Tiempo después

Amanece que no es poco es uno de los hitos del cine español. Encuadrada en nuestra más auténtica tradición del absurdo, es una de esas películas que mejoran con el paso de los años, que ganan sentido y enjundia al tiempo que siguen provocando risas y carcajadas. Obra maestra del humor, en su buena vejez se parece a La vida de Brian. Tiempo después quiere ser una suerte de secuela de Amanece que no es poco.

Por lo menos, así se ha querido promocionar Tiempo después. El director y guionista, José Luis Cuerda, tampoco ha insistido mucho en la idea. Ciertamente, en este reciente estreno, se conjugan el surrealismo y el absurdo tan característicos de Amanece que no es poco. Pero nada más.

Dramática y argumentalmente, Tiempo después nada tiene que ver con su presunta precuela. Sinceramente, no se parece en nada… salvo en el nombre del director y de algunos intérpretes.

Tiempo después se plantea como gigantesca alegoría donde el mundo es un edificio en medio del desierto, junto al que una serie de parados malviven en un poblado de chabolas. En el rascacielos, un remedo de orden “opresor” funciona tranquilo hasta que un desempleado intenta vender limonada en sus estancias y pasillos.

A partir de este recurso dramático, se sucede una serie de secuencias sin apenas trabazón, sin apenas humor, sin apenas hondura. Unos personajes huecos pretenden representar el “gran teatro del mundo”. Sin conseguirlo.

Para servidor, Tiempo después ha supuesto una mayúscula desilusión. Básicamente, por tres razones.

En primer lugar, lo que en Amanece que no es poco era humor puro, agudo, con un poso de crítica en la lejanía, torna ahora en crítica directa, casi panfletaria, donde las ideas del “autor” se imponen a cualquier otro elemento. Cuerda hace un alegato casi decimonónico sobre la explotación de los débiles a manos de los poderosos.

En segundo, en Tiempo después las fórmulas empleadas en Amanece que no es poco parecen agotadas. Los diálogos serios en clave de humor, los chistes surrealistas, el absurdo… quedan difuminados bajo un remedo de nostalgia que domina el filme. Da la impresión de que este proyecto apenas generó alegría. Parece más un drama con ínfulas que una comedia.

En tercer lugar, se echa de menos enormemente la presencia de cómicos como Luis Ciges, Saza, Chus Lampreave o Antonio Resines. Lo que tenemos ahora carece de la vis cómica de aquellos grandes maestros del humor. Que Miguel Rellán haya pasado de secundario que se saca la chorra a eje vertebrador del elenco muestra claramente lo que quiero decir.

Vi Tiempo después en una sala, grande, prácticamente llena. Durante la hora y media de proyección apenas se oyeron dos o tres risas, débiles y aisladas. Poco para una comedia. Poquísimo.

En cualquier caso, se agradece el intento de José Luis Cuerda. Siempre es bienvenido cualquier proyecto que coloque ante nuestros ojos un espejo que nos invite a reírnos de nosotros mismos. Otra cosa es que se haya conseguido.