La era del rigor

“Hay que calmar a los mercados” dicen que le dijo Obama a nuestro presidente del Gobierno para convencerle de que había que reducir más el déficit, aunque ello pusiese en riesgo la recuperación económica, como el propio Zapatero temía.

Las medidas impopulares que ha tenido que tomar, después de haberse resistido todo lo que ha podido, son inevitables para aplicar la política de rigor generalizada que se impone en una Unión Europea en la que Alemania ha tomado el mando.

Pero parece que los planes de rigor que proponen los gobiernos de casi toda Europa, por grandes que sean, no son suficientes para que los mercados financieros recuperen la confianza. Los mercados no se calman a pesar de los nuevos sacrificios que se les hacen. Y las Bolsas siguen cayendo al principio de esta semana

En realidad los mercados dirigen a los gobiernos dos exigencias simultáneas que son, al menos a corto plazo, incompatibles. Por una parte piden un ajuste draconiano del déficit y por otra el crecimiento económico. Y su intranquilidad se justifica cuando no es por una cosa por la otra.

La realidad es que desde que empezó la crisis griega, que fue como una cerilla en el barril de pólvora de los déficits públicos europeos y la débil gobernanza del euro, la situación de las economías europeas inquieta a los mercados financieros globales. Los gobiernos presentan unos tras otros planes draconianos de reducción del déficit y el FMI ha vuelto a su lenguaje clásico de exigencia de urgentes reformas estructurales como las que ha dirigido de forma desabrida a España

Aquí en Italia el gobierno ha decidido un recorte de 25.000 millones de euros y la nueva coalición tory-liberales en el Reino Unido otros 8.000 millones de libras acompañados de las siempre populares medidas de supresión de coches oficiales. La consigna es reducir el déficit a toda prisa tanto como hace poco era aumentar el gasto público.

Se puede pensar que entonces, al gastar a toda prisa hicieron lo que tocaba porque había que mantener la demanda y ahora hacen también lo que toca porque hay que reducir el endeudamiento. Algo de eso hay pero el problema es, ahora como antes, los efectos colaterales de las políticas que se aplican. Nadie duda que haya que reducir el déficit que se ha disparado, en el caso de España por la caída en picado de los ingresos fiscales, pero hay una gran discusión entre economistas sobre el ritmo de la reducción. Y ya se sabe que la diferencia entre el veneno y la medicina es la dosis. 

Para Siglita, que se supone que sabe algo de economía, a fuerza de insistir en el rigor y cortar el apoyo a la demanda Europa corre el riesgo de instalarse en la recesión. Los déficits solo se reducirán con el crecimiento y este a su vez depende del sostenimiento a la demanda interna y de un hipotético tirón de las exportaciones, para lo que la devaluación del euro no es una mala cosa.

Peo si los economistas discuten, los gobiernos lo tienen claro. Bajo la presión de los mercados la prioridad absoluta es a la reducción del déficit lo que implica una política de rigor que va a tocar todos los aspectos de la economía y que ha llegado para durar bastante tiempo. Alemania por ejemplo tendrá que reducir 10.000 millones de euros el gasto hasta el 2016 para conseguir el objetivo constitucionalmente establecido de reducir el déficit al 0,35 % del PIB.

Así, la “cultura de la estabilidad” exigida por Merkel como contrapartida a la violación de las dos reglas en las que se había basado el euro hasta ahora: no rescate a un país en dificultades y no compra de deuda pública por el Banco Central Europeo, se ha impuesto en Europa más allá de su optimalidad en las presentes circunstancias recesivas.

La llegada del rigor generalizado es consecuencia de la falta de confianza que ha generado en los mercados financieros el plan de salvamento del euro. Pero plantea varias preguntas difíciles de responder. La primera es hasta donde habrá que llegar para que los mercados se calmen. La segunda es la viabilidad de las reducciones del déficit que se anuncian por su efecto bumerán sobre la demanda y el crecimiento. Y el tercero los efectos sociales de la purga que algunos países como Grecia van a sufrir.

Estas crónicas tienen materia para rato