Roma, de Alfonso Cuarón

Después de su triunfo con Gravity y de haber hecho caja y ganado popularidad con una película de la saga Harry Potter, Alfonso Cuarón tenía merecido hacer una película tan personal, tan de autor, como Roma. Y, supongo, también entra dentro de sus méritos el reconocimiento de crítica y premios que esta película va recibiendo.

Efectivamente, Roma es una película de autor, con todo lo que ello conlleva. Rodada en blanco y negro, es de esos filmes en los que cada plano muestra la capacidad visual del autor, aquí completamente desatado para mostrar su valía estética, artística. En ese sentido, Roma es un alarde de director capaz.

Roma cuenta una historia costumbrista ambientada en el México de principios de los años 70. A partir de la vida de una humilde empleada en una casa de ricos, asistimos a un argumento de detalles, con escasa historia, en los que se desgranan los numerosos contrastes y carencias de una sociedad incompleta, a menudo injusta.

Es decir, estamos ante una película crítica, que muestra una época y una nación con múltiples desigualdades. Los humildes sufren, aunque los ricos también lloran. Pero, sobre todo, las que más sufren son las mujeres… sometidas a ese patriarcado opresor que las convierte en meros objetos en manos de unos hombres egoístas entregados a unas pasiones más o menos básicas, siempre perversas.

Roma es un ejemplo paradigmático de lo políticamente correcto, de lo que ahora se debe contar en el cine. De ahí que no pueda extrañarnos su León de Oro ni sus sólidas aspiraciones a los próximos Globos de Oro y Oscar.

En cualquier caso, es puro cine de autor. Una de esas producciones en las que apenas pasa nada, pero que supuestamente dice mucho… en especial a los amantes del cine “elevado”. Si a eso unimos numerosos homenajes a Federico Fellini… tenemos ante nosotros ante una película de culto.

En cualquier caso, lo más llamativo es que Alfonso Cuarón ha conseguido hacer “su” filme gracias a Netflix. De ahí que haya podido verla en la tele a pocos días de su estreno –con una mala calidad de sonido, por cierto–. El morbo que despierta su irrupción en los Oscar sobrepasa su cualidad de película de autor.

Alfonso Cuarón se lo merecía. Prefiero mil veces Hijos de los hombres, pero Roma es la película que lo consagra ante la gran crítica, ante los grandes festivales… y un poco menos ante el pequeño mas mayoritario público.

Roma es una película digna del “mejor” Fellini. Que cada uno entienda esto como mejor le parezca.

P.S.: En plata: me aburrí mucho, pero no me arrepiento de haberla visto. Me gusta comprobar que aguanto hasta el final aunque sea ante la tele en el salón de mi casa.