El Consejo Europeo, Alemania y las agencias de notación

El Consejo Europeo del pasado 16 de diciembre creó un mecanismo permanente para hacer frente a las crisis (el European Stability Machanism, ESM) que releve al sistema provisional establecido en la urgencia en la pasada primavera (el European Finantial Stability Facility, EFSF) cuando este llegue a su fin en el 2013.

Para ello hace falta una modificación “menor” en el recién estrenado Tratado de Lisboa que deberá ser ratificada por los Estados miembros antes del fin del 2012. Pero aunque sea corta en su redactado, es profunda de significado porque implica abandonar la tesis fundacional del euro según la cual las crisis no se podían producir gracias al Pacto de Estabilidad y por tanto no hacía falta concebir un sistema para hacerles frente.

El texto deja claro que la ayuda financiera a un país estará sometida a estrictas condiciones, pero no llega tan lejos como calificarlo de recurso de última instancia, como pretendía Merkel siempre atenta a las exigencias de su opinión pública y a la vigilancia de su Tribunal Constitucional.

Después del Consejo, como es habitual, se produjo un coro de declaraciones proclamando enfáticamente que la UE haría todo lo necesario para salvaguardar el euro y asegurar la adecuada ayuda financiera a los países en dificultad.

Pero los mercados no parecen compartir este entusiasmo y no han reaccionado demasiado bien a las decisiones del Consejo. El euro ha seguido bajando y las primas de riesgo subiendo. Mientras el Consejo aplaudía los esfuerzos de Irlanda para aceptar las exigentes condiciones impuestas para recibir la ayuda del EFSF la agencia de notación Moody´s recortaba el rating de Irlanda en 5 grados hasta el Baa1.Y además, el rating de los bonos griegos seguía también bajando hasta llegar casi a la clasificación de bonos basura.

En realidad, aparte de las promesas y del mantenimiento de un mecanismo de intervención, el Consejo no adoptó ninguna medida inmediata para hacer frente a la crisis. Pero la tranquilidad de los mercados es aparente, en cualquier momento pueden volver a las andadas y atacar a otro país y entonces la UE se encontrará otra vez en la necesidad de buscar soluciones de urgencia. Así se lo planteamos algunos al presidente del Consejo Van Rompuy durante su reciente visita a Madrid, pero es evidente que no existe hoy en el Consejo la necesaria voluntad política para ir más allá y anticiparse a los acontecimientos.

El Consejo no ha aumentado los recursos del EFSF aunque se asegura que el ESM dispondrá de los “necesarios”. Tampoco se ha acordado que los 440.000 millones de euros del EFSF puedan utilizarse para comprar Deuda Pública de un país en dificultad, como el BCE está haciendo aunque sea a cuentagotas y pasando por el mercado secundario, como sus Estatutos le exigen.

Tampoco, como era de prever, se ha aprobado la idea de los eurobonos, es decir Deuda Pública europea, como forma de mutualizar los riesgos y conseguir tipos de interés más bajos. Esta propuesta es hoy por hoy considerada tabú por Alemania con el apoyo de Francia. Y los avances en la coordinación de las políticas macroeconómicas ponen el énfasis en la consolidación fiscal y en los planes de rigor que permitan reducir rápidamente los déficits. Pero a determinados tipos de interés no es posible estabilizarla Deuda. Se dice que Irlanda o Grecia tienen un problema de insolvencia, pero si Alemania tuviera que pagar su Deuda Pública a un tipo de interés del 9 % también acabaría teniendo un problema de insolvencia.

La rebaja del rating de Irlanda es un problema adicional para un país que lleva ya dos años soportando una drástica austeridad. Y plantea serias cuestiones acerca del papel que están jugando las agencias de notación que con sus decisiones están exacerbando la crisis del euro y aumentando las dificultades de los países.

Esa rebaja hará que el endeudamiento de Irlanda sea más caro, lo que hará más difícil reducir su déficit y así sucesivamente .Y si el rating sigue bajando se producirá un abandono masivo de la deuda irlandesa por parte de los inversores institucionales como los fondos de pensiones.

Solo una acción mucho más decidida por parte de la UE acabaría con esta dinámica negativa. Pero no ha sido así en el pasado Consejo porque la posición alemana impide avanzar en medidas innovadora, como la de los eurobonos. La opinión pública alemana considera que la ayuda a un país en dificultades debe concederse solo como el recurso de última instancia.Y eso, por definición, requiere que antes se hayan producido graves convulsiones en el sistema financiero.

Pero tampoco habría que subestimar la posición alemana con respecto a la necesidad de salvar al euro. Merkel ha repetido este compromiso y no es solo retórica. En su país algunos consideran que ha sido demasiado blanda y que no ha conseguido retirar el derecho de voto a los países que incumplan las reglas. Pero la posición de los socialdemócratas alemanes criticándola duramente por no estar a la altura de lo que Europa necesita en este momento histórico y apoyando los eurobonos, o la necesidad de más coordinación macroeconómica en Europa debe ser también tomada en consideración.

En el fondo la clase política y empresarial alemana sabe que el euro les ha beneficiado como potencia exportadora y que si el euro se hundiera el proyecto político europeo quedaría varado en un rincón de la Historia. Y por mucho que se haya enfriado su entusiasmo europeísta no están dispuestos a que ello ocurra.