Despotismo iletrado

Vivimos bajo la bota del despotismo iletrado. A la salida de una discoteca una mujer pega un puñetazo a su pareja. Él se defiende con una bofetada, a lo que ella responde con una patada. El Tribunal Supremo impone una condena más severa al hombre. La sentencia afirma que "a partir de ahora la intención de dominación o machismo no es un requisito que tenga que probarse en el juicio".

No hay que preocuparse. El Supremo está aplicando una ley aprobada por unanimidad en el Congreso y ratificada en el Constitucional. Da igual que el voto particular de cuatro magistrados entienda que se está pervirtiendo el principio de presunción de inocencia.

La ideología de género es muestra paradigmática del despotismo iletrado. Hay una opinión que invalida todas las demás. En este sentido destaca el llamamiento de la Comisión 8M a una huelga general el 8 de marzo. Da igual que, por ley, estén prohibidas las huelgas políticas. Y cuidado con mostrarse en contra de tan magno acontecimiento.

Hay muchísimos más casos de despotismo iletrado. La Constitución expresa que en los partidos políticos "su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos". Pablo Casado nombra a dedo a los candidatos a la Comunidad y Ayuntamiento de Madrid y no pasa nada.

Mientras tanto, el Ejecutivo gobierna a golpe de Decreto Ley, aunque no haya "extraordinaria y urgente necesidad" como exige la Constitución. Pedro Sánchez y los suyos piensan seguir al frente de la Nación con poco más de un cuarto de los diputados del Congreso.

Pero no hay problema. Basta con pactar con los partidos catalanes que pretenden acabar con la Constitución.

PP y PSOE, se supone, son los defensores del sistema constitucional.

Mientras tanto, en los extremos, también encontramos ejemplos de despotismo iletrado. Podemos, antimonárquico, funciona con una pareja real. Si él se ausenta, ella se pone al frente del partido. Vox, por su parte, quiere derribar el sistema desde dentro, lo que recuerda sobremanera a bolcheviques y nazis.

Estos, se supone, son los partidos antisistema.

Quizás por eso la "prensa del movimiento" los ataca. Fueron muchas las noticias sobre la financiación venezolana de Podemos. Y ahora se insinúa que a Vox lo financia el exilio iraní.

Sin embargo, esa misma prensa no duda a la hora de dar tribuna destacada a los extremistas que no son de la otra España. Ahí tenemos a El País mimando las palabras de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón.

El depotismo iletrado lo abarca todo. El humor se tolera, siempre que se critique a los "hotros". Cuando se hace a los "hunos", entonces es perseguible.

Porque la esencia del despotismo iletrado es la negación sistemática del otro. Solo lo propio es lo correcto. Lo demás es automáticamente condenable.

Lo que más en juego está es la libertad de expresión. Como siempre en España, se condena cuando se tiene una opinión diferente. Por eso este artículo no gustará a nadie.

Todo esto es absurdo, disparatado. Recuerda enormemente a las palabras de Pío Baroja, incapaz de entender la España de su tiempo. Sin embargo, este país sobrevive.

Podemos consolarnos con la idea de que el despotismo iletrado no es exclusivo de España. Ahí tenemos para consolarnos, por ejemplo, al bueno de Donald Trump.

P.S.: El despotismo iletrado se manifiesta ejemplarmente en el "Ni un paso atrás", al parecer lema de la próxima huelga del 8 de marzo. De eso ya escribí el pasado domingo.