El año de la desconfianza en el euro

El año se acaba con un Consejo Europeo que no ha disipado la desconfianza en el euro porque las medidas que ha adoptado no están a la altura de los problemas que afectan a la moneda única.Y a pesar de que se ha lanzado un salvavidas a Irlanda las grandes cuestiones que se han planteado durante este turbulento 2010 se seguirán planteando en el 2011. ¿Cómo hemos llegado hasta esta situación, porque las sucesivas medidas adoptadas por los gobiernos no han tranquilizado a los mercados?, ¿la zona euro es aun viable, que países pueden estar tentados por la, cuales serian las consecuencias y como podrían evitarse?

Pero más que de prospectiva, este fin de año es momento de recapitulación. A principios del 2010 los problemas nacionales eran bien conocidos: déficit presupuestario griego, crisis bancaria irlandesa, pérdida de competitividad en España. Pero el euro gozaba de buena salud y no inspiraba desconfianza. Si este ha sido el año en el que se ha instalado la desconfianza en el euro ha sido por los titubeos de los gobiernos, por sus compromisos para la galería y las medidas caso por caso que no han hecho sino extender el contagio y señalar la siguiente víctima de la especulación financiera.

Durante el invierno no se quiso ver las orejas del lobo y se dejo que la crisis griega contagiara a otros países. Una respuesta contundente de la UE hubiera evitado que del problema de Grecia, menos del 3 % del PIB europeo ,se convirtiese en un problema para el euro. Pero los gobiernos, condicionados por la actitud alemana de castigar a los que habían incumplido las reglas antes de ayudarles, se dedicaron a jugar al póker con los mercados, con amenazas de intervención que ellos mismos se encargaban de desacreditar con sus contradictorias declaraciones.

En la primavera los gobiernos ya habían perdido la partida frente a los mercados. La especulación hacía imposible financiar el déficit griego y Portugal, Irlanda y España estaban en el punto de mira. Llegamos al dramático fin de semana del 9 de mayo, por ironía del destino día de Europa, con la decisión de última hora de crear un fondo europeo de rescate (European Finantial Stability Facility, ESFS) de 750.000 millones de euros para evitar el colapso de Grecia y una oleada especulativa contra el euro.

Después de meses de dilaciones y contradicciones, la decisión fue tomada literalmente contra reloj, antes de que abriesen los mercados financieros en Tokio. Mejor tarde que nunca para nos, pero aunque la EFSF haya sido un paso de gigante que hubiera sido impensable unos meses atrás, lo cierto es que el ritmo y los procesos de decisión europeos alimentaron la crisis en vez de detenerla.

Si la primavera fue mala el otoño ha sido peor. Después de Grecia, Irlanda. Y la reacción de los mercados al plan de ayuda a Irlanda a través del EFSF demuestra que el problema no es la situación de un pequeño país sino que es más de fondo. El programa de saneamiento irlandés va a machacar a las familias pero salva a los que habían asumido el riesgo de prestar cantidades irracionales de dinero a los bancos. Y tanto en Irlanda como en Grecia, la ayuda se concede a un tipo de interés punitivo que hará muy difícil que se pueda estabilizar el ratio Deuda pública/PIB .

Hasta ahora la respuesta básica ha sido el rigor presupuestario, que se ha impuesto en toda Europa para satisfacer a las exigencias de los mercados. “Hay que calmar a los mercados”, decía Trichet en su reciente visita al Banco de España, como argumento inapelable que justificaba el retraso en la edad de jubilación. Esta frase la repiten los responsables políticos europeos y nacionales como si los mercados fuesen una especie de cruel divinidad a la que hay que ofrecer sacrificios continuamente. Pero esos sacrificios tienen un efecto cada vez más corto como el caso español e irlandés ilustran cotidianamente. El invierno nos ha traído la última respuesta a la crisis. La creación por el Consejo Europeo de un mecanismo permanente para hacer frente a las crisis de los Estados miembros, (European Stability Mechanism, ESM) que entrara en vigor cuando el EFSF caduque en el 2013.Para ello hará falta una reforma “menor” del recién estrenado Tratado de Lisboa ,que deberá ser ratificada a finales del 2012.

Una vez más, la decisión viene acompañada de las contundentes declaraciones acerca de la inquebrantable voluntad de hacer lo que haga falta para salvaguardar el euro. Pero también una vez más parece que Europa hace demasiado poco y demasiado tarde, o por lo menos no lo suficiente y demasiado despacio. En todo caso, como ha dicho el director del FMI, D. Strauss Kahn, Europa va más despacio que los mercados.

El paso del EFSF al ESM es sin duda una mejora. Pero mucho me temo que no será suficiente para vencer la desconfianza sobre el euro que se ha instalado en los mercados y que está alimentada por poderosos intereses.

Para vencerla de verdad haría falta la creación de los eurobonos, como ha propuesto el presidente del Eurogrupo J. C. Juncker, y que ha sido tajantemente rechazada por Alemania. Solo así los países en dificultades podrán financiarse a tipos razonables. Se dice que Irlanda o Grecia son insolventes, pero si Alemania tuvieses que financiar su deuda al 9 %, también acabaría siendo insolvente en poco tiempo.

Es imprescindible ampliar la cooperación macroeconómicas para reducir las diferencias de competitividad que son el verdadero problema, pero sin reducir al mínimo común denominador los derechos sociales. El presidente del grupo socialista en el Parlamento Europeo decía en un reciente artículo que no es recortando loe elementos básicos del sistema social europeo como vamos a salir de la crisis. Pero por ese camino vamos.