Laura Luelmo y la alarma social

El asesinato de Laura Luelmo es un suceso trágico. Nadie que sea humano dejará de estremecerse ante una muerte tan injusta y cruel. Precisamente, una de las características del ser humano es su capacidad de sentir compasión ante el mal ajeno.

Entonces, ¿por qué este despliegue mediático? ¿Por qué esta atención desmedida a un asesinato tremebundo, cierto, pero no único? ¿Por qué se potencia esta alarma social, llena de urgencia, de rabia, de potencial odio?

Cuando se produce un crimen tan espantoso, uno se enfrenta a la incomprensión. ¿Soy acaso de la misma especie que el bruto que ha asesinado a Laura Luelmo? Cuesta creerlo, pero compartimos código genético, pues ambos somos humanos. También se siente lógica rabia, impulso de tomarse la justicia por la propia mano. Pero, afortunadamente, vivimos bajo el imperio de la ley.

Dicha incomprensión y rabia explican por qué estos crímenes provocan reacciones tan rápidas y contundentes en los partidos políticos. El PSOE quiere reforzar la vigilancia de los expresos potencialmente peligrosos. Vox y PP apuestan por mayor severidad y contundencia en los castigos. La única pregunta es si reaccionan por incomprensión y rabia o por interés electoral.

Sin embargo, pocos prestan atención al verdadero problema de este asunto: ha fallado el sistema de reinserción del presunto asesino. ¿Cómo podemos mejorar el sistema penitenciario para que cumpla con las funciones sociales que van más allá de lo meramente punitivo? ¿Qué hacer cuando sabemos que estas han fracasado?

Hasta aquí, todo normal... más o menos.

Lo preocupante es que muertes como la de Laura Luelmo animen el desprecio, casi odio, hacia los hombres. Muchas son las voces que, más allá de la compasión, bien lejos de la incomprensión, justifican con este asesinato sus propias ideas. Es decir, el crimen demuestra que el mundo está dominado por ese monstruo informe que es el heteropatriarcado opresor.

Hermosa me parece la idea de la sororidad. Pero ante la muerte injusta de una joven como Laura Luelmo no solo sufren las mujeres. Sufrimos todos… porque eso es lo humano, lo lógicamente emocional.

Culpar a los hombres en conjunto, demonizar al género masculino, como he escuchado y leído a algunas ínclitas feministas… me parece harto desmedido, completamente injusto.

Relacionar estos asesinatos con el presunto sistema machista es tan falaz como peligroso. Pero la idea, no compartida por todo el feminismo, se va repitiendo y repitiendo… y ya sabemos lo que opinaba Hitler de la repetición para manipular a las masas.

Así, en la sociedad va calando la idea de que existe el patriarcado opresor; y de que volver a casa es peligroso… porque el mundo está plagado de hombres acechantes y amenazantes; y de que, por genes, educación y/o cultura, los varones son, en esencia, potenciales agresores.

Falacia desmesurada que, en gran medida, se ve apoyada por unos políticos incapaces y un periodismo oportunista y desnortado… todos a una a la hora de aumentar la alarma social, de potenciar la sensación de peligro y, sobre todo, de sacar provecho a la muerte.

El asesinato de Laura Luelmo es un suceso trágico. Uno más que añadir a la luctuosa crónica de la España negra. Sin duda, es obra de un malnacido… y debemos sentir rabia, incomprensión y compasión. Pero también debemos mantener la calma para analizar y mejorar el sistema (1), y para evitar una alarma social injustificada.

Y, sobre todo, debemos conservar la cordura… porque los discursos del odio y del resentimiento solo generan caos... en forma de odio y resentimiento.

(1) Mejorar la reinserción de presos reinsertables, y ver cómo afrontar la de los no reinsertables. Mejorar el sistema penitenciario. Mejorar el culto al respeto. Mejorar la educación en general... Mejorar y mejorar para luchar por la utopía de que no se vuelva a asesinar, por el improbable sueño de que todos podamos volver a casa sanos y salvos.