Despedida

Nunca he sido periodista. No sé centrarme en la actualidad, enseguida tiendo a la abstracción. A este respecto, los artículos de mi padre que más me gustaban eran los más reflexivos, los atemporales. Él, auténtico maestro del periodismo, los tildaba de “caldo de cerebro”. La prensa tiene que trabajar la actualidad. Nunca me ha quedado claro dónde queda el resto de la ecuación. En cualquier caso, ha llegado el momento de la despedida.

Despedida que llega por muchos otros y más válidos motivos. Hace trece cursos redescubrí mi vocación docente. Hoy, mal que bien, intento devenir en maestro. El fragor de las aulas y las exigencias de tan mal considerada profesión reclaman muchísimo tiempo. Poco a poco me he ido alejando del periodismo. Y ha llegado el momento de cortar definitivamente los lazos con los medios.

Durante dos décadas largas he trabajado en televisión, radio y prensa digital. Nada ha sido tan reconfortante como mi colaboración con republica.com. Hace 18 años Pablo Sebastián me dio la oportunidad de escribir artículos de opinión. Espero haber estado a la altura, aunque no sé muy bien a qué particular género me he dedicado durante tantísimo tiempo.

Ciertamente, ha sido un lujo compartir página con Marcello, Fernando González Urbaneja, Manuel Martín Ferrand, José Oneto y tantos otros maestros del periodismo. En ningún medio tradicional hay semejante pléyade de grandes firmas.

Pero es el momento de la despedida. España se enfrenta a una situación harto exigente. Los líderes políticos no están a la altura de las circunstancias; no están a ninguna. Los medios tradicionales, en plena proskynesis, sirven antes que informan. El mundo tiene muchos retos que afrontar sin que surjan soluciones sensatas y/o eficaces. Y los líderes de allende nuestras fronteras no son mucho mejores.

Sin embargo, no son estos tiempos para un vocero como yo. Menos en un medio periodístico. Repito, no soy periodista. Hacen falta mentes sensatas y más esperanzadas, no un lector asiduo de Pío Baroja. Si llega esta despedida es porque me he dado cuenta de que sirvo más y mejor en otras facetas y rincones.

Por ejemplo, tengo enormes esperanzas en estrechosdemiras.com, proyecto poético que, creo, tiene buen nivel.

Y, por supuesto, me entregaré aún más a esa titánica labor que es ser profesor en el siglo XXI.

Pasado el tiempo, además, supongo que podré volver a ver una película sin analizarla, quizás cercenarla.

Por supuesto, echaré de menos escribir mis artículos. A menudo han servido para calmar mis furias y sosegar mis murrias. En ocasiones, para despertar esta o aquella idea –mi favorita, la de la diosa Memez–. Las menos, para algo práctico. Pero la despedida me permitirá dedicar más tiempo a la pura literatura.

Por último, mil gracias a todos los que me han leído. Y mi profunda admiración y respeto a los que me han seguido a lo largo de los años. Han sido pocos, pero fieles. Así, llega mi despedida, que no es para tanto.

Amén.