Venom

Tiene bemoles la cosa. Durante septiembre apenas encontré películas mínimamente apetecibles que ver y de las que hablar. Una semana, incluso, no fui al cine. Y ahora, de repente, se acumula el trabajo. ¿En qué piensan los distribuidores? La cuestión es que el pasado viernes, entre otras, se estrenaron: a) Cold War, exitazo de crítica, que espero ver antes de que termine el año; b) Christopher Robin, una de Winnie the Pooh que no voy a ver; c) Ha nacido una estrella, de la que espero hablar próximamente; y d) Venom, nueva entrega de Marvel.

Venom pretende abrir un nuevo camino en el universo Marvel. Según parece, procede de una nueva productora, aunque Stan Lee y los suyos no andan muy lejos. En este caso asistimos al nacimiento de un nuevo superhéroe, una simbiosis entre un poderoso extraterrestre y un humano, de nuevo un pobre periodista caído en desgracia.

Durante la primera media hora Venom no termina de arrancar. Apenas importa la caída en desgracia de Eddie Brock, el protagonista. Por lo menos, el filme consigue meter ciertas dosis de intriga, pues no se sabe muy bien a qué estamos asistiendo –por lo menos así se sentirán quienes no hayan leído antes ningún tebeo sobre el tema–.

Pero una vez comienza la trama de acción, el filme adquiere un buen ritmo, constante, adecuado, y entretiene según las fórmulas imperantes. Como dura solo 112 minutos, el asunto se sostiene mucho mejor que en el caso de sus primas hermanas, elefantiásicas en metraje y pretensiones.

Venom es más modesta en puesta en escena. Con unos efectos especiales modélicos, deja espacio a que tanto el bicho como el humano vayan cogiendo personalidad, mejorando en alcance y carisma. Aparte, como en las versiones Marvel de Netflix, el tono es más oscuro que las pelis, ya estomagantes, de Los Vengadores y derivados.

Aunque lo mejor de Venom ha sido la elección del actor protagonista: Tom Hardy, además de poseer aura de estrella, es un intérprete mayúsculo que da consistencia al personaje, que consigue atrapar al espectador al tiempo que combina perfectamente el drama, la acción y las pequeñas y gratificantes dosis de comedia. Junto a él, Michelle Williams, lo que promete solidez para las próximas entregas de la –de nuevo– inevitable saga.

Me alegro de haber ido a la muy entretenida Venom. Al principio pensaba que sería una peli más de superhéroes. Pero esta nueva apuesta de Marvel, este nuevo universo, se asoma con fuerza. Quizás el villano podría haber tenido un poco más de sentido, pero nada es perfecto en el cine taquillero del siglo XXI.

La pregunta que trasciende es por qué se dejó tanto espacio hueco en septiembre. ¿Quizás hay un pacto no escrito para que los grandes estrenos españoles –Yucatán, Todos lo saben y El reino– tengan menos competencia?