El petróleo, entre crisis y especulación

Mientras Gadafi se atrinchera en Trípoli y los europeos, Italia incluida, le dan por perdido y olvidan su pasada confraternización, el mundo ve como el petróleo alcanza precios récords, cercanos a los 120 $/barril, y teme que un nuevo choque petrolero dificulte aun más la recuperación económica.

¿Cuánto hay de justificado en esta escalada de precios y cuanto se debe a la especulación que juega a propagar temores exagerados? Algunas de las previsiones al alza son disparatadas, como la de Nomura Securities que ve el petróleo a 220 $/barril mientras que para el FMI, el precio medio del 2011 será de 95 $/barril. Parece como si los “traders” estuvieran jugando a hacerse miedo los unos a los otros para especular a un alza auto provocada. Siempre es así, cuando la geopolítica del Medio Oriente afecta al mercado del petróleo los elementos fundamentales de la oferta y la demanda dejan de contar y son substituidos por elementos especulativos sobre lo que podría ocurrir si la crisis produjera una interrupción de los suministros.

Es normal que los acontecimientos de Libia impulsen los precios al alza, pero el peso de Libia en el aprovisionamiento de petróleo es pequeño, con la excepción de Italia, que importa un tercio de la producción libia, mientras que España solo el 9 %. Si Libia dejase de producir podría fácilmente ser substituida por las reservas estratégicas de la AIE o por un incremento temporal de la producción de Arabia Saudita, que ya ha declarado estar dispuesta a hacerlo.

En realidad, un precio por encima de los 120 $/b traduce la preocupación por un efecto contagio de las revueltas árabes que pudiera afectar a producción Saudí. Entonces si estaríamos ante un problema grave porque Arabia Saudí suministra el 10 % de los 80 millones de b/día que consume el mundo y su peso simbólico, asociado a sus grandes reservas, el tercio de las totales, es superior incluso a su parte en la producción mundial.

De momento ese escenario es poco probable. El Rey Abdallah acaba de volver a su país como un verdadero rey mago, cargado de regalos para su pueblo en forma de aumentos de sueldos y ayudas a estudiantes y parados por valor de 25.000 millones de euros. Y además con un plan de modernización de la educación, la salud y las infraestructuras de 300.000, millones de euros en 3 años. No está mal para un país de 26 millones de habitantes.

Está claro que las monarquías petroleras le han visto las orejas al lobo y se están rascando los bolsillos para apagar, regándolo con dólares un posible foco de incendio social, que ya ha afectado al vecino Bahrein. La falta de perspectivas de la población menor de 24 años (el 20 % de la población), sobre todo de los diplomados, es un problema que se agrava y ya se sabe que son los jóvenes, sobre todo los educados y sin futuro, los que hacen las revoluciones.

Los choques petroleros han estado en el origen de las tres grandes recesiones que han sufrido los países desarrollados y tienen hoy razones para temer unos acontecimientos en cadena que acaben de matar el débil crecimiento y provoquen más tensiones sociales ante un encarecimiento de los costes que no pueda repercutirse en alzas salariales.

Los costes de producción aumentarían, lo que penalizaría los beneficios, pero sobre todo los salarios, lo que disminuiría aun más la demanda y el crecimiento, primero en casa y después en los países exportadores de bienes de consumo como China.

Además una inflación energética pondría en dificultades a los Bancos Centrales para mantener una política monetaria acomodaticia. Es posible que la FED atendiese al objetivo del crecimiento tanto como al de la lucha contra la inflación, a fin de cuentas su mandato está basado en esos dos objetivos a la vez. Pero para el BCE solo cuenta la inflación, aunque sea importada, y si tuviera que subir los tipos de interés es lo que nos faltaría a los países fuertemente endeudados.

Ese riesgo existe aunque por el momento las alzas de precios del petróleo responden más a la explotación especulativa del temor que al peligro mismo. El papel de la especulación en el incremento del precio del petróleo ha sido muy discutido pero hay datos que solo movimientos especulativos pueden justificar. Desde que en el año 2000 los EE.UU. desregularon el mercado de futuros los oil swaps se desarrollaron movilizando billones de dólares de los grandes Bancos de inversión tipo Goldman Sachs y JP Morgan. A finales de esta década el precio del petróleo subió en un año de 67 a 147 $/b para luego hundirse hasta 45 $/b. En un solo día llego a subir 25 $/b. Mientras los aumentos de precio fueron del 100 % los aumentos en la demanda fueron solo del 5 %.

Se estima que el 70 % de los contratos del mercado de futuros del petróleo son de naturaleza especulativa, es decir petróleo de papel que no se llega nunca a comprar de verdad. El presidente Sarkozy tenía razón cuando lanzó una fuerte diatriba al tomar la presidencia del G20 sobre la especulación en el mercado de materias primas. Me temo que va a tener una excelente ocasión para bajar de las musas al teatro y actuar de verdad para que los especuladores no se aprovechen de la inestabilidad creada por las revueltas en los países árabes para hacer más grave la crisis económica mundial. Aunque no está nada claro cómo podría evitarlo.