2010. Sin mayoría no podía seguir pero aún intentó que su marcha se supeditara a la aprobación por las dos Cámaras de las medidas de austeridad presupuestaria exigidas por Bruselas y el FMI. El proceso hubiera podido durar hasta finales de noviembre y darle tiempo para recuperar posiciones. Pero la acción del Presidente Napolitano no le ha dado respiro y el sábado 12 ya estaba propuesto su sucesor.

De paso por Florencia para pronunciar la conferencia inaugural del Instituto Universitario Europeo que tengo el honor de dirigir, el Presidente del Consejo Europeo, H. Van Rompuy, nos decía que no era el momento de elecciones sino de acción porque la situación es dramática y no admite esperas. No es sólo Italia, es toda Europa la que está amenazada por la desconfianza. Y la marcha de Berlusconi es sin duda una buena noticia para el euro.

Durante toda la pasada semana los prestamistas internacionales han estado sometiendo a Italia a una tremenda presión. El miércoles pasado el tipo de interés exigido a los bonos italianos en el mercado secundario rebasaba ya el 7 %. Un récord para Italia y una situación insostenible para un país que es el tercer mayor deudor mundial y que tiene que conseguir captar el próximo año mas de 200.000 millones de euros en los mercados.

Ciertamente Italia no es Grecia. Es un país cuya solvencia está fuera de dudas razonables. Su Deuda es muy alta, 120 % del PIB, pero su déficit es muy bajo (4 %) y tiene superávit primario. Es decir, está en mejor situación que Francia, por ejemplo. Tiene una economía diversificada y su sistema financiero es uno de los más sólidos de Europa porque no se dedicó a jugar a invertir en activos tóxicos a la americana y porque no han tenido una burbuja inmobiliaria como la nuestra.

Pero la cifra que cuenta hoy para los mercados es el endeudamiento, y el 120 % del PIB es mucho, demasiado, cuando la desconfianza creada por el default griego se ha instalado de forma crónica. Y frente a la desconfianza la única medida posible es la credibilidad. Y Berlusconi no tenía ninguna para poner en marcha el programa de reformas y ajustes que se le pedía. Demasiado bunga bunga , demasiados problemas con la justicia, demasiadas manipulaciones políticas.

Con el tipo de interés por encima del 7 %, ya no tenía salida. Abandonado por los suyos y excluidas las elecciones, con una izquierda dividida e incapaz de tomar seriamente el relevo, no quedaba otra salida que la de un gobierno técnico y Monti, la verdadera antítesis de Berlusconi, es sin duda la persona ideal para presidirlo.

Veremos si con eso se calman los mercados. No es seguro, pero de momento es forzoso constatar que la crisis financiera está llevando al poder político a técnicos al estilo de los sabios despolitizados a los que hemos confiado desde Bancos Centrales independientes el manejo de la política monetaria. Cuando Papandreu anuncio su intención de convocar un referéndum para que los griegos se pronunciaran sobre las condiciones que Europa les imponía a cambio de su ayuda, se dijo que era el retorno de la política. Pero no ha sido así. No hay tiempo para referéndums ni para elecciones. En Roma y en Atenas, por razones bien diferentes y substituyendo a personajes tan diferentes como Berlusconi y Papandreu, los técnicos son llamados al poder. Se acabó el bunga bunga, manda la prima de riesgo.