Oscar a la Disney

Supongo que todo el mundo sabe distinguir lo que hacen Tony Soprano y Michael Corleone de las acciones de los taxistas españoles. Aquello es ficción; esto, realidad. En tiempos convulsos como los que vivimos necesitamos evasiones. ¿Por qué no con algo tan inane y arbitrario como los premios de la Academia de Hollywood? Sobre todo cuando ante nosotros tenemos Oscar a la Disney.

Los Oscar llevan años dándose tiros en el pie. Premiar a películas como Crash, The Artist, En tierra hostil, Birdman, Moonlight o La forma del agua puede ser osado, pero no inteligente. Los premios de la Academia de Hollywood son algo esencialmente promocional. Entonces, ¿a qué viene este culto a lo minoritario?

Ya lo escribí hace años: Hollywood quiere parecerse a Cannes. Suicidio comercial que nos tiene condenados a superhéroes y demás espectáculos palomiteros. ¿Dónde quedan las grandes películas del gran Hollywood?

Por lo menos, hemos ganado en corrección política. De ahí lo de los Oscar a la Disney. Ya hace lustros que el canal televisivo homónimo nos presenta series que abarcan todas las razas posibles: blancos, negros, hispanos, asiáticos… Algo que ha contagiado a un sinfín de producciones televisivas y cinematográficas.

Las nominaciones de este año no pueden ser más políticamente correctas. Ahí, tenemos Roma, película mexicana dirigida por Alfonso Cuarón. Dignísima de Cannes, Berlín y Venecia. Pero bien lejana a Lo que el viento se llevó, El silencio de los corderos o Million Dollar Baby. En cualquier caso, sus muchas candidaturas habrán cabreado a Donald Trump. Objetivo cumplido, aunque fútil (Trump siempre está cabreado).

Junto a ella, Black Panther, Marvel en estado puro… mas afroamericano. Es un buen filme… pero no mejor que muchas de sus hermanas. ¿Por qué ahora los superhéroes también cuentan para los Oscar más elevados? Hasta Magneto se sentirá feliz con lo que hacen los humanos.

Para cubrir la cuota racial afroamericana, se unen Green Book, aún no estrenada en España, e Infiltrado en el KKKlan. Por interesante que sea el filme de Spike Lee, uno se pregunta si este merece la nominación a mejor director antes que Bradley Cooper, responsable y protagonista de la bonísima Ha nacido una estrella.

Para completar los Oscar a la Disney, Bohemian Rhapsody, biopic de Freddie Mercury, nacido en Zanzíbar e hijo de emigrados parsis. Y las nominaciones a dos directores extranjeros: el griego Yorgos Lanthimos, por La favorita, y el polaco Pawel Pawlikowski, por Cold War. La candidatura de aquel es de traca. La de este, merecida, pero ajena por completo a la industria de Hollywood.

Sin embargo, Hollywood no ha acertado de pleno en su intento de emular una serie Disney. En los intérpretes principales solo hay una mexicana, Yalitza Aparicio, y un descendiente de egipcios coptos, Rami Malek. Viggo Mortensen es hijo de danés y vivió en Argentina, pero eso no cuenta. ¿Dónde está la candidatura de un hawaiano?

Ya están servidos los Oscar a la Disney. Ya hay quejas por las pocas mujeres candidatas en las categorías técnicas. No se puede satisfacer a todo el mundo. Lo más curioso de todo, empero, sería que Roma terminase triunfando en Hollywood. Netflix, la gran competencia, habría ganado la batalla… quizás la guerra. En Los Angeles estarán encantados de haberse conocido mientras la meca del cine se va al carajo.

Y esto comenzó antes de Donald Trump.

P.S.: No creo que vaya a ganar Roma; sería demasiado suicida. Como me falta ver Green Book, no quiero hacer predicciones.