La favorita

Entramos en temporada de Oscar, lo que antaño conllevaba películas larguísimas y hogaño, minoritarias. La favorita, probablemente, se llevará algunas estatuillas, sobre todo por la inmejorable interpretación de sus tres protagonistas femeninas.

La favorita cuenta cómo, a principios del siglo XVIII la relación entre la reina Ana y Lady Sarah Churchill se estropeó por la intromisión de una prima de la antepasada del gran Sir Winston. Basada en hechos reales, la película camina tan cerca de la Historia real como la concepción que José María Aznar tenía de Manuel Azaña o como la que Mitch O’Farrell tiene de Cristóbal Colón.

A pesar de todo, La favorita es un filme de dos horas bastante entretenido. Cierto que el elemento histórico rechina por todos lados, pero el argumento dramático se impone para presentar un trío de rivalidades, amores y desencuentros realmente notable. La historia de las tres mujeres consigue atraparte en la butaca a partir de un sólido guión en lo dramático.

En realidad, en La favorita se superponen dos películas.

Por un lado nos encontramos con la que cuenta una historia interesante. Aquí, la calidad de las interpretaciones convierte el filme en imprescindible. Olivia Colman borda el papel de una mujer frágil, una reina rayana en la locura –algo no muy inhabitual en la Europa de la época–. Rachel Weisz construye una magnífica y poderosa fémina con soltura, sin alardes. Y Emma Stone demuestra de nuevo que eso de actuar es cosa de manejar la mirada.

No me gusta la expresión, pero las tres están de Oscar.

Aparte, La favorita cuenta con una magnífica fotografía, una exuberante dirección artística. Da igual que los tejidos sean, a propósito, anacrónicos. O que un baile se parezca demasiado al de Top Secret. Lo cierto es que la ambientación deleita a pesar de sus excesos.

Por otro lado, La favorita es una película de festival. El director, el griego Yorgos Lanthimos, no permite que nos olvidemos nunca de él. Cuando la acción y la cámara nos sumergen en la trama, cuando consigues olvidarte de que estás en una sala de cine, el director se ocupa de que te acuerdes de él y de parte de sus antepasados. Ya sea con una lente ojo de pez, con un plano rebuscado o el susodicho baile, la firma del autor rechina como las uñas de Robert Shaw en la pizarra de Tiburón.

En cualquier caso, La favorita es una buena película. Quizás un tanto fría en su clímax, pero altamente recomendable. Además, con director extranjero y pedante, puede contar, mucho, para los Oscar. Por no hablar de su carga feminista. Aunque, a diferencia de Roma, carezca del empuje de la Academia y de Netflix.

Obligatorio verla, sobre todo de los que disfrutan de las grandes actrices.

P.S.: La favorita demuestra que una película puede ser buena aun con un mal director.

P.S.S.:El pasado domingo escribí la crítica de Glass (Cristal).