La austeridad crea la recesión

La campana electoral se va a celebrar con las cifras de paro como telón de fondo. Y debería servir para explicar las soluciones que unos y otros proponen para hacerle frente.

La EPA del tercer trimestre de este año ha aportado una cifra de paro mucho peor que la esperada. En datos estacionalizados superamos los 5 millones de parados, el 22 % de la población activa. En un trimestre en el que se suele generar mucho empleo, se han perdido 147.000 empleos, es decir un 5 % en tasa trimestral anualizada.

España no es una excepción. Todos los datos confirman un frenazo brutal de la economía europea que está al borde de la recesión.

Se detecta una fuerte caída del consumo, el paro sigue batiendo récords en varios países y el crecimiento esperado en EE.UU. y la UE no será suficiente para disminuir el endeudamiento.

Dentro de este contexto recesivo general el dato español ha sorprendido por su gravedad. Pero ¿de qué se extrañan? Con la reducción de las rentas disponibles derivada de los planes de austeridad, el parón de la inversión pública, las restricciones del crédito, un crecimiento económico cercano a cero ¿qué se podía esperar?

El efecto recesivo de las políticas de austeridad es evidente en toda Europa. Según la Comisión Europea, este año el gasto público en la zona euro disminuirá en 20 Mme. y los impuestos aumentaran en 165 Mme. Es decir, el sector público retirará del circuito económico en un solo año 145 mME, equivalentes al 1,5 % del PIB. Esta media encierra diferencias importantes por países, en España será mucho mayor, del orden del 2,7 %.

Esa disminución no se compensa por un aumento de la actividad del sector privado. Y tampoco es de extrañar. Para eso haría falta que el crédito bancario fluyera normalmente, pero al contrario, disminuye. La media del crédito concedido por los bancos europeos en los últimos tres meses ha sido 10 veces menor que a finales del 2007. Bien es verdad que estábamos entonces en los últimos coletazos de la burbuja inmobiliaria, pero también ha sido cinco veces menor que a principios del 2000.

Así, la reducción muy rápida del déficit público y aplicada de forma simultánea en todos los países, está agravando la situación en vez de resolverla. La austeridad generalizada está fabricando la próxima recesión. Mientras la famosa tasa sobre las transacciones financieras, que debería servir para reducir los déficits de forma justa se retarda una y otra vez, en Francia el gobierno de derechas vuelve a plantear subidas del IVA es decir sobre la renta disponible de la población que menos tiene.

Lo ocurrido con Grecia forma parte de esta medicina que agrava la enfermedad. La crisis ha sido provocada por la especulación financiera contra la Deuda griega y agravada por una reacción europea que no ha sido capa de tomar a tiempo las medidas adecuadas y que ha impuesto una cura de austeridad que ha roto la economía del país. A pesar de todos los ajustes, los déficits no se reducen porque no hay crecimiento y sin crecimiento no hay forma de equilibrar el presupuesto.

Las previsiones de crecimiento no se van a cumplir en casi ningún país porque en ninguno se aplican políticas de crecimiento, se reduce la inversión pública y no hay medidas de apoyo a la privada. La tesis de que todo se resolverá reduciendo los déficits a toda velocidad, todos a la vez y así volverá la confianza y la economía volverá a arrancar es, como dice P Bruman, una creencia supersticiosa.

Por eso la izquierda europea voto en el Parlamento Europeo contra la mayoría de las medidas contenidas en el paquete de las seis directivas que reformaban el Pacto de Estabilidad. Porque no contenían medidas que impulsaran el crecimiento ni dejaban ningún margen de maniobra para inversiones estratégicas que aumentaran el potencial de la economía. Por eso los socialistas alemanes y franceses preparan políticas alternativas de relanzamiento de la economía para cuando gobiernen en esos países.

Y por eso tiene tanta razón el candidato socialista A. P. Rubalcaba cuando dice que sólo la austeridad no es la solución y que puede ser parte del problema. Su petición de una política activa de crecimiento, con un fuerte aumento de las inversiones públicas de forma coordinada a escala europea y de bajada de los tipos de interés marcan la buena dirección y ya era hora que se propusieran de forma clara.

Algunos países, como Alemania, podrían relanzar su demanda interna, aumentar sus importaciones y así ayudar al crecimiento de los demás. Para exportar alguien tiene que importar. Pero como todos aplicamos a la vez políticas de reducción de las rentas y de la demanda, entre todos hemos generado esa dinámica regresiva que hace temer al FMI que se produzca una nueva recesión mundial.

Como decía la Sra. Lagarde, a los inversores les preocupa el déficit público, pero les preocupa más todavía el crecimiento económico. Saben que sin él no se pueden devolver las deudas ya contraídas ni puede haber unas finanzas públicas equilibradas.

El margen para estimular la actividad sin acumular más Deuda es ciertamente estrecho. Para resolver el dilema fiscal ente austeridad y crecimiento no sirve de nada razonar en términos de grandes agregados macroeconómicos. Ese es un debate ideologizado sin suficiente capacidad de análisis. En las propuestas electorales hay que bajar a los detalles, distinguiendo entre categorías de gasto, gasto corriente versus inversión, y además que clase de inversiones. Y trabajar con planes a medio plazo, focalizando bien los objetivos del gasto desde una perspectiva de crecimiento que permita una posterior reducción de la Deuda.

Reducir inversiones creadoras de futuro, como por ejemplo en educación, es una mala política para el crecimiento.

Es el momento de actuar a nivel europeo lanzando un plan de reconversión ecológica, financiado por el Banco Europeo de Inversiones, para disminuir nuestra dependencia del petróleo y el gas. Y de crear un impuesto europeo sobre el carbono para financiar un programa de infraestructuras transnacionales y un plan de innovación tecnológica a escala europea.

Tiene mucha razón Rubalcaba al advertir que si seguimos en una cruzada de austeridad generalizada, aplicando medidas restrictivas todos a la vez, Europa volverá a ser el farolillo rojo del crecimiento mundial.

Y no solo no resolveremos el problema del endeudamiento, sino que las tensiones sociales y políticas producidas por un desempleo crónico acabarán provocando la implosión del euro.