Un nuevo plan para salvar al euro… con la ayuda de China

Va siendo cada vez más difícil que los dirigentes europeos nos hagan anuncios victoriosos después de Consejos que se prolongan días y noches para acabar de madrugada con acuerdo incompletos y difíciles de comprender, aunque de momento provoquen la euforia de las Bolsas, como ha ocurrido esta semana.

Veremos cuánto dura esa euforia. Pero recordemos que los acuerdos del pasado julio, también calificados de históricos y supuestamente suficientes para refinanciar a Grecia y evitar la crisis del euro, sirvieron para poco. Ahora, después de dos Consejos sucesivos y maratonianas reuniones hasta la madrugada, se ha aprobado un nuevo plan de salvamento de Grecia, del euro y de los bancos. El acuerdo encierra muchos interrogantes y su complejidad técnica lo hace más parecido a un ejercicio de creatividad financiera de un banco de negocios que a un acuerdo de gobiernos animados de una visión política de la salida de la crisis.

Pero esto es lo que hay, y aunque tengamos que esperar unas semanas para entenderlo mejor, ya que hemos salido de la espera, podemos intentar resumir lo fundamental de esos acuerdos. Resumiendo mucho, el nuevo plan consta de cuatro grandes decisiones: una quita del 50 % de la Deuda griega, recapitalización de los bancos europeos por 108.000 millones de euros, aumento de la capacidad del Fondo Europeo de estabilidad Financiera (FEEF) hasta el billón de euros y una estricta coordinación de las políticas presupuestarias.

La primera de esas decisiones equivale a reconocer la insolvencia de Grecia de manera más clara que en julio cuando se acepto una anulación “voluntaria” del 21 % de su Deuda. Desde entonces las cosas se han complicado más y ahora los acreedores privados de Grecia han tenido que aceptar que van a perder el 50 % de sus inversiones. Pero esta reducción solo afecta a los acreedores privados, que tiene el 70 % de la Deuda griega. No hay reducción para los préstamos europeos y del FMI ni a la que compró el BCE, que suman el 30 % restante. La reducción será solo del 35 % del total (50 % del 70 %). El ratio de endeudamiento de Grecia se estima que pasara del 160 % actual al 120 % en el 2020… todavía el doble del límite fijado en el Pacto de Estabilidad.

Pero en todo caso es un verdadero balón de oxigeno para Grecia que solo tendría que pagar intereses hasta el 2040 y podría empezar a tener superávit primario en su presupuesto.

No se sabe todavía como se hará esta reducción de valor. Lo más seguro es que los acreedores privados cambiaran sus bonos griegos por otros bonos por la mitad de su valor reembolsables a 30 años pero garantizados por el FEEF. No es un mal negocio sobre todo para los hedge funds que los han estado recomprando este verano por el 30 % de su valor nominal.

Grecia tendrá que pagar el coste de la garantía del FEEF, y por tanto la reducción de su Deuda ser menor del 35 %. Pero Papandreu está contento, entre otras cosas porque le han rebajado el plan de privatizaciones a 15.000 millones de euros, reconociendo que la primera exigencia de 50.000 millones era imposible.

Y los mercados financieros también están contentos, como muestran las subidas en las Bolsas, que ya sabían que Grecia era insolvente y saludan el fin de la incertidumbre. Tendrán que renegociarse los acuerdos de julio pasado que eran muy complicados para intentar ocultar la realidad de una insolvencia parcial, ahora todo está más claro y no deja de ser muy importante que se reconozca que un país del euro no puede pagar su Deuda y que los inversores van a perder la mitad de su inversión.

¿Cómo hacer para que esas pérdidas sean digeribles y no arrastren a los bancos a la insolvencia o provoquen una restricción del crédito? Recapitalizándolos, como se ha ido anunciando. Pero el problema es por cuánto y quién pone el capital. Los que más van a sufrir las consecuencias de esa quita serán los bancos griegos que van a necesitar 30.000 millones. En total los bancos de la eurozona van a tener que reforzar su capital con 108.000 millones de los cuales 26.000 para los españoles.

Para los bancos españoles es un palo importante, mucho mayor del esperado. Aunque podrán salir del paso con las obligaciones convertibles en acciones puede que tengan que cambiar su política de dividendos si quieren evitar la intervención del capital público.

¿Quién va a poner ese dinero? Primero los inversores que habían comprado obligaciones convertibles que se van a transformar en acciones. Después, repartiendo menos beneficios y rebajando los suculentos bonos de sus directivos que no nos tienen que dar ninguna pena. Si no basta, emitiendo mas acciones mediante ampliaciones de capital. Los bancos se resisten porque eso implica diluir sus beneficios, al tener que repartirlos entre más accionistas, y por tanto disminuir su rentabilidad futura, pero muchos no tendrán otro remedio… si encuentran quién suscriba las nuevas acciones.

¿Y si tampoco basta? Entonces lo pondrán los gobiernos, es decir los contribuyentes, que se convertirían en accionistas de un sector bancario que privatizamos hace años. Habrá que ver en qué condiciones otra vez el dinero público salva al capitalismo privado, algo que en el 2009 se nos prometió que nunca, pero nunca jamás, volvería a ocurrir. Y si los gobiernos no pueden, queda finalmente la solución del FEEF que para eso va a multiplicar su capacidad de acción hasta el billón de euros.

Pero en el conjunto de Europa no hay quien pueda saber ahora la parte que van a poner los mercados de capital y la que van a tener que cargar los contribuyentes.

¿Esta recapitalización será suficiente para compensar las pérdidas por la quita en la Deuda griega y evitar el estrangulamiento en la capacidad crediticia de los bancos? Está por ver. Posiblemente hubiese hecho falta una más grande pero los bancos se han resistido para evitar una mayor dilución. Para hacer el sistema más estable y evitar que la quita griega se convierta en el Lehman Brothers de la zona euro, el BCE dará a los bancos la liquidez que necesiten y los gobiernos garantizaran sus emisiones de obligaciones. De esta forma los bancos podrán encontrar más fácilmente recursos.

Y para completar la operación había que evitar el contagio de la desconfianza hacia la Deuda de otros países .Por eso el BCE seguirá comprándola en el mercado secundario y el FEEF también la comprara directamente y además asegurara sus posibles pérdidas para quitar el miedo a los inversores.

Tendrá que endeudarse para aumentar su actual capacidad hasta el billón de euros. Y buscando inversores entre los países emergentes, China y Japón. Veremos si los encontramos y si esta vez realmente convencemos a los mercados. Pero las contrapartidas que pedirá China para darnos su ayuda financiera son también preocupantes, o por lo menos preocupan a mucha gente a juzgar por las primeras reacciones del PE en su pleno de Estrasburgo. China tiene todo el interés en mantener a la zona euro que a fin de cuentas le compra por valor de 282.000 millones de euros y así podrá también diversificar su cartera de reservas, no le conviene tenerlas todas en dólares.

Pero algo pedirá a cambio. Tecnología, pero sobre todo que le reconozcamos el estatuto de economía de mercado lo que fragilizara todavía más nuestra capacidad industrial frente a su competencia.

Como se ve quedan muchos interrogantes por contestar, aunque la alegría de los mercados después de tantos días de suspense nos haga parecer que, una vez más, hemos encontrado la solución a los problemas de nuestras Deudas y nuestros bancos.

En todo caso, de lo que no se ha hablado para nada en Bruselas estos días es del paro ni de cómo revitalizar el anémico crecimiento económico europeo. Seguimos confiando en la austeridad como camino de redención aunque cada vez es menos probable que lo sea.