Malos tiempos en El Royale

Obras maestras, en cualquier ámbito, hay pocas. Luego, también escasas, vienen las grandes creaciones, ora grandilocuentes, ora coquetas. Abajo del todo, la morralla. Y, entre medias, algunos libros, sinfonías o películas que tienen momentos antológicos. Es lo que ocurre con Malos tiempos en El Royale.

Malos tiempos en El Royale plantea una trama repleta de referencias. Ambientada a finales de los 60, el contexto histórico se vislumbra muy al fondo. Es un filme de motel, en el cine un lugar que se debe evitar. Todos los personajes, muy de thriller, esconden algún secreto –o varios–. Y, en plena tormenta, al final se plantea el argumento de “casa cerrada”.

Así, durante su primera hora larga Malos tiempos en El Royale es un alarde narrativo. A partir de historias simultáneas, de múltiples perspectivas y de algún flashback, se ponen en escena unos maravillosos personajes en una trama tan intrigante como sólida.

Y, ya superada la presentación, la cosa prosigue con un sinfín de sorpresas, alguna de ellas verdaderamente contundentes. Una delicia.

La primera hora del filme es antológica. Por sus numerosos conflictos dramáticos, por la precisión de la cámara, por su capacidad para generar tensión, por sus inesperados giros… es de lo mejor que recuerdo en la última década.

Pero, como decía Coucheau, es fácil comenzar bien una obra… pero tremendamente complejo terminarla del mismo modo.

Porque Malos tiempos en El Royale continúa… el ritmo decae, los tópicos se nos echan encima y el acto final se parece a casi todo lo que se ve en los últimos tiempos. Poco importa… si, como me ocurrió, uno no se olvida de la maravillosa primera hora.

Para no destripar el argumento, apenas daré detalles de por qué se pierde tanta tensión. Como razón de fondo, se me ocurre que al director y guionista, Drew Goddard, le faltó un productor que le ayudara a mejorar esa segunda mitad de su larguísima película (más de 140 minutos).

En cualquier caso, la cámara, poderosa, consigue sobreponerse a la pérdida de interés del guión.

Además, Goddard demuestra su capacidad para manejar un interesantísimo elenco, en el que destaca un sobresaliente Jeff Bridges, siempre eficaz, siempre capaz de decir con una mirada lo que otros, como Dakota Johnson, son incapaces de comunicar en toda una filmografía.

Malos tiempos en El Royale, por su primera mitad, es un filme harto recomendable. El resto del producto, quizás por contraste, es mediocre. En cualquier caso, la película compensa con creces el precio de la entrada.

Aunque sea tan solo por ver ese difuminado retrato crítico de una década tan convulsa como inmerecidamente loada –menos en lo musical– como los 60.