Apple y los impuestos en la UE

La decisión de la Comisión Europea por la que se exige a la corporación Apple que reintegre al tesoro irlandés 13.000 millones de euros más intereses, por impuestos dejados de ingresar entre 2003 y 2014, constituye una excelente ocasión para reflexionar acerca de los mecanismos de que se valen las multinacionales para librarse del fisco, así como señalar una vez más las enormes lacras e insuficiencias que presenta el diseño con el que se ha construido la Unión Europea (UE).

Puede resultar ilustrativo comenzar describiendo la arquitectura fiscal y empresarial a través de la cual Apple hace frente a sus obligaciones fiscales. La multinacional Apple Inc., radicada en EE. UU., cuenta con dos filiales con sede en Irlanda, Apple Operations Europe y Apple Sales International. Ambas tienen los derechos de propiedad intelectual de Apple para vender y elaborar los productos de la compañía; como contrapartida, las dos realizan un muy sustancioso pago anual a la matriz para financiar la investigación y el desarrollo. Pago que se deduce de los beneficios de ambas empresas y va a engordar la cuenta de resultados de la norteamericana, y en consecuencia deja de tributar en Irlanda para hacerlo en EE. UU. Es fácilmente comprensible que la cuantía fijada de este canon puede servir de instrumento para trasferir beneficios y por lo tanto impuestos de Europa al otro lado del Atlántico.
Por otra parte, la estructura empresarial de Apple origina que todas las compras realizadas en cualquier país de la UE, pero también en Oriente Próximo, la India y África, se instrumenten como una relación contractual con una oficina fantasma, casi sin personal, de la compañía irlandesa Apple Sales International, y no con las empresas locales filiales de Apple, que figuran como simples comisionistas. Gracias a eso, los beneficios de varios continentes se registran y declaran en Irlanda, por lo que la firma no paga apenas impuestos en todos los otros lugares en los que tiene su actividad. Para medir la importancia del negocio de Apple en toda Europa baste considerar la propia carta de Tim Cook, consejero delegado de la compañía, escrita y distribuida para justificarse ante los consumidores europeos y arremeter contra la Comisión. En ella se afirma que los puestos de trabajo creados en Europa sobrepasan el millón y medio.

Es sabido que Irlanda (lugar en el que Apple ha decidido abonar el gravamen correspondiente al negocio generado en todos los estados de Europa y en otros países de Asia y África) tiene un tipo nominal del impuesto de sociedades (12,5%) de los más reducidos de Europa, practicando un descarado dumping fiscal. Pero el tigre celta ha dado un paso más y es sobre este plus sobre el que ha podido incidir el dictamen de la Comisión. Ha firmado con Apple un ‘tax ruling’, es decir, un acuerdo acerca de qué impuestos va a pagar la compañía. Se trata de un plan fiscal a la carta con el que, según la Comisión, el tipo efectivo pagado en el impuesto ha sido en algunos años del 0,005. Sin duda un escándalo.

Es de suponer que no habrá sido Apple la única multinacional con la que Irlanda ha firmado el ‘tax ruling’, es decir, a la que le han diseñado un traje fiscal a medida. Existe además la certeza de que no solo Irlanda, dentro de la UE, practica o al menos ha practicado estas corruptelas fiscales. Holanda, Bélgica y Luxemburgo la han acompañado. Sonado fue el llamado LuxLeaks, ya que resultó implicado el propio presidente de la Comisión cuando era ministro de Finanzas y primer ministro de Luxemburgo. Con estos presupuestos, es difícil creer que la UE se tome alguna vez en serio el problema de los paraísos fiscales.

Parece que Margrethe Vestager, comisaria europea de la Competencia, ha decidido abordar la cuestión. Su primer paso ha sido el expediente abierto a Apple. No obstante, hay que resaltar las limitaciones de las que parte debido a los muchos defectos de la propia UE, donde, a pesar de haberse instalado de forma absoluta la libre circulación de capitales, no se ha dado ni un solo paso en materia fiscal, no ya para la integración sino ni siquiera para armonizar las diferentes legislaciones de los países o al menos perseguir los que claramente realizan -como Irlanda- prácticas de dumping fiscal. Para corregir el abuso y escándalo fiscal de Apple en Irlanda, la comisaria europea se ha visto obligada a acogerse exclusivamente al quebrantamiento de la competencia, pero entre empresas, no entre países.

