La ortografía ha muerto

Hace ya cinco o seis años, corrigiendo un examen, me topé con un “hize”. Miré el nombre del estudiante. Era una de las mejores alumnas de la clase, una voraz lectora, una buena escritora. Cuando le pregunté qué había pasado, arguyó que no había tenido tiempo para revisar. La falta, entonces, había surgido de la respuesta apresurada, del inconsciente. Supe entonces que la ortografía estaba muerta.

Ciertamente, menudean las faltas de ortografía. No solo entre escolares y universitarios, sino también entre adultos de toda condición, maestros incluidos. Por eso no me sorprendió, en las últimas oposiciones a profesor de secundaria, que muchísimas plazas quedasen vacantes, en parte por los numerosos errores ortográficos y gramaticales.

Habitualmente se coloca en las nuevas tecnologías la razón de los males ortográficos. Que en el Whatsapp se escriba “xq”, “k” u otras abreviaturas parece explicarlo todo. Pero, en mi época estudiantil, escribíamos cosas similares cuando cogíamos apuntes. Claro que, más adelante, en el examen, sabíamos “traducirlo”.

El asunto es más profundo que el simple uso de un lenguaje propio, abreviado, probablemente perezoso. “Vurro” es una falta de ortografía. “Hize”, algo mucho más serio, pues “ze” no existe en nuestra escritura, salvo en Nueva Zelanda.

¿Entonces? Quizás los autocorrectores tengan que ver. Cualquiera de nosotros, los que alardeamos de buena ortografía, estamos acostumbrados a que el teclado del móvil o el procesador de texto nos corrija o, cuando menos, nos indique los errores. No creo que sea la causa última, pero este fenómeno, sin duda, ayuda.

A mi entender, el principal problema –más allá de otros asuntos, como incapacidad para la atención, abulia y falta de interés, que afectan a la educación en general– para la ortografía española viene de la convivencia constante con el inglés, donde sí, por ejemplo, se puede escribir “realize”. Cada vez somos más bilingües, lo que es bueno. E Internet es una herramienta mucho más útil desde el idioma de Donald Trump.

La ortografía ha muerto. Algo que, empero, no me parece tan grave. En español “vurro” se dice igual que “burro”. Al final se entiende. Más graves me parece no poner las tildes, pero en cualquier examen escolar o universitario se penaliza más una ‘v’ en lugar de ‘b’ que confundir “tenia” con “tenía”.

Es decir, desde la propia concepción del idioma surgen las contradicciones. Digan lo que digan los criterios habituales, una tilde es más importante que diferenciar la ‘z’ de la ‘c’.

El gran problema reside, en mi opinión, en temas aún más básicos. No paro de leer “esque”, “alomejor”, “derrepente”, “sobretodo”, “aveces”… faltas gramaticales en los que el individuo demuestra su ignorancia sobre qué son y qué implican las palabras.

Sin embargo, esta impericia/incapacidad gramatical tampoco es el asunto más grave. Lo que realmente entristece y alarma es la incapacidad del chaval –o del adulto– para la reflexión crítica, oral o escrita.

Si a eso unimos el colapso absoluto del concepto de cultura general, podemos predecir que lo de arriba no tiene pronta solución.

La ortografía ha muerto… hija de otros tiempos. Lo que sería injusto, terrorífico, trágico… sería hacer pagar a los estudiantes de la próxima selectividad. Porque ellos sí que no saben lo que hacen.

P.S.: Si se lee está página peruana (http://razonamiento-verbal1.blogspot.com), se verá que allí sí enseñan español, en lugar del galimatías gramatical que manejamos en España.