El mundo ante Libia

La presión exterior aumenta sobre el régimen de Gadafi al mismo tiempo que su superioridad militar ha convertido la revuelta en una guerra. Disponer del arma aérea, como tiene Gadafi, es decisivo en un país como Libia que es poco más que una autopista que atraviesa el desierto bordeando el mar. Un escenario muy poco propicio para la guerra de guerrillas y en el que la aviación tiene todas las de ganar, sobre todo si el adversario no dispone de defensas antiaéreas.

A Gadafi solo lo echara de su refugio de Trípoli la comunidad internacional. La rebelión no tiene fuerza suficiente para hacerlo por si sola y puede incluso no resistir los ataques de Gadafi. Pero después de lo ocurrido es inimaginable que americanos y europeos permitieran que el dictador que ayer cortejaban y que hoy denostan se quede en Libia sentado sobre un montón de cadáveres.

Si, ¿pero cómo hacerlo? ¿Qué recursos y porque procedimientos puede el mundo occidental intervenir en Libia sin generar el sentimiento de que el colonialismo/imperialismo vuelve a decidir el destino de un pueblo árabe?

Es la gran cuestión del momento. Sobre ella acabamos de celebrar aquí, en el Instituto de Florencia, un más que interesante debate y la opinión de los expertos es que occidente debe pensárselo dos veces, o más, antes de expulsar a Gadafi de Trípoli interviniendo el Libia con tropas de tierra.

A pesar de las declaraciones, el ardor guerrero de Obama es más bien limitado. Y el del Pentágono más todavía. El 25 de febrero pasado, el Secretario de Estado de Defensa americano Gates decía a los cadetes de West Point: “cualquier ministro de Defensa que aconseje al presidente enviar de nuevo un ejército de tierra a poner el pie en África o el Oriente Medio debería hacerse mirar el cerebro”. Una reverencia clara a Libia. Claro que entonces se pensaba que la revuelta-revolución de los libios podía hacer el trabajo sola. Ahora que no está claro que pueda, la comunidad internacional se enfrenta al dilema de dejar que venza el más fuerte o intervenir para ayudar a la rebelión. O , como tercera solución transitoria que algunos proponen o vaticinan que va a ocurrir , dejar a Gadafi atrincherado en Trípoli sin acceso a los recursos del petróleo y los sublevados en Bengasi controlando los yacimientos y los terminales costeros por los que se exporta.

Porque, ¿qué es Gadafi sin el mana petrolero? Sería algo así como sitiarlo por hambre hasta que le abandonen los suyos, leales o mercenarios. Para eso hace falta cortar su acceso a los fondos que ya tiene acumulados. Y en este sentido van las nuevas sanciones financieras tomadas por la UE, congelando los activos que el Banco de Libia y el fondo de inversión estatal Libyan Investment Authority tiene en Europa. Pero no han congelado todavía los de las empresas petroleras libias porque no se sabe cuales están controladas por Gadafi y cuales por los rebeldes. Por lo visto, la guerra de posiciones no se libra solo sobre el terreno sino también en los libros de contabilidad.

Pero volviendo a las opiniones de los militares y de los políticos que tienen la cabeza fría y no juegan de farol , está claro que una intervención militar occidental sobre el terreno no es para mañana. El nuevo Ministro de Exteriores francés , A. Juppe analizaba negativamente la reacción que ello produciría en la opinión pública árabe. La propia oposición Libia se opone a una intervención militar directa sobre el terreno. Aprecian la ayuda que les demos pero entrar en Trípoli en los carros de combate de los occidentales seria su peor tarjeta de visita para el futuro. Tienen que ser ellos los que liberen Trípoli , como tenían que ser los franceses de Leclerc los que liberaron Paris.

Está claro que los EE. UU. bastante tienen con lo que tienen como para entrar en otro avispero. Ya han aprendido que la mejor manera de no entrar como un elefante en una cacharrería es no entrar en ella.

Puede parecer una actitud poco comprometida con la defensa de la democracia en Libia, pero es la que hemos mantenido en la práctica hasta que estallo la revuelta y, a fin de cuentas, los EE. UU. no tiene ningún interés estratégico allí. Libia solo es el 2 % de la producción mundial de petróleo y casi todo va a Europa sobre todo a Italia. Si se tratase de Arabia Saudita la cosa cambiaría. Solo una desestabilización de Arabia justificaría una intervención de los EE. UU.

Pero están los europeos, se puede pensar. El caso es que están en este caso tan divididos como casi siempre. Y son muchos los que piensan que , suponiendo que se quisiera mandar una fuerza de intervención europea, sería una mala solución política a medio plazo. El Consejo Extraordinario convocado para el próximo día 11 nos dará la respuesta sobre la determinación europea. De momento su Presidente ya ha enviado un mensaje a los jefes de Estado y de gobierno animándoles a expresar su apoyo sin reservas a la transición hacia “más democracia en la región “… El mensaje seguro que lo enviaran , pero viniendo de los mismos que hasta antes de ayer expresaban su apoyo sin reservas a Gadafi , no tiene mucho valor. Se trata de ver si se está dispuesto a mandar algo más que mensajes , y sobre eso el acuerdo va más bien en la dirección de considerarlo contraproducente

Además, nada puede hacerse sin un acuerdo en la ONU y el aval de la Liga Árabe. El primero está lejos de conseguirse por la reticencia de China y de Rusia. Y el segundo esta menos claro todavía.

Queda la posibilidad de establecer la “no flying zone” de la que tanto se habla para impedir que los aviones de Gadafi puedan bombardear a su población. Tampoco podría hacerse sin el acuerdo de la ONU porque es un puro acto de guerra. Y por otra parte nada fácil de aplicar. Hacen falta muchos medios de forma permanente y neutralizar primero militarmente las defensas antiaéreas.

Y sin embargo, es lo único que tiene posibilidades de se, como se hizo en el pasado en Yugoslavia y antes en Irak para protege a la población kurda de las bombas de Saddam Hussein. China y Rusia se dejarían convencer y a eso si que se pueden asociar la Liga Árabe y la Conferencia Islámica. En mi opinión y en la de la mayoría de los expertos que participaban en el debate, se va a establecer esa zona pero no se irá más allá.

Y hablando de los kurdos, tampoco en la OTAN hay unanimidad para acometer una acción que, se la llame como se la llame, implica una acción militar en Libia. Turquía se opone argumentando que a la OTAN no se le ha perdido nada allí y que solo puede actuar cuando uno de sus Estados miembros es atacado.

Quedan por supuesto las sanciones económicas que en el caso de Libia serían poco efectivas. Las únicas que valen son las relativas a la congelación de los haberes de Gadafi y los suyos y eso, poco a poco, se va haciendo.

Demasiado poco a poco para evitar que la dureza de la respuesta de Gadafi cause más muertos.