Lo que persiguen los acuerdos comunitarios no es el dumping fiscal, no es la concurrencia desleal en materia fiscal para atraer inversores. No condenan las batallas competitivas entabladas por los distintos Estados que terminarán no beneficiando a ninguno de ellos, pero sí reduciendo la carga fiscal sobre el capital casi en cero. Lo único que rechazan es que un Gobierno conceda a unas empresas un trato de favor con respecto a otras, esto es, las denominadas ayudas de Estado, que sin duda pueden instrumentarse de forma directa, pero también indirecta mediante beneficios fiscales exclusivos.

Esta es la recriminación de la Comisión Europea a Irlanda, el hecho de que mediante los ‘tax ruling’ han elaborado con total opacidad un traje fiscal a medida de Apple, que no sirve para ninguna otra empresa o, dicho de otro modo, otras muchas sociedades están excluidas de él. Por el contrario, la comisaria no sanciona, no puede hacerlo, el que la hacienda pública celta mantenga un tipo del impuesto de sociedades muy inferior al de los otros países, ni la práctica, tremendamente escandalosa, de que Apple traslade con fraude de ley los beneficios generados en todos los países a Irlanda. El que la Comisión carezca de competencias para intervenir en estas actuaciones no quiere decir que cada uno de los países afectados no pueda hacerlo en su ámbito, y por ello la comisaria se ha brindado a facilitar la información a las haciendas locales para que, si quieren, exijan a Apple las cantidades adeudadas y apliquen las sanciones correspondientes. Es de esperar que la Administración Tributaria española, ya que no lo ha hecho hasta ahora, tome las medidas adecuadas para reclamar a Apple las cantidades no ingresadas en España.

El vacío que la Unión Europea presenta en materia fiscal es altamente preocupante, porque indica bien a las claras no solo el modelo neoliberal en que está basado el diseño sobre el que se ha construido, sino también porque esa misma mentalidad está presente en la actuación de todas las autoridades europeas. La prueba más palpable es que desde la Comisión o desde el BCE, bien directamente o bien a través de la troica, con el pretexto de limitar el déficit han impuesto a los países reformas laborales regresivas y el recorte de todo tipo de gastos presupuestario, entre ellos el de las pensiones o los sueldos de los empleados públicos, mientras que apenas han exigido incrementos de impuestos, más allá del IVA. Es sintomático que cuando Irlanda precisó el rescate de Europa y se le impuso como contrapartida una considerable serie de medidas económicas, inexplicablemente, sin embargo, se dejó pasar la oportunidad de elevar el impuesto de sociedades a los niveles de otros países de la eurozona.

Hay quien argumenta que esa política de bajos impuestos le sienta muy bien a los países que la adoptan, y ciertamente es verdad, por lo que todos, continúan diciendo, deberían imitarles. Esa última afirmación no es tan cierta porque precisamente a Irlanda le va bien porque su riqueza se logra empobreciendo al vecino, con lo que la condición esencial para su prosperidad es que los otros países no la imiten. De lo contrario todos se empobrecerían, excepto las multinacionales y el capital que ya no tendrían que hacer ingeniería financiera, porque el gravamen sería cero en todos los sistemas fiscales. Claro que ese parece ser el desiderátum último de algunos articulistas.

No es de extrañar que Apple haya reaccionado frente a la Comisión con toda clase de exabruptos y recurriendo a la falacia consabida de lo mucho que la compañía hace por la economía de Europa, creando un sinfín de puestos de trabajo, como si eso le autorizase a no pagar impuestos y como si en todo caso no fuese la compañía la que tendría que estar agradecida, entre otros, a los ciudadanos europeos que le compran sus productos con lo que les dan a ganar mucho dinero. Más inexplicable es la posición del Tesoro de EE. UU., defendiendo a Apple. Parece que solo le importa la evasión fiscal de las multinacionales cuando le afecta directamente.

La solución en Europa resultaría relativamente fácil. El impuesto sobre los beneficios de las sociedades podría convertirse en un impuesto europeo, con lo que, por una parte, el gravamen sería uniforme en toda Europa y, por otra, la UE contaría con un gravamen propio de cierta importancia, germen de una posible hacienda pública comunitaria. Pero todo ello ni siquiera ha pasado por la cabeza de las autoridades comunitarias ni de aquellos gobiernos que realmente mandan en la UE. Parece casi una utopía. Señal inequívoca de que la UE está condenada al fracaso.

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