Un fin de semana perdido

Para lo que se refiere al salvamento de Grecia y por tanto para evitar una crisis mayor en la zona euro, el viaje a Wroclaw, en el suroeste de Polonia, de los ministros europeos de Economía habrá sido un fin de semana perdido. Y la asistencia a dicha reunión del secretario del Tesoro americano T. Geithner tampoco ha servido para mucho más que para escenificar un diálogo de sordos entre americanos y europeos sobre la salida de la crisis.

A pesar de los temores expresados por Geithner acerca de los riesgos de un nuevo choque sistémico si se llegase a producir una bancarrota griega, los ministros, una vez más, no han sido capaces de ponerse de acuerdo y han dejado para mediados de octubre el desbloqueo de los fondos que Grecia necesita urgentemente y la aplicación del plan acordado el 21 de julio pasado.

Si algo no tenemos los europeos es el sentido de la urgencia ante la crisis. Seguimos tocando la lira tranquilamente mientras Roma arde, o discutiendo sobre el sexo de los ángeles mientras los turcos escalan las murallas de Bizancio, por citar solo dos de los precedentes históricos de ceguera o indiferencia ante la gravedad de los acontecimientos.

Se comprende la preocupación, más aún la indignación, que expresaba Jacques Delors ante esta incapacidad para concretar el acuerdo de julio sobre los 160.000 millones de euros del segundo plan de ayuda a Grecia mientras que la especulación amenaza y la incertidumbre se extiende. Delors dice que “está de luto por Europa” y que reuniones como la de Wroclaw dan “un golpe terrible a los que, desde 1948, quieren construir una Europa en paz, próspera y solidaria”. Y no le falta razón.

Las consecuencias de estos retrasos en decidir tienen un efecto sobre la vida de las gentes que el debate macroeconómico oculta. Por ejemplo, al mismo tiempo que de Wroclaw no sale nada, los laboratorios Roche han decidido interrumpir el suministro de medicinas contra el cáncer y otras enfermedades graves a los hospitales griegos por sus retrasos en el pago… Grecia debe pagar antes de final de octubre 5.600 millones de euros por los intereses de su Deuda externa. Y los ministros han dejado para mediados de mes la decisión de desembolsar los 8.000 millones pendientes del plan de ayuda aprobado en mayo del 2010.El acuerdo llegará, pero sólo cuando estemos de nuevo al borde del abismo.

De dos cosas una. O bien Sarkozy y Merkel son sinceros cuando dicen que quieren salvar a Grecia y al euro cueste lo que cueste, o bien están tratando de dejar quebrar a Grecia preparándolo de forma que no afecte al euro. En el primer caso hay que lamentar una falta de liderazgo suficiente en la UE para llevar a cabo las políticas que se anuncian y que no se aplican en un tiempo acorde con la crítica situación que se vive. En el segundo caso hay que dejar de imponer más medidas de rigor a un país que ya está hundido en la recesión.

Grecia tiene dificultades para cumplir con los planes de ajuste que le exigen, entre otras medidas, privatizar aprisa y corriendo sus activos públicos por un montante de 50.000 millones de euros. Berlín se opone a entregar la última parte de la ayuda acordada en mayo del 2010 hasta que no haya un informe favorable de la troika (Comisión, BCE y FMI) que controla Atenas. Pero lo que ocurra con Grecia no depende solo de sus propios esfuerzos. Para aplicar los acuerdos de julio pasado todavía hay que esperar que 12 Parlamentos nacionales los ratifiquen. Los Bancos acreedores deben confirmar su participación “voluntaria” a ese plan. Hay que encontrar una solución a las exigencias finlandesas de obtener garantías adicionales evitando que otros países las reclamen también y acaben vaciando de contenido las ayudas. Demasiadas condiciones para tan poco tiempo y tanta incertidumbre.

Ante esta situación los EE.UU. piden a los europeos que actúen con más decisión y energía. Que refuercen los recursos del FESF, que acompañen el plan de relanzamiento económico de Obama y que apaguen cuanto antes el incendio griego. Pero hay una diferencia fundamental en la forma en la que EE.UU. y Europa abordan la salida de la crisis. A ellos no les importa aumentar el déficit para mantener el crecimiento y nosotros creemos que sólo reduciendo el déficit podremos recuperar la salud económica. Y ello a pesar de que los fundamentales de la economía americana son peores que los de la europea.

Cierto que los americanos tienen sus Bonos del Tesoro Federal que siguen emitiendo a tipos muy bajo a pesar de que les hayan rebajado la calificación. Y nosotros no tenemos, todavía, algo parecido como los eurobonos reclamados por algunos y rechazados por otros. Y las rebajas de calificación país por país nos hacen un daño terrible en términos de credibilidad y de costes de financiación.

Tampoco están de acuerdo los ministros sobre el impuesto a las transacciones financieras que se sacaron de la manga Sarkozy y Merkel el pasado agosto. Como era de prever el Reino Unido se opone y le acompañan otros países como Suecia. Tampoco Washington está de acuerdo, como les dijo Geithner a sus colegas europeos.

A los ministros europeos reunidos para poco en Polonia no les ha gustado nada que el amigo americano venga a darnos lecciones y nos digan lo que tenemos que hacer para resolver nuestros problemas de familia. Pero lo tristemente cierto es que no somos capaces de hacerlo.