Adiós a Miguel Martín

España apenas tiene sentido del humor. Somos más de fútbol apasionado, discusiones estériles y rencores imperecederos. Por eso siempre me ha sorprendido nuestra capacidad para crear genios del humor, desde Cervantes a Faemino y Cansado, pasando por Miguel Mihura o Enrique Jardiel Poncela. Precisamente, de este último fue fiel discípulo Miguel Martín, fallecido hace una semana.

He esperado a escribir este artículo para certificar lo que sospechaba: muy pocos se han acordado de Miguel. Da igual que fuese director de TVE en tiempos de Adolfo Suárez, un importante periodista y guionista. O que fuese un gran escritor satírico, autor de obras maestras del humor en el papel o en la vida. En España no sabemos reconocer a nuestros grandes nombres.

Sé que soy parcial. Tuve la suerte de compartir mil y un cafés con Miguel, del que me considero discípulo y amigo. De él escuché cientos de consejos, un sinfín de memorables anécdotas, una plétora de palabras tan sabias como enjundiosas. Ya no existen conversadores tan pausados, tan divertidos, tan bondadosos.

Más allá de su labor periodística, Miguel Martín fue, antes que nada, un maestro del humor. Veo que sus magníficos Cuentos negros se encuentran descatalogados. La divertidísima novela Iros todos a hacer puñetas, por fortuna, está a buen recaudo en mi estantería. Y siempre podré volver a ver algún episodio de Los ladrones van a la oficina, de la que fue creador y guionista en su primera etapa. Precisamente, le conocí cuando estaba escribiendo La policía no es tonta, serie que no se estrenó para mal alimentar las continuaciones de aquella.

Estas son obras muy recomendables, como casi todas las suyas. Pero si creo que Miguel Martín merece mejor memoria es, sobre todo, por ser el creador de dos obras maestras:

1. El guión de Los tramposos, espléndida película sobre dos pícaros en el Madrid de finales de los años 50. Aquí Miguel dio rienda suelta a su pasión por los timadores. Al tiempo, supo dibujar un hilarante fresco de una época, de una sociedad aún en ciernes. El filme continúa creciendo, pues es pura vida, humor impecable en su acerada blancura.

Paradójicamente, en Wikipedia figura como único guionista José Luis Dibildos, que no escribió ni una palabra pero que firmó el guión para justificar su condición de productor ante su familia.

2. El hombre que mató a Jardiel Poncela, biografía definitiva y reivindicativa de su maestro. Con estructura de novela policiaca, Miguel Martín escribió un delicioso y fiel retrato del autor de Eloísa está debajo de un almendro. Paralelamente, el libro es un tratado sobre el humor, lúcido, brillante, imprescindible.

 

Reveladoramente, Miguel Martín, siempre prudente, vio cómo su carrera se apagaba por el rencor político. Tras escribir una sátira sobre un tal Martín Pilla y su larga carrera de coches oficiales, desapareció de las páginas del semanario de ABC. Por supuesto, no he encontrado el texto en Internet.

Prolífico en su lento escribir, MI maestro escribió de todo… y bien. Curiosamente, uno de los primeros consejos que me dio es que debía registrarlo todo, para evitar que me lo robaran. A él le birlaron numerosas ideas… pero nunca se quejó. No iba con su bonhomía, con su delicado carácter.

Citando a su maestro, en El hombre que mató a Jardiel Poncela Miguel Martín escribió que en España no hay nada peor que ser intelectual y de derechas.

Si encima te dedicas al humor…

Hasta siempre, querido Miguel.