De Oslo a Estocolmo

Si la pasada semana la atención de estas crónicas digitales estaba puesta en Oslo, donde parecía que el FMI adoptaba un viraje “socialdemócrata”, o al menos mostraba una preocupación por el empleo parecida a la de la OIT, ahora toca analizar el giro en la dirección contraria que se ha producido en Suecia.

En efecto, en las elecciones legislativas del pasado domingo en Suecia se cumplieron los peores resultados que pronosticaban las encuestas. La extrema derecha (SD) consigue superar la barrera del 4 % y entra en el Parlamento con 20 diputados. El partido conservador del primer ministro saliente sube (+3 %) y obtiene el mejor resultado de su historia. El partido socialdemócrata baja (-4,1 %) hasta el peor resultado desde 1914.

Así, la socialdemócrata es la gran perdedora de estas elecciones. Y el auge de la extrema derecha la convierte en el árbitro de la formación de gobierno, porque la mayoría saliente de centro derecha ha perdido la mayoría absoluta y no podrá gobernar sin su incomodo apoyo o el más improbable de los Verdes, que también han mejorado sus posiciones.

Los verdes suben, recogiendo, como está ocurriendo en otros países europeos, el desencanto de parte de la población con mas inquietudes políticas con la izquierda tradicional. Pero no les veo yo gobernando con un partido como los conservadores suecos que han propuesto construir 10 centrales nucleares. Si de verdad los conservadores no quieren negociar el apoyo del SD, habría que acudir a nuevas elecciones que no creo que fuesen más favorables a los socialdemócratas.

Los socialdemócratas suecos son todavía la fuerza más votada del país pero los conservadores le pisan los talones a menos de 1 punto porcentual. Probablemente han sido víctimas de unas propuestas electorales que avanzaban la inexorable necesidad de aumentar los impuestos para mantener el Estado de Bienestar al que casi todos los suecos están muy vinculados pero cuyos costes son muy elevados.

La extrema derecha sueca se ha quitado los uniformes y los correajes neonazis. Ha renunciado a la parafernalia de eslóganes violentos para mejor hacer pasar un discurso antiinmigración y xenófobo que enlaza con las preocupaciones sociales de una parte de la población. Aquella para la que, de repente, el paro puede no ser una situación transitoria de la que se sale gracias a los sistemas de flexiseguridad tan a la moda sino una situación que se prolonga como consecuencia de un paro que ha subido hasta casi el 10 % y un mercado de trabajo que ha perdido su fluidez.

La extrema derecha sueca encuentra sus votos entre los trabajadores jóvenes de nivel educativo bajo y con dificultades en el mercado laboral. Como en la Francia de Le Pen, son los destinatarios más fáciles del discurso antiinmigrante como históricamente han sido caldo de cultivo de la ideología neonazi.

El SD empezó a defender el sentimiento de identidad cuando el episodio de las caricaturas de Mahoma que publico un periódico danés en el ano 2006. Recordarán que aquel episodio levanto protestas violentas en el mundo árabe y coloco a los países europeos en el dilema entre el respeto a la libertad de expresión y el respeto a los símbolos considerados sagrados por una religión .Yo lo recuerdo muy bien porque entonces presidía la Asamblea Parlamentaria del Mediterráneo y me toco lidiar con aquella tensa situación.

El SD organizó entonces la publicación de caricaturas semejantes en periódicos suecos para mostrar su apoyo a las publicadas en Dinamarca. El ministro de Exteriores intentó evitar lo que se consideraba, no sin razón, como una provocación que echaba leña al fuego, pero su actitud le costó la dimisión.

Ahora el SD se ha presentado con un mensaje anti migratorio de tonos anti islámicos .Y después de estos resultados en un país inventor de la socialdemocracia moderna la pregunta es si hay una relación causal entre la caída de los socialdemócratas y el ascenso de la extrema derecha. ¿El resultado electoral refleja un nuevo episodio del agotamiento intelectual de la izquierda en Europa ante una derecha en franco ascenso en todo el continente? ¿O es quizá solo un problema particular de la sociedad sueca enfrentada a sus problemas migratorios exacerbados por la crisis económica?

Probablemente ambas cosas. El problema no es solo la emigración, sino la relación entre emigración y Estado del Bienestar. Pero como la emigración no va a ser un fenómeno transitorio y Europa que necesitara más emigrantes. El futuro de la izquierda dependerá de su capacidad de explicar y aplicar el enorme esfuerzo de asimilación que será necesario.