Stress de los bancos, stress social

Según las pruebas de resistencia (“stress test”) dadas a conocer el viernes pasado, solo 7 de 91 bancos europeos serían demasiado débiles para afrontar una hipotética crisis. Entre ellos están cinco cajas de ahorro españolas, un gran banco alemán especializado en préstamos inmobiliarios, el Hypo Real Estate y el Banco Agrícola de Grecia.

Un 92% de éxito puede parecer sospechoso y dar a pensar en esos aprobados patrióticos de nuestra posguerra o la facilidad con la que todos los candidatos al euro cumplieron con los criterios de convergencia. Nos aseguran que no es así y que las pruebas, básicamente simulaciones de cómo respondería la cuenta de resultados y los balances de los bancos ante condiciones económicas difíciles, se han hecho con rigor y sin complacencias.

Es difícil que los responsables de los stress test puedan decir otra cosa, y es natural que los gobiernos muestren su satisfacción y esperen que los mercados se calmen y cesen las sospechas sobre la salud de los bancos europeos.

Pero lo cierto es que, apenas publicados esos resultados suscitan criticas importantes. Habrá que ver como reaccionan los mercados el lunes, cuando esta crónica esté ya publicada. Pero no deja de llamar la atención el que las pruebas de resistencia sobre los bancos americanos dieran resultados mucho más frágiles, puesto que solo “aprobaron” el 52% de los establecimientos. Y 19 bancos tuvieron que efectuar recapitalizaciones masivas, mucho mayores que los modestos 3.500 millones de euros de capital fresco que necesitarían los 7 bancos europeos en dificultades.

Pero antes de analizar esas criticas, alegrémonos de que, por fin, los gobiernos europeos se hayan decidido a efectuar y hacer públicos esos test, venciendo las resistencias de los bancos en algunos países, especialmente Alemania. En alguna de mis anteriores crónicas lamentaba el tiempo que se había perdido en hacer lo mismo que se había hecho en EEUU y los costes de la desconfianza así creada para la economía europea y en particular para la española.

Era imposible escapar a una operación de este tipo, que siempre se ha hecho, con mejor o peor fortuna, desde la crisis americana de 1989, la sueca del 92 o en Japón el 2003. Durante un tiempo los europeos intentaron evitarlo hasta que la crisis griega le puso contra la pared ante las dudas de la capacidad del sistema bancario de resistir a una segunda crisis de deuda soberana.

Una primera razón que explica la buena salud del sistema bancario europeo con respecto al americano es que los test se han hecho después de que se hubiesen producido ya procesos de recapitalización importantes, por ejemplo en España con las Cajas de ahorro. En EEUU se hicieron inmediatamente después de la quiebra de Lehman Brothers en septiembre del 2008 y antes de ningún proceso de recapitalización.

Se puede decir que los europeos hemos ganado tiempo y no hemos analizado la capacidad de resistencia de nuestros bancos hasta después de haberlos reflotado en mayor o menor medida. Y que si no lo hemos hecho antes, a pesar de la insistencia del FMI y la presión de los mercados, era porque ni el lobby bancario y los Estados mas débiles querían salir mal en la foto.

Pero ahora que los resultados se conocen habrá que ver como los valoran los mercados, que se comportan como Santo Tomás, solo creen lo que ven y reclaman información completa y detallada para hacerse su propia opinión. Y este es un ejercicio en el que no hay segunda vuelta, y si no convences a la primera, la desconfianza de los mercados no daría una segunda oportunidad.

Esta desconfianza tendría al menos tres razones en las que apoyarse. Primero la falta de explicaciones previas con los operadores de los mercados financieros sobre la metodología empleada. Los EEUU lo hicieron y prepararon a los mercados para que comprendieran los escenarios y los criterios retenidos para efectuar los test. Por ejemplo, la administración Obama publicó tres meses antes de los resultados, un documento explicando porque la hipótesis de pérdidas sobre Deuda pública eran limitadas. Algo parecido se podría haber hecho en Europa, explicando, por ejemplo, la garantía que el Fondo Europeo de Estabilización (FEE) creado el 9 de mayo representa para las Deudas públicas de los Estados europeos

La segunda razón que alimentara sin duda las criticas y las sospechas es que todo se ha hecho, además de tarde, muy deprisa. Un mes para poner de acuerdo a 25 gobiernos, sometidos cada uno a las presiones de sus bancos, es muy poco para el ritmo al que Europa suele tomar decisiones. Esa urgencia ha producido una notable cacofonía sobre lo que se iba a publicar y como, en particular el nivel de exposición individual de cada banco a las deudas soberanas, punto débil, si no se concede demasiada credibilidad a la existencia del FEE, de los bancos alemanes y franceses.

Los test también plantearan problemas de distorsión de la competencia. En efecto, algunos bancos en España, Alemania y Grecia han “aprobado” gracias a las ayudas públicas que han recibido después de que la crisis empezara e hiciera temer por su estabilidad. Se da así la paradoja de que algunos establecimientos bancarios que solo se han mantenido gracias a estar enchufados a las ayudas públicas, que tendrán que devolver, aparecen como más solventes que otros que han capeado la crisis con sus propios recursos

Así pues, una cierta opacidad ante los mercados sobre los procedimientos, unos acuerdos tomados en la urgencia y a última hora y problemas claros de competencia son las razones por las que los mercados pueden no valorar tan bien como los gobiernos los buenos resultados de los test a los bancos.

Pero en todo caso deberíamos estar mejor que ayer. Después de mucho esperar tenemos una radiografía de nuestro sistema bancario que no muestra razones para estar tan preocupados como se temían algunos. Y como el principal problema de la economía española es recuperar el acceso a la financiación internacional, hoy cerrada prácticamente para nuestras empresas y nuestros bancos, es vital recuperar la confianza para que el grifo del crédito exterior se vuelva a abrir.

A pesar de todos los peros que se pueden poner, los stress test publicados dan razones para esa recuperación de confianza. Otra cosa bien distinta es la capacidad de la sociedad europea, y la española en particular, de soportar el stress al que los ajustes presupuestarios, el alto nivel de paro y la austeridad salarial le van a someter. Nos debería preocupar tanto o más que la situación de los bancos, porque el riesgo de una recaída en la crisis aparece cada día mayor.

Las protestas sociales anunciadas para después de la vacaciones serán un test stress social tan importante como el que estos días hemos conocido de los bancos.