¡Es la economía, estúpido!

Los hechos políticos más relevantes de esta pasada semana han sido la victoria de la heredera de Lula en Brasil y la derrota de los demócratas en las elecciones del mid term en EE.UU. Ambos acontecimientos eran esperados y no ha habido sorpresa, aunque la abultada derrota de la gente de Obama plantee mas interrogantes para el futuro que la victoria de una mujer en las presidenciales brasileñas.

Se puede considerar que la derrota de los demócratas es un problema de forma, o “de comunicación” como diríamos en España. De la personalidad de Obama, que algunos consideran distante, arrogante y de una superioridad profesoral que no gusta al “main street” americano. O más bien de las prioridades y del contenido de sus políticas.

Aunque el balance de los dos primeros años de Obama en política interior es más que respetable, desde la reforma sanitaria a la regulación financiera, la derrota electoral de los demócratas es consecuencia de la crisis social que corroe a los EE.UU., con la pobreza y el paro alcanzando niveles récord.

Como en otra época, se podría también ahora decir “¡es la economía, estúpido!”. En mi opinión, el voto del pasado martes se explica sobre todo por una reacción de cólera frente a un situación económica dramática para la mayoría de la población. El desempleo alcanza el 10 %, y sería mucho mayor si lo calcularan como en Europa. Pero es que la duración mediana del paro ha alcanzado los 6 meses, algo nunca visto desde hace décadas. El 14% de la población, 42 millones de personas, comen gracias a la distribución de cupones alimentarios. El crecimiento anémico, del orden del 2% deja pocas esperanzas, y la moral anda por los suelos. Por los suelos.

Por eso, los apoyos que Obama cosechó para llegar a la Presidencia se han quedado en casa. Se puede argumentar, con razón, que sin los planes de relanzamiento de la economía de Obama la situación seria mucho peor. Pero los electores no han valorado lo peor que podría ser sino lo malo que ya es. Y, a lo que parece, los republicanos han conseguido convencer de que los planes de estímulo fiscal y las medidas de intervención directa en la economía son parte del problema y no de la solución.

La cuestión es ahora si los republicanos abandonarán su radicalismo electoral y buscarán compromisos con Obama, como él los había buscado con ellos antes de estas elecciones. O si por el contrario buscarán una confrontación mayor entre la Casa Blanca y el Congreso. Si así fuera, el sistema político americano se bloquearía, y no sería posible adoptar nuevas medidas de estímulo económico.

Una situación así sería ya peligrosa en tiempo normales. Pero en estos tiempos existe un riesgo grande de deflación que explica por qué, al día siguiente de las elecciones, la Reserva Federal ha decidido aplicar el plan que ya había anunciado con anterioridad de inyectar liquidez mediante la compra de Bonos públicos por valor de 600.000 millones de dólares desde ahora hasta junio del 2011. Una cantidad superior a la prevista pero que ha dejado fríos a los mercados que ya la habían descontado. Pero que ha provocado un alud de criticas y una importante controversia dentro y fuera de los EE.UU.

Ante el bloqueo que se le avecina en el Congreso, esta es la última munición que le queda a Obama para intentar revitalizar la economía. Y la va a aplicar de la mano de un republicano, el gobernador de la FED Ben Bernanke, sobre el que ya han empezado a llover feroces críticas, y no sólo de los republicanos radicales, por una medida que presenta aspectos controvertidos. En el lenguaje técnico se le llama “quantitative easing phase 2″, designadas con el acrónimo QE2, otro más de los que la crisis nos ha obligado a aprender.

La FED inyecta liquidez en la economía comprando Bonos del Tesoro y los paga haciendo funcionar la maquina de imprimir dólares. Ya lo hizo en el momento mas crítico de la crisis y Ben Bernanke defiende la absoluta necesidad de hacerlo de nuevo para sacar la economía americana de su letargo.

Es una forma de intentar desbloquear los circuitos del crédito y de mantener los tipos de interés a largo a un nivel muy bajo para relanzar la inversión. El riesgo es que la expansión de la base monetaria creando dólares a gogó cree inflación, y asumir ese riesgo no es banal como comportamiento de un Banco Central. Pero la FED ha creído necesario luchar contra las tendencias deflacionistas que empujan a la baja todas las variables económicas.

Esa política monetaria americana, el último recurso para luchar contra la recesión, también debe contribuir a debilitar el dólar, como ya ha empezado a ocurrir. Es lo que se quiere para aumentar las exportaciones, pero algunos consideran que se corre el riesgo de debilitarlo demasiado y entrar en un terreno peligroso y desconocido para la política monetaria.

Por eso las primeras protestas han venido de los países emergentes porque esos dólares que la FED va a crear no se van a quedar en EE.UU. Se van a ir a otros países donde encontraran una mejor remuneración. Brasil y Corea ya han anunciado medidas defensivas frente a una entrada excesiva de capitales que presionan a la alza sus monedas y contribuyen a formar burbujas especulativas.

Pero cada cual utiliza las armas que tiene. China un control total sobre las entradas y salidas de capital. Otros, como Brasil, aumentan el impuesto a la compra por extranjeros de obligaciones locales esperando frenar así las entradas de capital.

Con esa política la FED trata de activar el ultimo resorte de crecimiento. Y la razón macroeconómica esta bien clara. Hasta el 2007 las familias y las empresas americanas se endeudaban a razón de 2 billones de dólares anuales. Ahora se desendeudan a un ritmo de 0,5 billones anuales. Los planes de relanzamiento fiscal hacen que el Estado se endeude en 1,5 billones adicionales, pero todavía falta un billón para que la economía reciba la misma financiación que antes del 2007.

Esa es la situación de fondo por la que el republicano Ben Bernanke ha activado el QE2.Una decisión arriesgada que marcara la política monetaria y la salida de la crisis durante los próximos años. Tendremos que seguir comentándolo.