El cine en 2018

Con El regreso de Mary Poppins aquí mismo, se confirma que el cine en 2018, como en años pasados y venideros, es de Disney. Con todo lo dulce y empalagoso que ello conlleva. Disney, a través de sus muchas “máscaras”, parece querer fagocitarlo todo.

Ahí tenemos Los increíbles 2, estreno esperado por varias generaciones que mostró que Pixar también es vulnerable. El problema es que Ralph rompe Internet también muestra una creciente tendencia plúmbea en el cine de animación, el campo más habitual de Disney.

Pero si Disney aparenta abarcarlo todo ha sido gracias a su franquicia Marvel. El cine en 2018 quedará siempre marcado por el proyecto, entre eugenésico y eutanásico, de Thanos en Infinity War. Por fin un desenlace “marverliano” nos enfrentó a la muerte, aunque no se atreviese con los “grandes” superhéroes.

Durante el año que termina se estrenaron varias películas Marvel más: Deadpool 2, Ant-Man y la Avispa, Venom… y seguro que de alguna me olvido.

Si a eso unimos los innumerables estrenos de segundas o sucesivas partes de diversas franquicias de otras “marcas” –Misión imposible, Tomb Raider, Transformers, Jurassic World, Ocean´s 8, etc.– se puede confirmar que el entretenimiento palomitero está más que asegurado. Claro que aquí Disney, con su Han Solo: una historia de Star Wars, también contribuye de manera decisiva.

El problema es que este entretenimiento es, la más de las veces, bastante flojo en claridad y hondura.

El cine en 2018, empero, comenzó de nuevo con unos Oscar un tanto peculiares. De nuevo venció una película minoritaria, La forma del agua, ni tan buena ni tan crítica como afirmó el mundillo. Solo tuvo cierta gracia que el director, Guillermo del Toro, fuera mexicano, pues con este nuevo “mexican power” Hollywood no deja darle en los morros al “bueno” de Donald Trump.

Sin embargo, a los Oscar acudieron algunas de las mejores películas del año –si las consideramos desde su estreno en España–: Lady Bird era minoritaria, pero original y poderosa; El hilo invisible nos entregó, de nuevo, al gran Daniel Day-Lewis; y El instante más oscuro reivindicó a Winston Churchill mediante una soberbia interpretación de Gary Oldman.

Más allá de lo citado, el cine en 2018 ha tenido algunos momentos brillantes. Destaca Denzell Washington con dos buenos estrenos, Roman J. Israel y The Equalizer 2 –nada parece librarse de las segundas partes–.

También me interesaron bastante: Bohemian Rhasody, por el magnetismo del protagonista y por sus soberbias canciones; Infiltrado en el KKKlan; Viudas, mucho más que una traslación del #MeToo al cine de atracos; y Malos tiempos en el Royale, por su soberbia primera hora.

Aparte, el cine en 2018 ha tenido dos o tres blufs. Los más destacados: Ready Player One, que se quedó a mitad de camino de ninguna parte; y First Man, plúmbea e insustancial.

En cuanto al cine español, 2018 no ha sido un mal año. Ha habido grandes éxitos de taquilla, como Superlópez. Y Campeones y El reino han dado cierto lustre a una industria que comienza a serlo, sobre todo en el género de la españolada. Quizás ese sea el camino.

Claro que, para muchos, el gran estreno del año ha sido Roma, de Alfonso Cuarón. ¿Querrá Netflix aspirar al trono de Disney?

Claro que, de nuevo con un director mexicano, no debemos desechar la idea de que en 2019 vivamos un nuevo año de la marmota. Porque, después de todo, quizás ya no se hacen películas como Atrapado en el tiempo.