¿Cuándo terminará la crisis?

El pasado 22 de febrero la Comisión Europea hizo públicas sus previsiones de invierno, que fueron recibidas por todos los medios de comunicación españoles y por los comentaristas y expertos económicos con suma reverencia. No se sabe muy bien por qué pero la marca Europa continúa vendiendo. Nada demasiado nuevo, excepto empeorar como siempre las previsiones que se habían hecho meses atrás, y anunciar que en algún momento (ahora es 2014) se saldrá de la crisis. Ya lo ha dicho Rajoy en el debate sobre el estado de la nación: “Hay vida después de la crisis”. Después de la crisis sin duda hay vida, pero lo que hay que preguntarse es si habrá un después de la crisis, al menos mientras siga existiendo la Eurozona.

Lo más significativo es la clarividencia con la que se expresan las autoridades comunitarias. Al presentar el informe, Olli Rehn, vicepresidente de la Comisión y responsable de Asuntos Económicos y Monetarios, declaró lo siguiente: “La coyuntura actual puede resumirse como sigue: hemos heredado datos verificados decepcionantes al término del año pasado, tenemos datos no verificados más alentadores en un pasado reciente y, de cara al futuro, aumenta la confianza de los inversores. Las medidas enérgicas tomadas recientemente están preparando la recuperación. Debemos continuar el proceso de reformas y evitar bajar la guardia, lo que podría menoscabar el retorno de la confianza en curso y retrasar la necesaria mejora del crecimiento y la creación de empleo”.

Tanta sagacidad y perspicacia desconciertan. Ningún reconocimiento de sus equivocaciones. Lo malo de las previsiones es que nadie se molesta en comprobarlas tiempo después. Sin embargo, resulta altamente instructivo comparar las que ahora realiza la Comisión con las que efectuó hace poco más de un año (estadísticas de otoño de 2011). Entonces se afirmaba que la Eurozona crecería un 0,5% en 2012 y un 1,3% en 2013. Hoy se asevera, por el contrario, que se producirá una contracción del 0,6% y 0,3% en 2012 y en 2013 respectivamente (siempre se da una previsión más optimista para el año más alejado) y, eso sí, la recuperación llegará en 2014. Viene a la memoria aquello del semanario Hermano Lobo de tiempos de la dictadura, “¿Cuándo llegará la democracia? El año que viene si dios quiere…”, o aquel cartel de las tascas castizas de Madrid “Hoy no se fía, mañana sí”.

Más llamativa es la comparación si se hace con los datos de los países del Sur. España iba a crecer en 2012 y 2013 un 0,7 y un 1,4%, respectivamente. Ahora se nos dice que la economía se ha reducido un 1,4% en 2012 y que decrecerá otro 1,4% en 2013, pero que no debemos preocuparnos ya que en 2014 la tasa será positiva (un 0,8%). A Portugal le ocurre algo similar, para 2013 le pronosticaban una salida de la recesión con una tasa positiva del PIB del 1,1% y ahora le auguran una tasa negativa del 1,9%. Peor es el caso de Grecia puesto que incluso cambian los datos que se suponían ciertos de los años anteriores. Las cifras que antes se ofrecían para los años 2010, 2011, 2012 y 2013, eran un -3,5%, un -5,5%, un -2,8% y un 0,7%, respectivamente. Las facilitadas la semana pasada son: -4,9, -7,1, -6,4, -4,4. Ah, pero, ¡oh, milagro!, en 2014 Grecia se adentrará en la senda del crecimiento. ¿Podemos imaginar cuáles serán los datos que se facilitarán dentro de un año?

Los gobiernos de España, Portugal y Grecia han sido fieles seguidores, al menos en política económica, de los dictámenes de Berlín, Frankfurt y Bruselas. Después de cinco años de fracasos, y de que periódicamente se revisen las previsiones a la baja, lo lógico sería que los sabios europeos se planteasen al menos alguna duda, alguna vacilación y el reconocimiento de las equivocaciones cometidas. Nada de eso se desprende, no obstante, de la plática de Olli Rehn. Todo lo contrario. “Debemos continuar el proceso de reformas y evitar bajar la guardia”. En cualquier otra profesión tantos errores, lo mismo en el diagnóstico que en las soluciones, conducirían inmediatamente al descrédito y al paro. En economía, sin embargo, se continúan cobrando sueldos fabulosos y, lo que es peor, manteniendo íntegro el prestigio de experto y de sabio.

La Comisión augura la salida de la recesión en 2014 y se basa para ello en la reactivación del consumo, en que fluirá el crédito al sector privado y en que las reformas estructurales comenzarán a dar sus frutos. Puro voluntarismo, porque nada induce a pensar que todo ello se vaya a cumplir. Muy al contrario, ¿cómo se va a reanimar el consumo si continuamos aplicando en todos los países políticas de austeridad? ¿Para qué van a invertir las empresas si no tienen a quién vender sus productos? ¿Cómo van a expandirse las exportaciones si toda la Eurozona está en recesión y se mantiene además un tipo de cambio del euro sobrevalorado que mina la competitividad de los artículos de la zona Euro frente a los de los otros países? La canciller Merkel no ha dejado lugar a dudas, defiende “un euro fuerte pese a que ello pueda derretir como la nieve bajo el sol el duro trabajo que están haciendo los países del Sur para reducir los costes laborales”. Claridad no le falta. Desvergüenza tampoco.

¿Cuándo se terminará la crisis? El año que viene si dios quiere… ¿O sería mejor decir hasta cuándo durará la crisis? Hasta que las sociedades aguanten.

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