Aquaman

En el pasado artículo, en el que reflexioné sobre el cine en 2018, me dejé fuera a DC Comics, que de alguna manera pretende arrebatarle el trono a Marvel. Claro que con películas como Batman vs Superman o Liga de la Justicia es bastante difícil. Otra cosa es intentarlo con filmes como Wonder Woman o Aquaman.

Aquaman se ha convertido en un fenómeno global de taquilla. Lejos de planteamientos oscuros y presuntamente filosóficos, apuesta por el entretenimiento puro, con algo de humor. Lo que importa es el ritmo, rápido, y la trama, sencilla. A pesar de que dura más de lo aconsejable, se deja ver con tranquilidad e, incluso, deleite.

Al igual que Wonder Woman, Aquaman apuesta por un héroe bello, Jason Momoa, que tiene carisma y atractivo para llenar pantalla. Consigue que se pueda tomar en serio a este superhéroe, antaño rayano en el kitsch más ridículo. Ahora Aquaman es un tipo normal, algo juerguista, pero de gran cuerpo y aún mayor corazón.

Junto a él, un buen elenco, entre los que destacan Amber Heard –excelente como la mujer fuerte que hoy en día se exige–, Willem Dafoe, Nicole Kidman y Patrick Wilson.

Así, esta pléyade de personajes más o menos creíbles es un sólido cimiento para una historia sin otra pretensión que la de entretener. Con un malo muy malo y multitud de bellos paisajes –reales o virtuales– Aquaman sigue la línea de pelis como Los Vengadores en donde el buen rollo es más importante que la línea argumental, siempre algo menor en un género tan popular como escaso en su potencial alcance.

El secreto del éxito en este cine, más allá de la popularidad de los personajes de cómic, es conjugar acción con comedia. Aunque aquí hay pocos gags memorables, en líneas generales el humor mejora la película. Por ejemplo, la historia de amor, tan previsible como tópica, se alimenta del viejo –aunque eficaz– choque de caracteres entre los dos personajes protagonistas.

Aquaman, además, contiene dos o tres espléndidas secuencias de acción. Destaca la que acontece en Sicilia, con dos persecuciones/peleas paralelas que se conjugan en un falso mas brillante plano secuencia. Aquí la labor del director James Wan es ciertamente encomiable.

Otra cosa es que estas películas de superhéroes no consigan convertir en atractivas sus gigantescas batallas por acumulación. Se juntan centenas, millares, de unidades militares… pero nada tiene importancia… porque se sabe cómo va a acabar todo. Quizás deberían, como Shakespeare, dejar lo gordo a un lado y centrarse en los puntos más dramáticos de la trama… si los hubiere.

Aquaman es una peli recomendable por entretenida… solo para aquellos que gozan de este tipo de producciones. Además, con esta película se confirma que hay otro jugador en el tablero del subgénero de los superhéroes. Solo cabe preguntarse si Disney algún día también comprará la franquicia DC Comics.