La guerra de las monedas

Esta semana en la cumbre UE –China de Bruselas, los europeos les han dicho a sus huéspedes que les preocupa la debilidad del yuan y la ventaja competitiva que ello representa para las exportaciones chinas. Lo han hecho con toda la delicadeza del mundo, procurando no molestar a quien se ha convertido en el banquero del planeta y que, además, tiene el buen gusto de acudir a Bruselas anunciando que va a comprar un buen paquete de Deuda griega para mostrar su buena voluntad y su confianza en el euro.

Teniendo en cuenta que antes ya nos había echado una mano a los españoles comprando nuestra Deuda en el momento en que las cosas estaban muy difíciles para nosotros, es normal que todos los responsables de las instituciones europeas se hayan mostrado tan prudentes a la hora de señalar un problema que puede desencadenar una guerra mundial de las monedas.

La respuesta china ha sido también cortes pero tajante. Reevaluarán el yuan cuando les convenga y al ritmo que estimen soportable para no dañar su capacidad exportadora. Y además nos han explicado porque, con una franqueza que es de agradecer. Si el yuan se revalúa y las exportaciones disminuyen ello va a provocar el cierre de fábricas que no encontraran todavía un mercado interior para sus productos. Mucha gente se irá al paro y tendrán que volver a las zonas rurales de donde emigraron. La tensión social subirá y puede que no puedan contenerla. Y si eso ocurre y China se desestabiliza, todos saldríamos perdiendo, incluso los europeos.

Eso ya pudo ocurrir cuando la crisis en EE.UU. provocó una caída de las importaciones chinas. Las autoridades de Pekín reaccionaron con un gigantesco plan de estimulo fiscal y abriendo las espitas del crédito para contrarrestar el choque social provocado por la caída de la demanda externa. Pero no pueden seguir utilizando esos remedios indefinidamente. Tienen que defender su capacidad exportadora y una moneda revaluada les perjudicaría gravemente.

Más claro el agua. Y además, nos advierten, no debemos alinearnos con los americanos en la guerra del dólar contra el yuan, porque aparte de no convenirnos una China desestabilizada políticamente, los americanos hacen lo mismo con el dólar y también nos están haciendo a los europeos una guerra monetaria para defender sus puestos de trabajo.

Y es cierto, en un mes el euro se ha revaluado un 7 % con respecto al dólar y ha llegado a la frontera del 1,4 $/€. Lo hacen a través de las compras masivas de dólares por la Reserva Federal, que a diferencia del BCE, no esteriliza el aumento de liquidez que ello representa. Es decir, usando la máquina de imprimir billetes, aunque en el lenguaje a la vez críptico y políticamente correcto a eso le llaman “quantitative easing”, y presionando así a la baja el dólar.

Y los japoneses también están haciendo todo lo que pueden para reducir la escalada del yen. Y los suizos también manipulan para que no suba su franco. No cabe duda de que las zonas monetarias están entrando en un conflicto mundial sobre los tipos de cambio para defender sus empleos en casa ganando cotas de mercado fuera.

De manera que el euro, tan denostado ayer, se ha convertido en una especie de moneda refugio. A pesar de la crítica situación de Grecia y de nuevo de Irlanda, y a la espera de lo que le pueda pasar a España y Portugal, el euro se revalúa contra todas las demás monedas. Lo que desde luego no es la mejor manera de encontrar en la demanda externa una fuente de actividad y de creación de empleo como todo el mundo pretende.

Los chinos podrán seguir haciendo lo que hacen mientras los americanos les necesiten para financiar su déficit fiscal y ellos estén dispuestos a seguir comprándoles sus Bonos del Tesoro. Y los americanos podrán seguir haciendo lo que hacen mientras el dólar siga siendo considerado una moneda mundial de reserva cuya devaluación le costaría mucho dinero a Pekín. Y cada día más porque cada día es más grande el montón de dólares que ha acumulado para defender el yuan. Pero a los europeos no nos interesa tampoco cuestionar el papel del dólar como moneda de reserva, ese “privilegio exorbitado” que decía De Gaulle. Porque si el dólar perdiera esa posición de fuerza se devaluaría y aumentar todavía más la fortaleza del euro tampoco nos arregla las cosas.

Si esta situación continúa, la respuesta no podrá ser otra que de tipo proteccionista, estableciendo sanciones y barreras. Es lo que Krugman está pidiendo desde hace tiempo y es lo que el Congreso americano empieza a amenazar hacer argumentando que la debilidad del yuan no es más que una subvención disfrazada. Aunque no mas disfrazada que sus políticas monetarias.

De momento los que salimos perdiendo en este conflicto somos los europeos. Y por eso Sarkozy se propone, siempre en plan grandioso, convocar un nuevo Bretton Woods durante su próxima Presidencia del G-20.

Algo habrá que hacer, desde luego, porque un deslizamiento generalizado hacia políticas proteccionistas como antídoto a la guerra de las monedas no haría sino retrasar la recuperación global. Pero para ello los europeos deberíamos ser capaces de utilizar nuestra moneda como un instrumento político y estamos demasiado divididos para hacerlo.