William Goldman

“Nadie sabe nada”. Así resumió William Goldman la industria del cine. Más que en su sentido literal, que también, la cita debe entenderse como un curioso homenaje a Montaigne. ¿Por qué está película ha tenido éxito y aquella no? ¿Qué tiene este gag que tanta gracia ha hecho a la gente? ¿Por qué este intérprete es estrella aunque no destaque ni en belleza ni en carisma?

William Goldman, uno de los más importantes guionistas del último Hollywood, falleció el pasado día 16. Con él desaparece un maestro del diálogo, de la tensión narrativa, de la excelsa construcción de personajes. Lastimosamente, su nombre no era demasiado conocido… cuando fue alguien del que mucho aprender.

Y no solo porque fuese el autor de algunos guiones memorables, como Harper, investigador privado, Un puente lejano, Misery o Marathon Man; sino también porque fue el autor oculto de algunas películas que marcaron el cine de las últimas décadas:

En primer lugar, Dos hombres y un destino, recreación personalísima de dos viejos mitos (por entonces olvidados) del viejo Oeste. Goldman creó los personajes perfectos para Paul Newman y Robert Redford. Además, por encima de otros más aclamados, el guionista desmontó el viejo western a partir de unos espléndidos diálogos y unos implacables perseguidores que más recuerdan un castigo divino que un encuentro entre forajidos y policías. Por fin, esta película reinventó la buddy movie, la relación cinematográfica entre dos colegas.

Luego llegó Todos los hombres del presidente, quizás la mejor película jamás hecha sobre el periodismo. Supo, a partir de un libro y dos personas reales, construir unos poderosos personajes cinematográficos que encontraron magnífico vehículo en Redford y Dustin Hoffman. Lo más asombroso del filme, empero, es cómo mantiene la tensión dramática a pesar de que uno conozca de antemano el desenlace.

En los 80 llegó su mejor guión, La princesa prometida. Creado a partir de un libro del propio Goldman, es una perfecta parodia de los viejos cuentos de hadas. Aún más, en La princesa prometida se engarzan diversos géneros para conformar una de las películas más deliciosas de siempre. Posmodernidad en estado puro.

Por fin, me encanta el guión de Poder absoluto, una de las películas menos valoradas de Clint Eastwood. Pero el retrato que guionista y director hacen del poder, de la lealtad, del arrepentimiento, la venganza y la redención es digno de tenerse en cuenta.

William Goldman, por otro lado, sirvió de modelo a numerosos guionistas, sobre todo en los 80 y los 90, con su libro Adventures in the Screen Trade –creo que aquí se tradujo como Las aventuras de un guionista en Hollywood–. Más allá de la ironía que encierra su intento de explicar el “nadie sabe nada”, es una crónica deliciosa sobre su manera de escribir, sobre los secretos del guión.

Ha fallecido William Goldman, uno de los pocos guionistas “modernos” capaz de equipararse a los de la Edad Dorada. Sus diálogos, su arquitectura dramática, sus personajes… son modelos de los que aprender.

P.S.: Sirva este artículo como homenaje al guionista, ese oficio tan necesario para el buen cine como poco reconocido por el gran público –y por muchos directores, y por la gran mayoría de productores, y por casi todos los intérpretes, etc.–. Algo que se comprueba cada vez que uno se enfrenta a una buena serie.