¿Demasiados maestros?

Don Severiano Santos se jubilará el próximo junio. Con él desaparecerán de su colegio los antiguos maestros. De la vieja escuela, es un “hombre renacentista”, desde su humildad, pues nada de lo humano le es ajeno. Más allá de su capacidad de adaptación a cualquiera de las nuevas maneras pedagógicas -digitales o no- destaca por una soberbia y siempre creciente cultura general.

Esta semana se ha hecho público un estudio que afirma que las universidades forman a un 50% más de maestros de los necesarios. Evidentemente, aquí el cuánto es llamativo. Pero lo realmente preocupante es el cómo.

En primer lugar, porque la carrera de maestro no siempre la escoge gente con vocación. Este grado, más bien, es uno de esos que se elige porque no te admiten en ningún otro. Es decir, los requisitos para entrar en la carrera son mínimos.

Y, como decía otro de mis viejos profesores, los maestros deben ser escogidos entre los mejores de la sociedad.

Luego, en la carrera, los futuros maestros aprenderán mucho de métodos pedagógicos, pero poco o nada de las materias que impartirán. Ya que preocupa a tanta gente, los niveles en ortografía de muchos de los jóvenes profesores son lamentables. A veces, ridículos.

Además, cuando terminen la carrera, sin apenas experiencia, intentarán poner en práctica unos métodos tan poco contrastados como discutibles. Y sin saber de qué están hablando. Como afirma Salvador Monsalud, aquí lo importante es el qué.

Y así, por fin, nos encontramos con un sujetos ignaros que se dedican a poner en práctica teorías mostrencas. Sin saber, insisto, de qué están hablando.

Por todo ello, la noticia de la superpoblación maestril llama la atención… desde su ironía. Porque sí que hacen falta maestros… maestros mucho mejores.

Con Severiano Santos se extingue una vieja manera de entender la enseñanza. Aquella que consistía en la dedicación, el aprendizaje constante y la capacidad diaria de mejora. Cualquier otro camino… lanzará demasiados maestros al “mercado”… aunque solo envíe tres cada año.