Desigualdad y paro en Europa

La situación del empleo en Europa, y en la zona euro en particular, sigue degradándose. Es lo que nos dice Eurostat justo cuando volvemos al despacho después de un verano de infarto.

Los datos son peores que las previsiones de la OCDE que ya no eran brillantes. En julio, y por tercer mes consecutivo, la tasa de paro en la zona euro ha superado el 10 %. Se acabó la esperanza que se tenía a finales del 2010 de que el 2011 nos trajese la recuperación. Todo lo contrario, en el segundo trimestre de este año el crecimiento se ha vuelto a enfriar, con tasas nulas en Francia y casi nulas, 0,1 %, en Alemania.

Todos los indicadores económicos están en rojo, desde la actividad industrial a la confianza de familias y empresas. Y la inflación permanece estable en torno al 2,5 %. El BCE debería empezar a pensar si no ha cometido con los tipos de interés el mismo error de 2008 cuando los subió temiendo tensiones inflacionistas y luego tuvo que bajarlos a todo correr. Ahora ha sido el primer Banco central que los ha vuelto a subir, en abril y en junio, hasta el 1,5 % porque volvía a ver tensiones inflacionistas. Después del verano no se ven por ninguna parte mientras el débil crecimiento se desmorona. No estaría de más que Trichet corrigiera el tiro antes de se, pero es poco probable que lo haga.

Después de estos datos macroeconómicos no debería ser una sorpresa los datos del paro que conocemos ahora. Claro que la media del 10 % encierra enormes disparidades. Irlanda y España, los dos países donde la burbuja inmobiliaria era más grande, son los países con las tasas de paro más altas, la nuestra del 21,2 % y la de los irlandeses el 14,5 %. La crisis de la construcción y la flexibilidad del empleo en ese sector en el que trabajaban la mitad de los trabajadores con contrato temporal, (que eran un tercio del total del empleo a finales del 2008) han generado de golpe un volumen de paro difícil de absorber mientras no haya nuevos motores de crecimiento.

Y de momento no se ve cuáles pueden ser. A pesar de todas las críticas de rigidez a nuestro sistema laboral, una parte del empleo es muy flexible y muy reactivo a la coyuntura, tanto para las fases de crecimiento como para las de recesión. Y las políticas de austeridad están teniendo un impacto excesivamente recesivo sobre los niveles de actividad. No es casualidad que en la zona euro los mayores crecimientos del paro se produzcan en los países que han aplicado políticas de rigor presupuestario más fuertes, España, Irlanda y Grecia. La respuesta del Gobierno español ha sido aprobar una nueva medida de flexibilización permitiendo encadenar sin límite los contratos temporales hasta el 2013. Las buenas intenciones de reducir el empleo temporal que justificaron la última reforma laboral se han olvidado, empleo aunque sea precario después ya se verá.

En Grecia, también como era de esperar, el PIB caerá más del 5 % y no van a poder cumplir con el objetivo de déficit al que se habían comprometido.

En el otro extremo, Holanda solo tiene una tasa de paro del 4,3 %. Pero es curioso observar que el tiempo anual de trabajo es el más bajo de toda Europa. Es decir, parte de la solución es a fin de cuentas el reparto del trabajo disponible prefiriendo el tiempo parcial al paro.

En Alemania ocurre algo parecido. El paro sigue bajando de forma continua desde hace 1 año, hasta el 6,1 % en julio, fundamentalmente debido a que han adaptado la política de empleo incitando a las empresas a ofrecer empleos a tiempo parcial antes que recurrir al despido que allí se considera la última solución. Al contrario que en España donde, en la franja de empleo precario, se practica de forma casi preventiva.

En el pico de la crisis en Alemania había 1,5 millones de trabajadores a tiempo parcial, comparado con 300.000 en Francia. Esta cifra explica en parte la diferencia, de casi 4 puntos (9,9 % en Francia versus 6,1 % en Alemania) entre las tasas de paro en los dos países centrales de Europa. Pero la demografía, muy dinámica en Francia y casi plana en Alemania es la otra gran causa explicativa.

La situación más dramática sigue siendo la del paro juvenil, verdadera bomba de relojería para nuestras sociedades. Aunque se mantiene prácticamente estable en el conjunto de la UE, cercano al 21 %, aumenta en Francia y en Italia y alcanza en España el récord total del 46,2 %.

Al paro se le suma el aumento de las desigualdades sociales. A pesar de que las cifras macro de paro dan una visión positiva, la situación social en Alemania está lejos de serlo. En realidad Alemania corre el riesgo de sufrir una deriva regresiva en su estructura social al estilo anglosajón. Hay que recordar que en Alemania no existe salario mínimo legal y repartir el trabajo implica también repartir la renta. El número de trabajadores que tienen salarios bajos (por salario bajo se entiende 9 euros a la hora, menos de 2/3 del salario bruto mediano) no para de crecer. Ha pasado del 16 % en 1994 al 22 %. Pero la relación entre salarios bajos como elemento que genera empleo no es tan evidente como la retórica liberal quisiera creer. En realidad el paro es mayor en aquellos landers en el que la proporción de empleos con salarios bajos es también la mayor.

La desigualdad de rentas también crece. La diferencia de renta entre el 10 % de los alemanes más ricos y el 10 % más pobre supera ya el 10 /1, la más alta de los últimos decenios. Lo mismo está pasando en toda Europa, la desigualdad fue uno de los motores de la crisis y será una de sus consecuencias. Por eso se oyen cada vez más voces pidiendo una mayor carga fiscal para los niveles altos de renta. En realidad son los propios millonarios franceses y alemanes los que están pidiendo que les suban los impuestos, pasando por la izquierda a los gobiernos de todo tipo, incluso a los socialistas como el español, que en los últimos años han rebajado la carga fiscal sobre patrimonios y rentas del capital.