Defender el euro a toda costa

Una tempestad está atacando el euro, sometido a la presión de los mercados financieros que se muestran escépticos sobre la capacidad de Grecia para cumplir el severo plan de austeridad que se le impone como condición a la ayuda que se le promete .Y no sólo de Grecia sino también de otros países fuertemente endeudados y con potenciales de crecimiento bajos. 

En este contexto, la creación urgente de un fondo comunitario de apoyo a los miembros de la zona euro en dificultades económicas, es una luz de esperanza en medio de la débil capacidad de respuesta demostrada hasta ahora por los países de la Unión Económica y Monetaria aunque lo de “Económica” haya más bien brillado por su ausencia 

Ante la gravedad de la situación, los gobiernos europeos, al menos los de la zona euro, han superado sus divisiones y sus cálculos electorales nacionales, aunque para algunos demasiado tarde, para decir claramente a los operadores financieros y a las agencias de notación que están dispuestos a defender el euro utilizando recursos poderosos. Aunque para ello tengan que abandonar dos principios sobre los que el euro se había basado cuando se concibió y que hasta ahora tenían fuerza de verdadero tabou. 

El primero es aceptar utilizar el articulo 122 del Tratado de Lisboa, que permite ayudar a un país ante circunstancias excepcionales que escapan a su control. Ello implica una verdadera transformación de la organización y funcionamiento de la zona euro. Los gobiernos han tomado la medida a la gravedad de la crisis y han decidido acabar de facto con la cláusula de “no rescate” que impedía ayudar a un país en dificultad, que había sido introducida precisamente para  evitar que los Estados utilizasen el escudo del euro para aplicar políticas presupuestarias laxistas. 

El otro principio que se modifica es el de la intervención directa del BCE en los mercados de Deuda pública y privada en la zona euro. Después de haberlo rechazado rotundamente la víspera, Trichet ha aceptado comprar Deuda pública los mercados secundarios, que es lo que el Tratado le permite .Y de paso se da un alivio extraordinario a los Bancos, cuyos balances están repletos de Deuda pública que corrían el riesgo de convertirse en las “subprime” del 2010, y  que le pedían de rodillas que les desembarazara de una carga que ya no podían mantener. 

Antes, el BCE también tuvo que cambiar su criterio y aceptar como garantía Deuda griega a pesar de que su calificación había sido rebajada por debajo del límite considerado admisible. 

La necesidad parece haber sido de nuevo la comadrona de la virtud. Parece inevitable que Europa se construya frente a las crisis respondiendo a exigencias venidas desde el exterior. Frente a los choques petroleros respondió con el mercado único y a la reunificación alemana con la moneda única, que ahora los mercados ponen en cuestión atacando los países en situación de mayor debilidad y  propiciando una crisis general del sistema. 

Ojalá que la reacción de este fin de semana, aunque tardía, sirva para relanzar la lógica de solidaridad entre los países europeos y para que las opiniones públicas, y no sólo la alemana, entiendan la necesidad de defender el euro para usarlo como motor y escudo ante el mundo globalizado.

Falta hace, porque en este 60 aniversario de la Declaración Schuman, el interés de los europeos por Europa está en el punto más bajo del período que entonces se inició. Por eso la crisis del euro refleja no sólo un problema económico sino sobre todo político, que tiene que ver con la extensión de los mecanismos de solidaridad más allá de los espacios nacionales, de forma que esta sea sentida y debatida por los ciudadanos y no sólo por las élites políticas. 

El peligro que se cierne sobre el euro es grande y la respuesta de este fin de semana, imprescindible pero insuficiente, debería abrir un nuevo debate sobre la Europa que hemos hecho y sobre la que necesitamos