La conquista de la juventud

La conquista de la juventud es el título de un artículo de Manuel Chaves Nogales recogido en el breve e interesante libro Bajo el signo de la esvástica. El periodista sevillano acudió a Alemania en mayo del 33. Y realizó un somero e intenso retrato del régimen nazi.

Como Churchill, Chaves Nogales escapa a análisis posteriores. “Hitler, que tantas cosas ha tomado prestadas al comunismo, conoce bien la táctica leniniana de “un paso atrás, dos adelante” –lo que llamaban realismo genial de Lenin–”, escribe. El desconocido para la mayoría escritor fue un defensor de la democracia. Pura tercera España.

En La conquista de la juventud examina cómo los nazis utilizaron la educación:

“Es la misma táctica del partido comunista. Cuando en los primeros tiempos de bolchevismo las doctrinas fracasaban y el régimen estaba a punto de perecer, Lenin seguía imperturbable, consagrando sus mayores esfuerzos a la propaganda infantil, y afirmaba: “Por mal que vaya todo, si me dejan a los chicos durante años, no habrá nada después que derribe el régimen soviético”.

Chaves Nogales afirma que tanto Mussolini como Hitler han imitado a la Unión Soviética. Solo tres meses y medio después de llegar al poder, los nazis han convertido la escuela en puro adoctrinamiento. ¿Para qué? Para preparar al pueblo alemán para la guerra. Repito, lo escribió en mayo de 1933.

Es trágico ver cómo las dictaduras dan tanta importancia a la educación. Y es esperpéntico cómo las democracias tan poca.

En España, año 2019, se ve que los que mejor conocen el poder de lavar el cerebro a los jóvenes son los independentistas catalanes. La conquista de la juventud catalana se ha logrado durante décadas de medias verdades y mentiras podridas en las aulas de colegios e institutos. De ahí la abundancia de cachorros separatistas de lo más extremo. El joven es maleable… siempre excesivo en sus pasiones y pulsiones.

Algo similar está ocurriendo en el País Vasco. Y quién sabe si en Galicia, Comunidad Valenciana, Baleares y Andalucía.

El resto de la educación, en la inopia. En lugar de a la conquista de la juventud, nos dedicamos a su confort y molicie. Nuestros estudiantes crecen libérrimos, lo que sería bueno si no fuese porque crecen montaraces e ignaros. También crecen libres de conocimientos y espíritu crítico.

De ahí que muchos, la generación del 2000 al pleno, anden aturdidos ante la cita electoral del 28 de abril. No saben cómo afrontar su responsabilidad ciudadana. Bien nos hemos ocupado de que no sepan nada de nuestro sistema político.

La conquista de la juventud, la auténtica, consistiría en alimentarla en sentido crítico y capacidad de análisis ecuánimes. Así se liberaría de prejuicios, supersticiones e ideas preconcebidas. Por ende, nos libraríamos a todos de la mediocridad imperante entre nuestra clase política. Y, quizás, nosotros aprenderíamos de unos jóvenes auténticamente preparados para la ciudadanía.

Sé que es una utopía… pero en algún lugar del camino nos olvidamos de la importancia crucial de la educación para la supervivencia de la democracia. Esta se nutre de aquella. Y si los jóvenes no se enfrentan al rigor y a la exigencia, serán mucho más susceptibles de ser engañados. Como sus mayores.

La conquista de la juventud debería tener un sentido bien diferente. Deberían ser ellos los que nos removiesen de nuestros asientos. Por alguna extraña razón, los prebostes europeos prefieren que sean otros los que adoctrinen a los más pequeños.

Puede ser que el ignorante sea de más sencilla manipulación. Pero también lo es para los iluminados, los charlatanes y los imbéciles.

P.S.: Chaves Nogales debería ser una lectura obligatoria en nuestras escuelas. Pero nada, sigamos jugando a ignorar nuestro más brillante y trágico pasado.