Jugando con fuego

Llega la hora de “cerrar la edición” de esta crónica digital, que en la práctica quiere decir la hora de irse a dormir, sin que los ministros de economía de la UE reunidos en Luxemburgo hayan llegado a un acuerdo sobre la entrega a Grecia de los 12.000 millones de euros que quedan del préstamo que fue concedido en mayo del 2010, cuando el agua nos llegó al cuello y hubo que hacer aprisa y corriendo lo que se había venido retrasando durante meses.

El presidente del Eurogrupo, el primer Ministro luxemburgués, Jean Claude Junkers, augura que no será hasta mañana cuando se llegue a un acuerdo y lamenta que sigamos “jugando con fuego”, es decir retrasando una y otra vez la concesión de la ayuda a Grecia. No me cabe ninguna duda de que los 12.000 millones se concederán, primero porque son un desembolso parcial de un crédito ya concedido y segundo porque no hacerlo significaría firmar la insolvencia de Grecia que no podría devolver la Deuda que le vence antes de finales de julio.

No se dejará que la sangre llegue al río porque todos son bien conscientes de las consecuencias. Otra cosa es la concesión de un nuevo préstamo de otros 110.000 millones, que debe ser decidido por el Consejo Europeo en su reunión de los próximos días 22 y 23 de junio. Si se quiere evitar el default griego a medio plazo no habrá más remedio que hacerlo, pero se está lejos de un acuerdo sobre las condiciones para Grecia y, sobre todo de la participación del sector privado en los costes de la operación. Y aquí también se está jugando con fuego.

Las discusiones durante la pasada semana han sido de infarto. Los riesgos de contagio han estado haciendo caer las Bolsas y el euro hasta que el viernes una supuesta concesión de la canciller Merkel durante la visita de Sarkozy les hizo rebotar con fuerza, mostrando una vez más el carácter histérico de los mercados financieros que sobrerreaccionan ante cualquier noticia o rumor. Los costes del endeudamiento griego han seguido subiendo, el jueves la prima de riesgo subió el 12 %, las calles de Atenas se han llenado de manifestantes y Papandreu ha tenido que remodelar el gobierno cambiando al ministro de Hacienda. No hay acuerdo con la oposición para aplicar un nuevo plan de ajuste, condición exigida por el FMI para conceder un nuevo préstamo y la cacofonía de declaraciones contradictorias y desacuerdos profundos entre los países y las instituciones europeas ha alcanzado extremos sublimes.

Básicamente, dos tesis se han estado afrontando sobre la manera de ayudar a Grecia a digerir su enorme deuda pública que llega ya al 160 % de su PIB, unos 350.000 millones de euros. La defendida por Alemania que pide una “contribución” de los acreedores, es decir una “restructuración” de la Deuda que implica cobrar menos intereses, o cobrarlos más tarde, o suscribir de nuevo la Deuda que vence con plazos más largos, o en el límite perder parte del capital invertido.

El BCE, con la ayuda de Francia, se opone con extremo vigor a esta propuesta. Cree que provocaría una onda de choque sobre la zona euro con consecuencias parecidas a la quiebra de Lehman Brothers, aparte de que afectaría negativamente a su balance y a los bancos franceses, cuya exposición a la deuda griega es el doble que la de los bancos alemanes. Quizá por eso ven la cosa de distinta manera. Para el BCE nada de reestructuraciones ni de facilidades, las deudas hay que pagarlas y para ello las ayudas tienen que ir garantizadas por nuevos planes de ajuste y de austeridad.

El problema es que la austeridad y los ajustes que se han aplicado hasta ahora no han servido para mucho, mejor dicho han servido para hundir a Grecia en la recesión, el déficit no se ha reducido y la contestación social se hace explosiva. Es dudoso que más planes de austeridad sirvan para que Grecia salga del atolladero y pueda reembolsar su Deuda. Los alemanes ya no se lo creen .Y por eso quieren que los que le han prestado a Grecia un tanto alegremente pensando que la solidaridad europea, es decir alemana, garantizaría el cobro soporten parte del coste.

El argumento tiene lógica económica y una incuestionable dimensión moral. Hay un límite a lo que el pueblo griego puede soportar y más austeridad no hará sino matar el crecimiento y aumentar la insolvencia. Además, los prestamistas que no quisieron ver el riesgo de prestar a Grecia antes del 2008, cuando el spread con el bono alemán era prácticamente nulo, deben cargar con las consecuencias de su error. Y los contribuyentes del norte de Europa están cansados de seguir “ayudando” a un país que no sale a flote como se les prometió.

Pero…, es una operación de alto riesgo, como la extracción de un tumor. Hay que ver como se hace y como se explica y de momento las explicaciones han sido catastróficas desde el punto de vista de la comunicación. Como se dice en la prensa anglosajona, Europa no sabe hablar a los mercados y en materia de crear confianza somos una nulidad. La operación puede metastizar la enfermedad, si no lo está ya. Una restructuración puede significar la insolvencia de los bancos griegos, que son los que más Deuda griega tiene en sus balances, más del 140% de sus fondos propios. El coste de recapitalizarlos puede ser superior a la disminución de la Deuda reestructurada. Además, al día siguiente Grecia tendría que seguir financiando su déficit, ¿a qué precio y a qué condiciones?

Por eso Alemania siempre había insistido en que la participación de los acreedores privados debería ser “voluntaria”, es decir pactada, aunque la forma de utilizar el término planteaba dudas sobre su significado. Y por primera vez en la historia del euro, Alemania y el BCE han estado abiertamente enfrentados. Cuando el viernes Merkel precisa ante Sarkozy que ese “voluntariado” sería “de acuerdo con el BCE ” y que no implicaría ningún “credit event”, es decir impago de Deuda, se echan las campanas al vuelo y suben la Bolsas porque se cree que Alemania ha cedido. Me temo que es prematura tanta satisfacción porque Merkel ha dicho también que la contribución de los deudores debe ser “substancial”, tal como exige la moción votada por el Bundestag el 10 de junio. El miércoles 22, cuando Merkel comparezca ante el Bundestag antes de ir a Bruselas sabremos lo que significan esas palabras.

Pero, en mi opinión, los acreedores privados de Grecia tendrán que contribuir a superar la crisis. El escalonamiento de la Deuda, es decir dar plazos más largos, es la forma más dulce de reestructurar y no van a poder la, porque de aquí a finales del 2014 vencen 80.000 millones de Deuda griega.

Es lo que se hizo con la Deuda de los países del Este en los primeros momentos de la crisis, con los acuerdos llamados “de Viena”, por los que los bancos de los países del oeste de Europa aceptaban alargar los plazos de amortización o suscribir deuda nueva en sustitución de la que vencía.

Mientras tanto, el pueblo griego está en la calle y cualquiera que sean los acuerdos a los que se llegue, el peso de la austeridad en la sociedad griega debe ser soportable y para ello distribuirse equitativamente. De lo contrario la quiebra política precederá la económica y la hará más grave. Y entonces sí que la explosión afectará a todo el proceso de integración europea.