Inyección de confianza

En la final del mundial de futbol las simpatías de los italianos iban claramente a favor de los virtuossi españoles. En esta tierra de artistas, se dice que nuestra victoria ha sido la de un grupo de ballet frente a una banda de energúmenos, o la derrota de la fuerza bruta frente a la gracia inteligente. Pero sea como fuere, lo cierto es que el resultado ha sido una inyección de adrenalina en vena a la sociedad española que ojala transmita sus efectos a todos los ámbitos de la vida económica y política.

Pero no creo que el resultado relaje las tensiones creadas en Cataluña por la sentencia del tribunal Constitucional. Y tampoco espero que dulcifique el debate del estado de la nación, de la española se entiende, que tiene lugar mientras escribo, con retraso, mi crónica semanal para Republica. Pero es impresionante la importancia que el fútbol, a esos niveles de mediatización global, tiene para la psicología colectiva. Nunca se habían visto tantas banderas españolas representando la alegría y la identidad de un pueblo. Y es posible que esas victorias pacificas contribuyan a formar una conciencia colectiva, un sentimiento de pertenencia, de una manera más eficaz que la política o la razón

Incluso parece que la victoria de La Roja va a tener un impacto económico y que la euforia que ha desatado va a producir un aumento del consumo y un empujón al PIB .Como cuando Zapatero decía, al principio de la crisis, que nunca adivino tan grande”, ser patriotas y consumir”. Ahora, gracias a una patada bien dada seguro que un aumento del consumo se va a notar a pesar de la caída en la renta disponible.

Algunos osados valoran el efecto del buen hacer de La Roja en 0,25 % del PIB La previsión es inverificable y cualquier cifra puede ser buena. Pero a lo mejor es verdad que la victoria en el futbol va a tener efectos saludables para nuestra economía. Y como muestra de cómo ha cambiado el ambiente y de repente somos más simpáticos, miren lo que ocurrió en el mercado de Bonos el martes después de la victoria de La Roja. Quizás sea pura casualidad, pero China se lanzo a querer comprar 1.000 millones de nuestros Bonos del Tesoro a 10 años, y solo pudo conseguir 400 millones debido a que la oferta supero con mucho la demanda.

Es toda una novedad que hay que saludar, aunque quizá no fuera motivada por el gol de Iniesta. Hasta entonces, la Safe, la agencia china que administra las reservas de cambio, había desaparecido de los mercados de Deuda pública europea. Y además se decía que solo compraría Deuda nominada en euros emitida por países de alta solvencia. Incluso circularon rumores acerca de una clara desafección de los tesoreros de Pekín sobre la divisa europea. Pero de repente lanzan una orden de compra sobre los Bonos españoles que no puede interpretarse sino como un voto de confianza

Con este cambio de actitud por parte de Safe, la tendencia del mercado de Bonos europeos ha cambiado radicalmente esta semana. España coloco 6.000 millones y 2/3 los suscribieron inversores extranjeros, dentro de los cuales el 14 % asiáticos. En una emisión parecida en enero, solo colocamos el 5 % a inversores asiáticos.

En cambio Grecia ha tenido que suspender una subasta de bonos a diez años porque se temía que el mercado iba a exigir tipos de interés demasiado altos. Se trataba del primer intento de conseguir financiación en el mercado después del “rescate” de 110.000 euros acordado por la UE .De momento los griegos solo se atreven con bonos de tesorería a 6 meses y en pequeñas cantidades. Han conseguido colocarlos bien y más vale eso que nada. Pero, a pesar de los efectos euforizantes del gol de Iniesta, las cosas no están todavía bien y pueden empeorar.

Esta es la opinión del economista Nouriel Rubini, de paso por Florencia para participar en un seminario sobre el euro. Sus comentarios y análisis, siempre interesantes, no dejaban mucho lugar al optimismo y parecían querer aguarnos la fiesta por la victoria. Pero quizá no le falte razón ni a el ni a Krugman cuando advierten del peligro de una recaída en la recesión de la economía mundial, un riesgo que nos llevaremos a cuestas durante el verano.

Para Roubini, el mundo se encuentra en una situación de exceso de oferta y puesto que la recuperación de la demanda será lenta, el crecimiento global será muy débil. Especialmente si los gobiernos y la gente de los países que han ahorrado demasiado, como Alemania, China, Japón y los demás países emergentes de Asia, no gastan más ahora. China debería aumentar su demanda interna mucho más aprisa y Alemania debería retrasar su ajuste fiscal un par de años. Incluso en EE.UU., habría que aumentar el gasto en protección del desempleo, que va a seguir siendo alto, para mantener la demanda.

Tampoco parece que se pueda esperar que la salvación venga de que la locomotora china acelere. Sus problemas bancarios no son menores que en el sistema financiero occidental y cada día se descubren que son mayores de lo que se dice. Su crecimiento va a disminuir del 11 al 7 % y, a pesar del efecto euforizante de nuestra victoria futbolera, no va a seguir financiando nuestros déficits porque va a tener que atender al crecimiento de su demanda interna.

Que China desarrollara su demanda interna sería una buena noticia, y no solo para los chinos, también como única forma de corregir los grandes desequilibrios globales. Para lo cual hace falta bastante más que una patada bien dada.