Y van tres

Sócrates, el primer ministro dimisionario portugués, tuvo que ceder ante lo que era inevitable y pedir la ayuda financiera de la UE para evitar la insolvencia del país antes de junio.

Pero se ha resistido hasta el final, quizás demasiado. Sin hacer caso a las presiones discretas que recibía de los que pensaban que las medidas que tenía que tomar para combatir la presión especulativa de los mercados eran ya inviables y creaban mas tensiones que las que resolvían, como veníamos opinando en estas crónicas de la crisis.

La situación se volvió imposible cuando la oposición de centro derecha se negó a aceptar un nuevo plan drástico de reducción del déficit,  las agencias de notación siguieron rebajando la calificación de la Deuda portuguesa y de sus bancos y los tipos de interés que los mercados reclamaban llegaron al 10 % ,es decir la asfixia financiera. Pero la puntilla se la dieron los propios bancos portugueses cuando se negaron a seguir comprando deuda pública porque su baja calificación arrastraba a la suya.

Ironía de la historia, finalmente será el plan que fue rechazado en el Parlamento el que servirá de base para las contrapartidas que el FMI/UE pedirán a Portugal para concederle su ayuda.

Sócrates no quería de ninguna manera pasar a la historia como el primer ministro que volvió a poner el país bajo el control del FMI, aunque esta vez fuese en compaña con la UE. Intentó incluso recurrir a prestamos bilaterales de algunos países, entre ellos Francia, pero estos prefirieron que se utilizaran los instrumentos colectivos que tanto costo poner en marcha desde el mes de marzo pasado para venir en ayuda de Grecia.

Irlanda ha recibido 85.000 millones, de los cuales 35.000 son para ayudar a los bancos, y Grecia 110.000 millones en forma de prestamos bilaterales de los países del euro y del FMI. Para Portugal la ayuda conjunta de la UE y del FMI alcanzaría los 75.000 millones de euros y se concedería muy deprisa, antes sin duda de las elecciones del 5 de junio.

Por otra parte, la restructuración de la deuda griega parece cada vez mas inevitable. Ya no hay casi compradores de deuda griega que se negocia al 15 % en el mercado secundario E l plan de austeridad, por muy drástico que sea, o precisamente por eso, no consigue reducir el deficit público y más austeridad ya no conseguiría sino hundir todavía mas la economía en la recesión.

Esto es lo que le ha ocurrido a Portugal, como antes a Irlanda. Y por eso todos los ojos están puestos ahora en España. Nuestra situación es bien diferente, sobre todo si se mide por la cifra clave que es el coste de la financiación que esta todavía por debajo del 6. Pero de España preocupan las expectativas de crecimiento, que siguen siendo muy débiles, y el verdadero coste de la restructuración bancaria, que sigue siendo desconocido y que los mercados estiman muy superior al que reconoce el gobierno.

Pero otro día veremos lo que puede pasar en Madrid. El otro polo de la atención de esta semana ha sido Frankfurt. El mismo día casi Portugal tiraba la toalla, Trichet subía un cuartillo el tipo  de interés desde el 1 al 1,25 % . Y lo ha hecho antes de que lo hiciese la reserva Federal Americana o el Banco de Inglaterra y no digamos el del Japón. Claro que el BCE es el único Banco Central que sólo tiene entre sus objetivos la lucha contra la inflación, sin tener que pararse a pensar los efectos que sus medidas tienen sobre el crecimiento.

Al BCE le ha asustado una inflación del 2,6 % en el conjunto de la zona euro, cuando su objetivo es del 2 % , aunque la inflación subyacente este por debajo del 1 % y que el efecto inflacionista se deba sobre todo al precio del petróleo.

La decisión del BCE se puede justificar desde el punto de vista de su única misión, mantener baja la inflación a cualquier precio. Es una medida tomada para el conjunto de la eurozona que viene bien a las economías centrales, especialmente la alemana, pero que tendrá efectos negativos sobre las economías periféricas débiles a las que les, nos, será más difícil salir de la recesion, sobre todo allí, como aquí, donde las deudas estén a tipos de interés variables.

Es posible que este sea un nuevo paso en falso del BCE. El anterior fue en junio del 2008 cuando el barril estaba a 127 euros, como ahora,  y decidió subir los tipos de interés ante las tensiones inflacionistas que decía que veía venir. Que Dios les conserve la vista a los de Frankfurt, porque poco después el precio del petróleo se desplomaba y la crisis económica, que había empezado medio año antes en EEUU le obligaba a bajar a toda velocidad los tipos del 4,25 al 1 %.

Ahora es difícil que el aumento del precio del petróleo se traduzca en una espiral alcista de costes y de rentas. La oferta monetaria esta contenida en el 2 %, el desempleo y los excedentes de capacidad no son los ambientes propicios para que se desaten tensiones inflacionistas. Pero la ortodoxia monetarista se ha impuesto otra vez en este lado del Atlántico. No seria demasiado grave si la cosa se acabase aquí y no fuese el inicio de una progresiva restricción monetaria que entonces si seria fatal para las economías convalecientes del sur.