Brexit, la película

El Reino, una de las favoritas en los Goya que se entregan este sábado, aborda la corrupción política en España. Política ficción, por fin, pero nada concreta. Incluso desmesurada en sus implicaciones, en su falta de verosimilitud en muchas de sus escenas. En el Reino Unido, por el contrario, sí que saben hacer crítica concreta, ataques frontales, como bien demuestra el filme Brexit.

BrexitBrexit: The Uncivil War es su título original– se centra en la figura real de Dominic Cummings, estratega político que orquestó la triunfal campaña del referéndum de 2016. Así, la película muestra a personajes reales en un entorno verídico, en un país perfectamente reconocible.

Cummings supo leer el Estado de ánimo de un país para lograr el éxito. Junto a él, políticos que rayan en la inanidad, el arribismo o, simplemente, la estupidez. El retrato que el filme hace del acontecimiento es soberbio, perfectamente creíble. Gran Bretaña sale muy mal parada, reconfortante licencia del arte comprometido.

De fondo, como trama secundaria, el estudio informático del censo, la manipulación de opiniones. Se habla de AggregateIQ, no de Cambridge Analytica. En cualquier caso, nos presenta de manera somera el tenebroso futuro que nos acecha.

Más allá del propio interés del argumento, Brexit es una magnífica película. Con un montaje modélico, la película atrapa el interés y despierta el asombro durante su hora y media de metraje. Es un alarde en el género político, un ejemplo de lo que puede ser el buen cine, aunque tan solo sea un sencillo telefilme.

Así, a partir de una sensata dirección artística, una dirección modélica y un guión ágil e intenso, se construye una buena película.

A la que, sin duda, ayuda la espléndida calidad de las interpretaciones. Benedict Cumberbatch la protagoniza con solvencia, mágicamente transformado gracias al maquillaje y su mirada. Junto a él, esos magníficos actores británicos que siempre lo mejoran todo.

Brexit ha sido una grata sorpresa. La vi en HBO, lejos de las salas. Es indispensable para entender mejor esta Europa nuestra, este continente lleno de contradicciones, manejado por la actual escoria política y que se juega su futuro si no averigua pronto hacia dónde debe mirar.

Más allá de la película en sí, de este proyecto se pueden extraer dos conclusiones:

  • La calidad ofrecida por varias plataformas a menudo supera a las pelis estrenadas en sala. La lógica invita, cada vez más, a quedarse en casa antes que pagar el precio de una entrada. Quizás exagere, pero Brexit es, cuando menos, tan interesante como El vicio del poder o Bohemian Rhapsody. Y está mil veces mejor dirigida que La favorita.
  • Al cine español aún le falta valor para afrontar algo tan audaz. El Reino es una buena película, mas incompleta. Quizás haga falta una mayor independencia de nuestra industria.

En cualquier caso, la principal recomendación es atender menos a los premios y más a las pantallas “grandes”.