Pacto por el euro

El viernes 11 de marzo el Consejo Europeo llegó a un acuerdo de principio sobre el “pacto por el euro”. Aunque  deberá ser afinado y confirmado en el próximo Consejo del 23  24, se trata de un acuerdo trascendental para el futuro de Europa que dará lugar sin duda a numerosos debates y polémicas a medida que su contenido se vaya concretando.

Se trata de un nuevo instrumento de acción y disciplina colectiva que se añade al Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), el mismo sometido a revisión.

El acuerdo llega contra toda hipótesis puesto que las diferencias de partida eran demasiado grandes como para esperar que se superaran tan rápidamente. Seguramente la rebaja, la víspera, de la calificación de la Deuda pública española y portuguesa y las exigencias del nuevo gobierno irlandés, han aconsejado salvar la cara y ofrecer un acuerdo ambiguo que evite aumentar la desconfianza de los mercados

El “pacto por el euro”  pretende dar una respuesta  a la crisis de la Deuda soberana en la zona euro en la línea de lo planteado por Alemania y Francia. Dentro de una voluntad de acuerdo general, sólo el problema del dumping fiscal de Irlanda ha quedado abiertamente sin resolver.

En efecto, el nuevo primer ministro irlandés, E. Kenny, se ha negado a hacer el menor gesto para aumentar su tipo de impuesto sobre el beneficio de las empresas, que con el 12,5 % representa un claro dumping fiscal para el resto de los países de la eurozona. En consecuencia tampoco se le ha concedido la revisión que reclamaba del plan de ayuda negociado en noviembre pasado por su predecesor y no ha conseguido que le rebajaran el tipo de interés de los prestamos europeos.

Pero ha sido la única confrontación abierta. En lo demás se ha abierto una vía de compromiso global para mejorar la competitividad de la eurozona

En la eurozona, como en la clase de un gran colegio, hay buenos y malos alumnos. El irlandés es el alumno rebelde que se niega a aceptar la consigna de armonización de las políticas fiscales que parece imprescindible para evitar la marcha divergente de las economías europeas. El alumno díscolo deberá hacer un gesto si quiere la ayuda de los demás.

El primer paso en esta armonización debe ser el de la base de cálculo del impuesto de sociedades, largo tiempo olvidado en los cajones de la Comisión y cuya necesidad todo el mundo parece aceptar ahora. Aleluya.

El alumno bueno es el griego, que continua, contra la resistencia social que levanta, su plan de saneamiento y de reformas estructurales. Y además promete acelerar su programa de privatizaciones hasta 50.000 millones de euros. El premio ha sido una rebaja de un punto en el tipo de interés de los prestamos que ha recibido del Fondo europeo de Estabilidad Financiera (FESF) y prorrogar el plazo de devolución de 4,5 a 7,5 años.

Falta le hace este balón de oxigeno a la pobre Grecia. El esfuerzo que se le está pidiendo a sus ciudadanos es enorme y las dudas sobre la viabilidad del plan de rescate sin tener que pasar por una restructuración de su Deuda crecen cada día. En el fondo lo que se ha hecho es una restructuración de la Deuda que le habíamos comprado los europeos, puesto que hemos aceptado cobrar mas tarde y con menos interés.

Portugal esta en la cuerda floja, aprobado raspado o para septiembre, tendría uno ganas de bromear si la cosa no fuera tan seria y detrás de todo eso no hubiera tanto sufrimiento humano. Sócrates ha anunciado un nuevo plan de economías y de reformas que han sido recibidas  sin demasiado entusiasmo. Portugal está intentando escapar al acoso de los mercados y evitar tener que pedir la ayuda europea. Pero creo que ya ni sus socios en el euro piensan que ese esfuerzo valga la pena y casi preferirían que Portugal aceptase ser ayudado para rebajar la tensión en el mercado de Deudas públicas.

Hasta ahora se decía que si Portugal caía, España seria la siguiente, pero ahora parece mas bien pensarse que cuanto más se resista Portugal más difíciles van a ponerse las cosas.

España ha anunciado que presentara nuevas reformas y ajustes. Y se ha quejado, con razón, del comportamiento arbitrario de las agencias de notación que han rebajado la calificación de nuestra Deuda sin explicaciones ni motivos. Pero el problema es que los mercados se creen mas a lo que dicen estos agentes, supuestamente neutrales, que a los gobiernos, obviamente interesados en defender su caso. La diferencia de evaluación de las necesidades de capital de las Cajas tendrá que ser resuelta si queremos que la calma vuelva a los mercados de Deuda española.

La clase en su conjunto ha recibido un premio con la decisión de que el FESF aumentara su capacidad efectiva desde los 250.000 millones actuales a 440.000. Y a partir del 2013 tendrá naturaleza permanente y una capacidad efectiva de 500.000 millones.

Y lo que es mas importante, podrá comprar directamente Deuda pública de un Estado en dificultad a un tipo de interés pactado. Es en la practica como si se diera ayuda sin pedirla. En cambio, nada de eurobonos ni que el FESF compre a los bancos la Deuda pública que ya tienen.

Como se ve, una de cal y otra de arena, que es como se va construyendo, en el dolor del ajuste, la tan necesaria coordinación económica entre europeos, que ojala hubiésemos tenido antes de que estallara la tormenta.