Sobre la deuda y la competitividad

A medida que las medidas de rigor presupuestario se extienden por toda Europa, crece el temor a que produzcan una recesión que haga imposible reducir el endeudamiento y, por ende, la desconfianza de los inversores.

Grecia por ejemplo, por bien que le vaya y por mucho que consiga cumplir con su drástico plan de austeridad, dentro de 4 años su endeudamiento público no habrá bajado del 150 % del Pib y su competitividad no habrá apenas mejorado.Y por eso muchos son los economistas, cada vez mas y no de los menos competentes, que creen que al final una restructuración de la deuda griega será inevitable y que Europa haría bien en prepararse para ello.

De los dos problemas citados, el alto endeudamiento y la baja competitividad, el primero es el mas fácil de resolver, llegado el caso, por una renegociaron a la baja de forma que el sector financiero contribuya al coste del ajuste. Hasta ahora las autoridades europeas se han negado por que esto empeoraría la situación de los bancos. Por eso se dice, no sin razón, que más que rescatar a Grecia de la quiebra, se ha rescatado a los bancos alemanes y franceses de los impagos que esa quiebra hubiera significado.

El de la competitividad es más difícil. No hay un acreedor a quien hacer pagar parte de la factura del ajuste y requiere muchas medidas estructurales que no son fáciles, llevan tiempo y plantean algunas incompatibilidades.

¿Qué quiere decir que Grecia, o España, aumenten su competitividad con respecto a Alemania? A fin de cuentas, reducir la diferencia de competitividad con Alemania implica que los precios de los bienes y servicios griegos, o españoles, aumenten menos que los de los alemanes. Pero Alemania está también tratando de aumentar su competitividad exterior fuera de la zona euro y querrá seguir bajando sus precios, manteniendo entre otras cosas una política de contención salarial. Y el Banco Central Europeo querrá mantener una inflación media en la zona euro por debajo del 2 %. Como se explicaba en un interesante seminario en el Instituto Universitario de Florencia, estas tres cosas son incompatibles. Alemania no puede tener una inflación más baja del 2 %, sus socios en el euro una inflación más baja que la Alemana y la media cercana al 2 %.

La solución más razonable sería que Alemania aceptara una inflación superior a la media de la zona euro, por encima del 2 %, a base de aumentar los salarios y la demanda interna. Pero no parece que Berlín este por la labor, como lo muestra la reacción airada de Merquel cuando se ha considerado a Alemania como la China de Europa. Pero las otras soluciones son peores porque implican mantener una parte de Europa en situación de subcompetitividad o que el BCE acepte una inflación media más alta.

Pero para los mercados y los gobiernos, lo único que de momento parece contar es la reducción del déficit a la máxima velocidad. No se desconoce el riesgo de que con toda Europa embarcada en la austeridad fiscal mientras que las familias y las empresas, todavía muy endeudadas, no son capaces de mantener la demanda, nos precipitemos en una profunda recesión. Pero ese riesgo se minimiza con mucho optimismo y mejor voluntad, porque para algunos gobiernos, como al nuestro, los mercados no dejan otra alternativa.

El cambio de lenguaje del G 20 en este sentido es radical. En abril todavía decía que el estimulo fiscal debía mantenerse hasta que la recuperación, basada en una mayor demanda del sector privado, estuviera más consolidada. Y el viernes pasado en Corea pedía una reducción acelerada de los déficits para consolidar la situación fiscal. Con gran escándalo del Nobel Krugmann que considera una locura, presentada como una posición sabia y prudente, el reducir drásticamente la demanda agregada de la economía con los altísimos niveles de desempleo que todavía tenemos en Europa y EE.UU.

Sobre todo cuando la situación fiscal de Europa, sea desde el punto de vista del déficit o del endeudamiento, e incluso de países como España, es mejor que la de EE.UU., Inglaterra o Japón, pero sin que nadie les imponga reducciones de su déficit ni ataque su moneda.

¿Por qué será? La respuesta merece otra crónica, pero de momento con el euro por debajo de 1,2 dólares, al menos así podremos exportar algo más y disminuir el peligro de recesión.