Preguntas y profesionalidad

¿Son las preguntas útiles?

En una ocasión un joven trabajador se acercó a Coucheau para mostrarle su admiración. Cuando el viejo maestro dio paso a una amena conversación, el chaval mostró su zozobra pues, novato en el ámbito laboral, temía que si hacía demasiadas preguntas se le pudiera tener por poco profesional.

– Lo no profesional es no preguntar -contestó Coucheau.

Ciertamente, para aprender, para solventar dudas, para mejorar, para no meter la pata… las preguntas sirven para prácticamente todo.

Cuando, el pasado viernes, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, se puso a saludar junto a los Reyes, metió la pata. Algo perdonable.

Pero, ¿acaso no había hecho preguntas? Ante su primera Fiesta Nacional el nuevo Jefe del Ejecutivo debería haber ensayado varias veces antes de entrar en el escenario del protocolo y el boato.

Que la Zarzuela intente excusar ahora el error de Sánchez (una cosa es esperar, otra saludar) no impide que en el vídeo se note la cara de perplejidad -“¿Qué narices hago yo aquí?”-  del Presidente, como si fuese un estudiante de Instituto en una entrega de los Nobel.

Solo es un detalle… ¿pero acaso el éxito no reside en el cuidado de los detalles?

¿Habrá preguntado nuestro Presidente en qué consisten unos presupuestos? ¿Y cuántas preguntas habrá soltado por ahí para enterarse cómo funciona y cómo se gestiona un país y sus dineros?

Como sugirió el viejo Coucheau, solo conseguirá ser un auténtico profesional quien plantee muchas preguntas. Claro que probablemente varios negarán profesionalidad al empleo de presidente del Gobierno.

Así nos va.