Spider-Man: Un nuevo universo

Tan pendientes de nuestro ombligo, tan sometidos a los que nos dictan, tan empanados por nuestras cuitas, a menudo nos desentendemos de las auténticas novedades. Spider-Man: Un nuevo universo, oculta entre la vorágine de los estrenos navideños, nos muestra algo diferente… por lo que no merece pasar desapercibida.

En primer lugar, Spider-Man: Un nuevo universo nos introduce en la variable Marvel de los multiversos. Así, por fin nos topamos con el sinfín de posibilidades que abre la existencia de universos paralelos. En el filme, en este “nuestro” mundo confluyen varios Spider-Man, algunos de la más variada condición.

El recurso sirve para adornar, bien, la vieja y manida historia de cualquier filme de superhéroes. Ahí tenemos al supervillano, la posibilidad del fin del mundo, la gran batalla final… solo que ahora los buenos son un puñado de sujetos con poderes arácnidos.

Siempre apoyada en el humor, Spider-Man: Un nuevo universo es refrescante en su intento de renovación. La peli es altamente entretenida.

Pero esa no es su gran virtud. Spider-Man: Un nuevo universo es un filme de animación. Pero no de cualquier animación. En esta película, por lo menos yo, me he enfrentado a una manera radicalmente diferente de entender los dibujos animados.

Describir la animación de la película es difícil. Quizás imposible. Porque se mezclan varios tipos. A veces se juega a mostrar la estética del viejo tebeo con una sensación de pantalla rugosa. Otras veces las escenas de acción te trasladan a estéticas nunca soñadas. Y en ocasiones lo abstracto se abre paso en un festín de colores y formas imposibles.

En conjunto, Spider-Man: Un nuevo universo es un alarde visual de primera magnitud. Por ello mismo es recomendable verla en pantalla grande.

Así, aunque Marvel comience a estragarme, esta película me emocionó en numerosos sentidos. Después de todo, es difícil toparse con algo que no se parezca a nada de lo anterior.