Sin crecimiento no hay solución

A saber de qué humor se despertarán esta semana los inversores, aunque más valdría llamarles directamente los especuladores. Los más probable es que los mercados sigan con la grave tendencia bajista de este Agosto desde que fue degradada la calificación de la Deuda americana y la reunión Merkel-Sarkozy no generó ninguna nueva confianza ni aportó ninguna solución  nueva a los problemas político-económicos de la Unión Europea.

Pero cualquiera que sea el comportamiento a corto plazo de los mercados financieros, Europa, o mejor dicho la zona euro, seguirá enfrentada a sus dos grandes problemas, el asedio de los mercados a las Deudas públicas y la parálisis de su economía. Y el segundo es estructuralmente más grave y en buena medida causa, o al menos agravador, del primero.

La reunión Sarkozy–Merkel  tenía por objetivo demostrar a los mercados que Francia y Alemania no dejarían caer el euro. Lo han repetido de nuevo pero han aportado pocas soluciones prácticas al primer problema y ninguna al del crecimiento económico.

En el frente de la Deuda, los mercados financieros ya no se habían fiado del solemne compromiso de que el default de facto de Grecia seria una excepción que no se aplicaría a ningún otro país. Eso de que una vez y no mas no suele ser creíble. Con el agravante de que los acuerdos de julio que, esta vez sí, salvaban a Grecia asegurándole financiación a largo plazo al 3,5 %,dejaban a España y a Italia con una financiación dos puntos por encima, convirtiéndolos en la siguiente presa de la especulación.

Solo salimos del bache con el BCE forzado a comprar cantidades importantes de Deuda española e italiana y los gobiernos prohibiendo, parcial y temporalmente, las operaciones especulativas. Obras son amores y no buenas razones y las solemnes declaraciones de las autoridades europeas asegurando su voluntad de salvar al euro valen ya poco en las expectativas de los mercados. Ya sólo valen hechos constantes y sonantes como la intervención directa del BCE  y ni siquiera la prohibición de las ventas a corto a relajado la presión especulativa contra lo valores bancarios ,especialmente los alemanes.

Como ya nos habían anunciado,el tándem franco-alemán ha rechazado de nuevo la idea de los eurobonos. Al menos por el momento ya que han dejado la puerta abierta para un mas tarde que llegara tarde o temprano. Hasta los exportadores alemanes los piden porque saben que hay que superar la desconfianza de los mercados para que crezca la demanda de productos alemanes en el resto de Europa. Se puede argumentar que en realidad lo que hace el fondo europeo de estabilidad financiera (FESF) ya es emitir eurobonos pero la garantía de los bonos del FESF la dan los estados miembros proporcionalmente a su capital. El siguiente paso sería que esta garantía fuese conjunta  y  se cambiara, al menos hasta el 60 5 de sus respectivos PIB ’s, Deuda de los Estados por Deuda del FESF.

El impacto del aumento de los tipos de interés que tendría que pagar Alemania ,que actualmente ya están por debajo de la inflación, sería pequeño, menor en todo caso que el coste que le va a representar seguir como hasta ahora Pero hoy por hoy la opinión pública alemana no lo toleraría.Y es cierto que los eurobonos corresponden a un estadio superior de la integración económica que implicaría cesiones importantes de soberanía fiscal que no se improvisan.

Nada tampoco de ampliar los recursos del FESF, de momento el BCE tendrá que seguir haciendo el trabajo por la puerta falsa asumiendo tareas fiscales que no le corresponden.

Algunas novedades un poco huecas. La  tasa sobre las operaciones financieras que ya propuso la Comisión.Veremos cómo, cuándo y con quién se aplica. La incapacidad para ponerse de acuerdo sobre la prohibición de las ventas a corto es un mal presagio. Si no la aplican al mismo tiempo EE.UU y el Reino Unido serviría para muy poco, de manera que ese anuncio bilateral más parece una serpiente de verano que un propósito de actuación serio.

La demanda de constitucionalizar la llamada “regla de oro” para limitar los déficits tampoco es nueva y la verdad es que no se sabe muy bien a que se refiere. Por esa regla se entendía ,al menos hasta ahora, que en el presupuesto publico el déficit fuera inferior a la inversión ,es decir que hubiera superávit corriente. Si ahora se  refiere a la prohibición de todo déficit, al estilo alemán que ha constitucionalizado un déficit inferior al 0,35 % del PIB, significaría renunciar en todo momento a un instrumento que permite a la  política económica actuar de forma contra cíclica .Y quién sabe si eso no será necesario en el futuro.

Es una buena noticia la voluntad de armonizar el impuesto de sociedades entre los dos países y de crear un “verdadero” gobierno económico. Para empezar se propone subir el rango del E cofín y convertir a Van Rompuy en el “mister euro” que debe coordinar al BCE ,los gobiernos y la Comisión .Pero veremos si el BCE se deja coordinar y el sucesor de Trichet olvida aquello de “míster euro ,c’est moi”.

Pero lo más preocupante es que no hay nada, nada, en los acuerdos franco-alemanes para impulsar el crecimiento, a pesar de que este se estanca en todos los países, 0,2 % de crecimiento en la zona euro en el segundo trimestre, y de que hasta la locomotora alemana se para, 0,1 % de crecimiento. Lógico, la demanda interna ha muerto a golpes de austeridad y las exportaciones alemanas a sus socios europeos flaquean porque para exportar alguien tendría que poder importar. La única receta que se sigue proponiendo, ,es la de mas austeridad ,esperando que el crecimiento vendrá cuando la austeridad haya reducido los déficits y la “confianza” se haya restablecido. Un remedio que se parece a  las sangrías que practicaban en su impotente ignorancia los galenos de la Edad Media .Y puede que el enfermo se muera antes de curarse.

Lo mismo puede decirse de los últimos acuerdos del consejo de Ministros en nuestro país. Inevitables para cumplir con los compromisos con Bruselas. Pero seguir aumentando los impuestos y reduciendo el gasto público no ayudara a reanimar una economía anémica. Y el reequilibrio presupuestario solo puede esperarse de un mayor crecimiento. Y esto en el fondo es lo que preocupa hoy, más que la reducción del déficit, a los inversores-especuladores.