Boca contra River

Durante semanas, los viejos románticos del fútbol hablaron de la final de la Copa Libertadores, Boca contra River, como la final de finales. Han sido incesantes las elucubraciones sobre la magia, casi la mística, de este enfrentamiento. Pero la realidad nos ha vuelto a poner en nuestro sitio: ayer sábado un grupo de seguidores de River Plate atacó el autobús de los jugadores de Boca Juniors. El partido ha tenido que ser aplazado a hoy domingo.

Nada nuevo. En 2015 fueron los seguidores de Boca Juniors los que atacaron a los jugadores de River Plate -la foto que abre este artículo es de entonces-. Boca contra River, con toda su leyenda, genera violencia.

Desde 2013 en Argentina se ha prohibido que las hinchadas visitantes acudan al campo rival. Pero el asunto no afecta solo a los seguidores. En un sinfín de ocasiones los jugadores también han protagonizado momentos violentos, deleznables. Buen ejemplo para el pueblo.

Boca contra River quizás sea la rivalidad deportiva más llamativa. Pero es tan solo el mascarón de proa de las pasiones que el fútbol despierta en todo el mundo (resulta curioso que otros deportes, como rugby o baloncesto, despierten pasiones, pero no violencia).

Y a menudo estas pasiones degeneran en actitudes violentas. En impulsos negadores del otro, de cualquiera que esté relacionado con el equipo rival.

Como afirma Harari en 21 lecciones para el siglo XXI, la crisis de los relatos tradicionales provoca que el homo sapiens busque sustitutos donde sea. El fútbol es perfecto vehículo para trasladar nuestros sentimientos de devoción, fe y pertenencia.

Por ejemplo, en España la gente suele sentir más los colores de sus respectivos equipos que los de su bandera. Ahí tenemos, por decir un equipo, a la “gran familia rojiblanca”, alabada por los susodichos románticos, pero cuyo principal leitmotiv es el antimadridismo. Preciosa mejor hinchada del mundo.

La violencia que se genera desde el fútbol es un síntoma más de la enfermedad de la sociedad contemporánea. Descreídos en todo lo importante, buscamos sustitutos donde sea.

El fútbol alimenta solo una vez a la semana. Ahí entra el peligro de los nacionalismos (1), negadores del otro por definición, que sí sirven para todos los días del año.

Boca contra River. Maravilloso enfrentamiento en lo deportivo. Apestoso en todo lo demás.

Solo nos queda esperar a ver qué ocurre tras la final. ¿Arderá Buenos Aires?

(1) En Estados Unidos, donde aún veneran himno y bandera, los deportes generan menos violencia. ¿Casualidad?