Ni un paso atrás

Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno, afirma que en cuestiones de violencia de género no hay debate posible. “Ni un paso atrás”, afirmó en un Twitter. Puestos a usar frases hechas, prefiero el “rectificar es de sabios”, más sustancial y enjundioso. Porque, ¿ni un paso atrás aunque vayamos camino del abismo?

Por múltiples y obvias razones, jamás seré votante de Vox. Sin embargo, a mí también me parece malísima la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género.

En primer lugar, por su más que dudosa eficacia. Aparte, porque acorralar a la alimaña herida se me antoja temerario. Además, porque se tuerce nuestro procedimiento procesal penal. Por último, lo más grave, porque creo que atenta contra el principio de igualdad que propugna el artículo 14 de la Constitución Española.

El asunto es peor en su traslación andaluza, donde se elimina la presunción de inocencia.

¿Ni un paso atrás?

La ley contra la violencia machista es hija de la más radical ideología de género, que tiene tintes despóticos en su pretensión de imponer su visión de las cosas sin debate alguno. Al más puro estilo estaliniano, si no se está de acuerdo con sus opiniones, uno se convierte en irreconciliable enemigo.

Por ejemplo, esa idea del patriarcado opresor recuerda bastante a esos monstruos informes de las conspiraciones judeomasónicas de Franco y Stalin. Curiosamente, este último usó lo de “Ni un paso atrás” en plena Segunda Guerra Mundial.

La ideología de género quiere prescindir del concepto de igualdad entendido como “somos iguales con independencia de”. Pretende que seamos iguales “A COSTA DE”.

A costa de la gramática, de las demás opiniones, de los principios constitucionales, del sentido común… de la libertad. ¡Por eso se mueve también Podemos en estos terrenos!

¿Derogar, así sin más la Ley contra la Violencia de Género? No lo creo pertinente, por el existente clima de alarma social. Hay que actuar, por supuesto, porque nos enfrentamos a gravísimo problema. Pero, ¿a costa de nuestros principios jurídicos y constitucionales? Habría que reformarla. O, mejor, sustituirla.

“Ni un paso atrás” es una postura pueril. Despótica.

Carmen Calvo es una de las más sobresalientes representantes del nuevo despotismo iletrado. Ignora que su cerrazón intelectual y su intransigencia son perfecto alimento para cualquier populismo. De manera análoga a como una acción reprobable de cualquier banquero facilita el ascenso de Podemos, las maneras tiránicas de la Vicepresidenta suponen un poderoso empujón para Vox.

¿Ni un paso atrás? En ocasiones, el debate es necesario. Hay que confrontar opiniones, dialogar, buscar un solución razonada y razonable para cada asunto de Estado.

Carmen Calvo es una de las figuras más dañinas que ha conocido nuestra democracia desde la muerte de Franco. Está, casi, a la altura de José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. Claro que estos dos dejaron la política, afortunadamente. Pero no nos preocupemos, que Calvo pronto formará parte del Consejo de Estado, crecientemente poblado de representantes del despotismo iletrado.

Pero, eso sí, ni un paso atrás.

Inventar imágenes hostiles desencadena una fuerza destructiva.

Porque no es el enemigo el que crea la desconfianza,

sino la desconfianza al enemigo.

MERAB MAMARDASHVILI

P.S.: Más depotismo iletrado: ahora se lleva a los tribunales un chiste torpe del PP. ¿Hay alguien en este país que entienda lo que significa y conlleva la libertad de expresión?